El comunismo andaluz empuja a IU hacia la confluencia con Podemos

El Partido Comunista de Andalucía (PCA), que aglutina a casi la mitad de la militancia de España, celebra el próximo fin de semana su decimosegundo congreso regional en Granada con idea de preservar los mismos principios ideológicos, y renovar drásticamente el modelo de partido.

A los nuevos dirigentes de IU no les gusta la estructura actual del partido, les parece demasiado “aparatosa, sobredimensionada y poco útil”. Es una de las cosas que quiere “arreglar” este congreso, que va a servir de avanzadilla para la asamblea regional de IU Andalucía, la primera semana de octubre. “Las estructuras orgánicas, los cargos, las funciones la afiliación…todo está duplicado, y eso no es viable. Un día me pongo la camiseta del PCA y al día siguiente la de IU, y hago el doble trabajo. Con un mínimo personal político montas dos estructuras de partido”, dice Salvador Fuentes, responsable de Finanzas del PCA…y de IU. La situación llega a ser tan delirante, que Fuentes tiene dentro de la misma sede del partido dos despachos, el de Finanzas de IU, y 20 metros pasillo abajo, el de Organización del PCA. La mayoría de responsables de la coalición de izquierdas, incluso dentro de la ejecutiva, no tiene dedicación plena (dependen de otro trabajo), y si la tienen, deben compatibilizar funciones en IU y en el PCA.

Los dirigentes de ambas formaciones se pelean con algo que han llamado “síndrome de la muñeca rusa”: El PCA está dentro de IU e IU está dentro de Unidos Podemos. “Esto no tiene sentido, ¿así cómo nos van a reconocer?”. Uno de los responsables de más peso en el PCA va más allá: “Hay que superar la marca IU y plantear un movimiento más amplio, donde entren más activistas y sensibilidades”. Este discurso inquieta a muchos dentro de la coalición de izquierdas, sobre todo a los más veteranos, porque a poco que empujes con un dedo esta tesis terminas anunciando la “muerte y disolución de IU”, que es lo que los mayores le reprochan a la ejecutiva de Antonio Maíllo. Pero el coordinador regional habla más en términos de “refundación”, y apela mucho a la “audacia política”. “Son tiempos de audacia política”, dice, como si no le temblase el pulso para hacer “lo que tiene que hacer”.

El PCA es la fuerza mayoritaria dentro de IU, tiene menos visibilidad electoral, pero es consciente de su poder orgánico. “Los comunistas ejercemos más como teóricos y activistas que como políticos al uso”, dice uno de sus dirigentes. Hacen oídos sordos a quienes les tildan de anacrónicos, organizan asambleas y mesas de trabajo interminables y se rodean de los mismos iconos de la Unión Soviética (banderas y estrellas rojas). Pero llegan a este congreso con un diagnóstico muy espeso y meditado de la realidad sociopolítica española: la indignación ciudadana, la muerte del bipartidismo, la crisis de la socialdemocracia, la irrupción de Podemos, el desgaste del PSOE, la volatilidad de IU y, detrás de todo, el riesgo de tropezar de nuevo en la fragmentación de la izquierdas. “Lo que va dirimir el XII congreso del Partido Comunista de Andalucía es el desmontaje de la estructura de IU tal y como la conocemos, y su posterior reconversión en un movimiento político y social”. ¿Y eso qué demonios significa?

Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo, en una imagen de archivo. EP

Izquierda Unida convocatoria por Andalucía nació en 1986 como un movimiento político y social, pilotado por Julio Anguita, que aglutinó muchas y muy diversas sensibilidades que salieron a la calle a protestar contra la entrada de España en la OTAN y el tratado europeo de Maastricht. “IU nació con la naturaleza que hoy tiene Unidos Podemos, como una mezcla de partidos y colectivos sociales, pero en el camino se convirtió en una formación política clásica. Nos perdimos”.

Lo que ocurrió en el camino es que IU creció, se hizo reconocible en la calle, entró en las instituciones -ayuntamientos, diputaciones, Junta, Congreso, Senado- y empezó a comportarse casi inercialmente como un partido clásico, vertical y sectorializado. Ahora sus nuevos dirigentes, ante una coyuntura política marcada irremisiblemente por el impacto de Podemos en el arco de la izquierda, dan por “agotado” el ciclo de vida de IU como partido. “IU está agotada”, dice uno de los aspirantes a liderar el PCA, “confundimos los objetivos con la estrategia. El fin no era ganar elecciones para cambiar la vida de la gente. El fin era cambiar la vida de la gente”.

Maíllo no va por libre. Las corrientes que se encontrarán en el congreso del PCA están debatiendo su futuro en estos términos. IU es ahora una marca reconocible, gobierna en 80 ayuntamientos andaluces, ha formado parte de un Ejecutivo de coalición con el PSOE que aprobó leyes sociales tan importantes como la ley antidesahucios o la ley andaluza de la Memoria Histórica.

Duplicidad de funciones

¿No temen sepultar una marca consolidada? “Las revoluciones sociales no las hacen las marcas, sino las clases sociales. La trayectoria histórica de IU es importante, pero si ahora no sirve como instrumento para mejorar la sociedad, hay que cambiar de herramienta y de estrategia”, advierte otro dirigente comunista. Y en el trasfondo de este discurso, se intuye la presencia omnímoda de Podemos, actor esencial en el futuro bloque de izquierdas que aspiran a crear. “Lo que salga de aquí se puede seguir llamando IU o se puede llamar de otra forma: Marea andaluza, Unidos Podemos, eso es lo de menos”, explica un miembro de la actual dirección del PCA.

Los comunistas ocupan poco espacio de la esfera pública, no porque sean pocos -en Andalucía son 4.000 afiliados, casi la mitad de todo el PCE- sino porque la mayoría no ejerce como tales. “¿Por qué cuando hablas de IU dices los comunistas? No todos en IU somos comunistas”, se quejaba hace poco un miembro de la coalición de izquierda a un periodista. En efecto, IU tiene unos 7.000 militantes, y 4.000 mantienen esa doble afiliación con el PCA. El 75% de los militantes son hombres, y el 25% mujeres, de modo que es una de las organizaciones políticas más masculinizadas del país.

También es de las más longevas: el 60% de la afiliación está por encima de los 50 años, el 40% restante está en la franja de los 30 a los 50 años. Las Juventudes Comunistas, que es un organismo autónomo al margen del PCA, aglutina a los militantes de entre 14 y 30 años, y son algo más de 100, según datos aportados por la dirección. El pasado 15 de junio se produjo la última baja en el partido (el 95% suelen ser por impago de cuotas), y en el momento de escribir este artículo se afiliaron dos más por internet.

La duplicidad de estructuras en IU y el PCA es un síntoma claro de que hay que renovar el modelo de partido, porque además la coalición de izquierdas no cuenta con recursos suficientes para mantener esta estructura. “IU necesita a 200 militantes para mover el partido, de los que 150 son del PCA. Ahora todo es demasiado vertical como para organizarnos con agilidad”, dice Fuentes. El presupuesto anual de IU es de 1,2 millones de euros, la mayoría le vienen de las subvenciones al grupo parlamentario (los cargos públicos destinan el 1% de su salario al partido) y por las cuotas de afiliados (5 euros al mes en IU, mas 2 euros al mes para el PCA).

El Partido Comunista cuenta con un presupuesto de 250.000 euros al año, gran parte le viene transferido por IU y otra de las cuotas de militantes. La estructura administrativa de IU cuenta con 15 trabajadores, de los que 12 son fijos; en el PCA son cinco empleados con salarios, y uno de ellos es el secretario general. Sin embargo, todo el patrimonio del que dispone IU pertenece al PCA. Los comunistas le ceden su uso a IU, a veces se las arriendan. Unas 200 sedes en propiedad repartidas por 220 municipios andaluces. A veces hay varias en la misma ciudad, porque en total cuentan con 250 agrupaciones, y muchas coinciden en el mismo municipio. También se da el caso extraño de que la agrupación de IU en un pueblo se ha disuelto, pero sigue habiendo una sede del PCA (como en Fuerte del Rey).

Los candidatos

Los candidatos

La persona que más opciones tiene de convertirse en el nuevo secretario general del PCA es Ernesto Alba, trabajador social de profesión, voluntario de Cruz Roja, exconcejal de Conil (Cádiz), y responsable de acción política de Alberto Garzón. Además tiene en su librería un libro de reciente publicación -Diálogos para la confluencia- que presentó junto al coordinador regional de IU, Antonio Maíllo, y la líder de Podemos en Andalucía, Teresa Rodríguez.

Cabe suponer que la nueva vida del PCA, en manos de Alba, pasa por conducir a los comunistas hacia un bloque político de izquierdas que trascienda a su partido y a la propia IU. Habrá que ver si también trasciende a las potentes siglas moradas de Podemos, porque una parte de la vieja guardia comunista aún recela de esa confluencia, teme que el abrazo del oso al que siempre se han resistido cuando se lo daba el PSOE, les venga ahora de un partido nuevo, escindido de IU, que según algunos amenaza con fagocitarles desde la izquierda.

Ernesto Alba tiene el apoyo de todos aquellos que están convencidos de que la confluencia entre IU y Podemos es el camino: Maíllo, Alberto Garzón y el secretario general del PCA saliente, José Manuel Mariscal. También se ha sumado a su candidatura la diputada y exconsejera del Gobierno andaluz (cuando PSOE e IU eran aliados) en la pasada legislatura, Elena Cortés, que a estado a punto de ser la primera secretaria general del Partido Comunista andaluz. Eso sí que habría sido revolucionario. Aunque finalmente Cortés dio un paso atrás para unirse al proyecto político que encabeza Alba.

Así las cosas, queda un segundo candidato en discordia, el diputado de Unidos Podemos en el Congreso por Sevilla, Miguel Ángel Bustamante, que cuenta con el favor del histórico exlíder del PCA, Felipe Alcaraz. En realidad sus propuestas políticas y organizativas no difieren demasiado, visto con ojos profanos, por eso está habiendo movimientos de última hora para que unan fuerzas y concurran con una sola lista. De lo contrario, sería la primera vez que llegan dos candidatos a un congreso del PCA.

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