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El crepúsculo de los laristas

AD.- Eres tonto de noche, tonto de día, tonto por las mañana y al mediodía: se me olvidaba, que también eres tonto de madrugada. Epigrama de Melchor de Palau. (Eminente mataronense, 1843-1910)

Viene al pelo en los días que vivimos y en los que nos quedan por vivir, esta lección a toda España de los militantes de Vox en Málaga, que no eran necesariamente viveristas, faltaría más, pero que han tenido vista para no caer una vez más en la trampa del larismo. Cuando no hay gato solvente –o no opera el de guardia comportándose como lo haría el licenciado- los ratones, generalmente ineptos, chiquitos, cortos de mollera, inútiles y temerarios en manada, tontos al fin, hacen fiesta y llegan al escándalo público con sus alharacas de placer inflamado y mal traído, por lo que se exceden de las franquías, salvares o exenciones y caminan –embocados- al sumidero o atarjea de la disolución, lemmings way. No sabemos si es el caso del parlamentario andaluz Eugenio Moltó, pero qué necesidad tenía de apoyar a Lara, de unir su destino político al de Lara, cuando es de los pocos que debe el puesto a la confianza de los afiliados, laristas y no laristas.

Nos querían llevar por delante, no lo duden, como lo intentó ese orate de Ciudadanos con cara de Charlton Heston en una de sus más celebradas caracterizaciones, el afamado tonto de remate “…a media tarde y de madrugada…,” que no dejó títere con cabeza, desde Enrique de Vivero al director de este medio, que si masón, que si gilista… con el que se podrían hacer media docena, además de mangas y capirotes de repuesto para el malhadado Heriberto, el que anda ridículamente sosteniendo lo contrario de lo que ayer sostenía, volando como una Campanilla. Le veo así, no puedo evitarlo. El José Enrique de las malas obras –o de san Antón, según la barba- ese, brilla per se, nadando en un magma de dudas, un vómito espeso y municipal, pasado de fecha y mal digerido todo, por no asimilar lo ocurrido. No progresa.

Es de libro, que se dice. Se veía venir el tsunami a la que cogía incremento, como la pandemia, cuando se las prometían felices y alborozadas celebrando un nuevo triunfo, y el pleno que les caía al boleto, sin echar un ojo al horizonte amenazador. Es más, negándolo. Hay que tener cara dura y cuajo arrabalero para mirar de costado y engolar la voz encima, como hace el Lara, en su versión rural de Tostado, cuando se le atragantó el puro al conocer la noticia de su debacle.

Se les nota la carencia, la insolvencia, la inexperiencia total absoluta y la costra macilenta y espesa de ignorancia que les cubre, aunque exhiban muslada cascabelera, o se expresen con remango en andaluz de mercadillo, como hicieron algunos coordinadores, gritando la inopia crepuscular.

Se aproximaban raudos al remolino marino del Maelström, porque nadan mal, tarde y nunca. No ven para prever, ni proveer, ¿de qué? sino que andan preveyendo, en el mejor de los casos, en el más culto de sus puntos eminentes, de opción retrosexual, la criatura. La Legión, gracias a Dios, está acostumbrada a la austeridad, de siempre y vacunada de todo esto.

¡Hay que ser crudamente idiota, más que tonto, para pensar en Lara como un triunfador! ¿Qué necesidad tenían algunos?

Hoy ya no mandan nada y los afiliados y damnificados, que son legión, no olvidan, les guste o no.