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El daño a España por el descrédito presupuestario de Sánchez

El Gobierno de Pedro Sánchez, en su afán de resistir como sea en La Moncloa, ha firmado un acuerdo de presupuestos con Podemos que es una aberración, porque pone en riesgo a la economía española con disparatadas medidas, a cual más esperpéntica. La Comisión Europea, ante ello, envió hace algunos días una carta en la que, educada, pero claramente, venía a decirle al Gobierno español que no le cuadraban los ingresos que proponía para equilibrar el saldo presupuestario; que el gasto se disparaba por encima de lo acordado; y que, en definitiva, existe un riesgo de incumplimiento de la senda de estabilidad acordada por España con Bruselas, que no es un acuerdo de un partido político, sino que es un acuerdo de Estado y que, como tal, Sánchez debe respetar, porque, si no, España no será de fiar. Pueden cambiar los gobiernos e incluso la orientación política de los mismos, pero los acuerdos alcanzados como Estado no deben variarse si queremos que se nos trate como a un país serio, que es lo que somos pese a Sánchez y su Ejecutivo.

El enroque del PSOE en ese borrador de presupuestos para no convocar elecciones está haciendo mucho daño a España. En primer lugar, porque la senda de estabilidad no la va a cumplir de antemano, pero se permite decir que va a realizar dichos presupuestos con dicha senda aprobada y que, luego, si se pasa en la cifra de déficit no pasa nada. Lo ha dicho claramente la ministra Montero, quizás acostumbrada a que cuando fue consejera de Hacienda en Andalucía jamás cumplió con el objetivo de déficit y no le sucedía nada. Sin embargo, no es serio, si se quiere tener un mínimo de rigor, presentar unas cuentas no sólo descuadradas de origen, que también, sino con el descuadre camuflado porque en ejecución una desviación “es normal”, en palabras de la ministra.

Y ese descuadre se produce después de la oleada de impuestos de todo tipo que quiere imponernos el Gobierno. Apuntan miles de millones como potencial mayor recaudación y, sin embargo, entre la economía sumergida que se generará con la subida del salario mínimo hasta niveles que expulsará del mercado de trabajo a muchas personas, y el impacto negativo global en la economía por este conjunto de medidas contraproducentes, la actividad caerá, con ello, el empleo se reducirá y con todo esto, la recaudación se desplomará, al tiempo que aumentará el gasto por el pago de mayores prestaciones por desempleo.

El Gobierno de Sánchez en menos de seis meses está haciendo mucho daño a la economía española, a su credibilidad y a su seriedad: ataca a las empresas, a las que quiere subir los impuestos, con lo que se irán a otra parte a producir y a crear puestos de trabajo; ataca a los ciudadanos, a los que sólo les falta cogerlos de los pies y agitarlos para que caiga todo el dinero que tengan en su bolsillo; y ataca a los más débiles, expulsándolos del mercado de trabajo. Y, mientras, a Bruselas intenta hacerle juegos de prestidigitación con el sueño de que la situación italiana calme a la Comisión frente a España, pero, aunque esto sucediese, el descrédito presupuestario y económico y el daño al crecimiento y al empleo estarán hechos.