El deterioro de las sedes olímpicas sigue en Brasil nueve meses después de los Juegos

El deterioro de las sedes olímpicas continúa en Brasil nueve meses después de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, sobre los cuales sobrevuelan las sospechas de corrupción.

Las miradas del mundo recayeron el pasado agosto sobre las millonarias instalaciones olímpicas construidas en Río de Janeiro, las cuales paulatinamente se han ido sumergiendo en el abandono.

El parque olímpico, donde se concentró la mayoría de competiciones deportivas y que tuvo un coste de más de 1.000 millones de dólares, está actualmente bastante descuidado.

El estadio olímpico acuático, por el que ya pasó el medallista olímpico Michael Phelps, se encuentra en un estado de desvalimiento, mientras que en las zonas externas hay agujeros con acumulación de agua.

El desamparo de las instalaciones olímpicas de Río aumenta a medida que se intensifica la crisis económica en el estado y crecen los escándalos de corrupción en Brasil, los cuales ya han implicado a todo el arco partidario, incluido el presidente Michel Temer.

Las obras deportivas se encuentran en el horizonte de la gran trama de corrupción descubierta alrededor de la petrolera estatal Petrobras y nueve meses después de haber finalizado los Juegos Olímpicos no se conoce la cuantía de los supuestos desvíos de las obras de la cita olímpica, algunas de las cuales fueron superfacturadas.

Una línea de metro se citó en una lista de obras que pueden haber recibido fondos ilícitos de los ejecutivos de Odebrecht, compañía implicada en el gigantesco escándalo de corrupción y que ha confesado ante la justicia sus actos ilegales.

El gasto total con la línea cuatro del metro, considerada la mayor obra de movilidad en Río para los Juegos Olímpicos, fue el doble del previsto inicialmente, y según el Tribunal de Cuentas del Estado (TCE), hubo desvíos de alrededor de 800 millones de dólares.

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