El ‘dream team’ del cine malo

Reconozcámoslo: nos gustan las malas películas. ¿Por qué? Quizá por el mismo interés que nos hace contemplar con fascinación los choques de trenes o los edificios demolidos: nos fascinan los desastres.

Por supuesto, películas malas hay muchas pero solo unas privilegiadas logran ser desastrosas y erigirse en obras tan increíblemente ineptas que por algún motivo misterioso, por mucho que lo intente, uno no puede apartar la mirada de ellas. Como si de repente, por arte de magia, su argumento disparatado se convirtiera en plausible, sus atroces interpretaciones adquirieran matices shakespearianos y sus efectos especiales chapuceros fueran la envidia del cine de James Cameron.

El catálogo de las llamadas “películas tan malas que son buenas” es extensísimo. En la lista que proponemos a continuación, conste, no están todas las que son. Faltan ‘Mi amigo Mac’ (1988) y ‘Manos: The hands of fate’ (1966) y ‘Yo, el Halcón’ (1987) y ‘Robot monster’ (1953)…

Pero sí son todas las que están, empezando por la que durante mucho tiempo fue considerada oficialmente la mejor mala película del mundo, ‘Plan 9 from outer space‘ (1959) –aunque lo cierto es que cualquier película de su director, Ed Wood, podría haber ostentado ese infame título–, y acabando por The room, la ópera prima y obra magna de Tommy Wiseau.

El rodaje de esta última es recreado al detalle en ‘The disaster artist’, hilarante comedia dirigida y protagonizada por James Franco. Da por hecho que saldrás de la proyección con la mandíbula dolorida de tanto reír.

Xanadú (1980)

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Se gastaron una fortuna en hacerla, a pesar de que no tener ni idea de qué pretendían. Transcurre en un garito en el que la gente patina, y sus grandiosos números musicales alternan géneros dispares como el swing, el rock’n’roll y el country. Es muy tonta, pero la gente la adora.


Plan 9 from outer space (1959)

Ed Wood creó los decorados con cartones y cortinas de baño y usó tarteras a modo de ovnis. El actor Bela Lugosi recurrió al quiropráctico de su señora para que rodara las escenas restantes. La incompetencia que derrocha la cinta en cada segundo la hace más divertida que el 90% de las comedias intencionadas.


Troll 2 (1990)

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La historia de unos monstruos vegetarianos que intentan convertir a una familia en plantas para comérsela. Sus productores la titularon así para hacerla parecer la secuela de ‘Troll’ (1986), pese a que no tenía relación. Verla nubla la razón. Seguramente por eso es inevitable enamorarse de ella.


Howard, un nuevo héroe (1986)

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Un pato extraterrestre llega a la Tierra y, mientras salva el mundo, hace migas con una cantante. En una escena, el ánade toca la guitarra e imita el famoso paso del pato de Chuck Berry. En otra, la cantante invita a Howard a su cama. ¿Hay algo más hilarante que la zoofilia? La produjo George Lucas.


Sharknado (2013)

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Su premisa lo dice todo: un tornado lleno de tiburones. Dicho de otro modo, que nadie espere de ella un mínimo respeto a la ciencia, la lógica o el sentido común. En su secuencia más memorable, el héroe combate a un escualo volador con una motosierra. Es muy mala, pero tuvo tanto éxito que ya van por ‘Sharknado 5′.


Superman 4 (1987)

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Parecía imposible caer más bajo  que ‘Superman 3’, pero llegó esta película. Sus productores, los gurús del trash Menahem Golan y Yoram Globus, se quedaron sin dinero para pagar los efectos especiales, así que 45 minutos de metraje perecieron en la sala de montaje. Normal que al verla no se entienda nada.


Wicker man (2006)

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Es un disparate desde el principio pero alcanza su apogeo cuando Nicolas Cage le da una paliza a una mujer mayor disfrazado de oso y lanza a otra contra una pared de una patada, como haría Jet Li.

Finalmente, un grupo de brujas lo meten dentro de una estatua de mimbre y lo queman vivo. Creen que así obtendrán miel.


The room  (2003) / The disaster artist (2017)

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‘The room’ es extraordinaria. Quizás el crítico que la definió como “la Ciudadano Kane de las malas películas2 exageraba, pero aun así es uno de los mejores peores filmes que existen. Y su presencia en esta lista tiene doble mérito considerando que no es cine de terror ni ciencia-ficción –los géneros más propicios a la chapuza– sino un drama intimista sobre un hombre en crisis conyugal y existencial.

Es tal la torpeza de su director y protagonista, Tommy Wiseau, que verla debería resultar insoportable. Sin embargo, 15 años después de su estreno, el largometraje sigue llenando sesiones golfas en todo el mundo.

Mientras traza el origen de tan improbable fenómeno pop, ‘The disaster artist‘ se sitúa en la fina línea que separa la burla de la celebración y, desde allí, resulta divertida hasta decir basta. La cinta la ha producido y dirigido James Franco. Eso sí, nada como el original para partirse la caja.

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