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El estado de Derecho no existe. El golpe de Estado ya ha sido dado

(Hispanidad)

AR.- El llamado Estado de Derecho fue, desde siempre, una pantomima. El sistema que se creó tras la muerte de Francisco Franco se fue gestando en los últimos años de un régimen trufado de arribistas que mordían la mano del que les daba generosamente de comer. La apuesta franquista a favor del desarrollismo económico en aras de una ficticia reconciliación de las dos Españas enfrentadas, no tuvo más fundamento que la prosperidad material en detrimento de todo contenido ideológico.

Lo fundamental entonces ya no eran los principios por los cuales España se había liberado de la dictadura soviética tras una cruenta guerra civil, sino el reparto más o menos igualitario de una riqueza que empezaba a fluir. ¿Qué revolución o resistencia antifranquista iba a sostener un proletario que, con su único sueldo, se compraba piso, coche, llevaba a sus hijos a la universidad y se iba de vacaciones a su casita de la playa?

Si embargo, a pesar de todo, el progreso material del tardo franquismo no acabó con la profunda ruptura ideológica que generó el antiguo enfrentamiento. La acrecentó sin remedio. Nada más morir Franco se establecieron las estructuras del nuevo régimen “democrático” y se creó una nueva élite económico-política, se blindaron para siempre sus privilegios y se amordazó al poder judicial en sus altas instancias: desde las audiencias provinciales hasta el Tribunal Supremo y el Constitucional, sometidos todos ellos a las influencias políticas de aquel que los nombraba.

La actualidad ha puesto simplemente de manifesto hasta qué punto estaban podridas las raíces de un sistema que tiene como único objetivo cretinizar a la masa de votantes para que produzcan, y se dejen esquilmar por la voracidad recaudatoria de un Estado que no se contenta con expropiarle los bienes materiales, sino que exige también su alma. El poder dicta también y, sobre todo, los criterios y convicciones morales que han de guiar las palabras, pensamientos y acciones de sus súbditos. Porque el poder tiende siempre a convertirse en absoluto. ¿Qué verdadero poder está sometido a controles parlamentarios, a objeciones morales y a sentencias de tribunales?

La presente evolución política ha hecho que nos acabe gobernando la purria más infamante y que la oposición se haya convertido en un sparring bien pagado y subvencionado, que se transformará con el tiempo en un boxeador sonado incapaz de cualquier iniciativa sólida.

La élite política ha sustituido en los medios de comunicación a los futbolistas, a las folclóricas y a la jet set. Parece que no existe ya nadie más que ellos. Han colapsado totalmente el espacio auditivo y visual de una sociedad aletargada a base de porros, cervezas y pornografía premium. El poder político ha degradado tanto las perspectivas vitales de la población, que se apagan con facilidad los focos de resistencia a base de anunciar desescaladas y cambios de fases con el objetivo único de permitir poner las posaderas del pueblo en la arena de la playa y en el chiringuito cervecero. La renta mínima universal hará el resto… “¡Vivan las caenas!”

El tortuoso Santiago Abascal y su Vox hace tiempo que han dejado afónicos y castrados sus programas y contenidos. Desde que Espinosa de los Monteros visitó la City de Londres y el IBEX 35 le dio la alternativa, Vox se ha convertido en el manso del rebaño que desactiva la furia del toro hispánico cuando finalmente se cabrea. La lastimosa actuación de Santiago Abascal apropiándose de las espontáneas manifestaciones antigubernamentales, manifiesta la aviesa voluntad de aquellos que viven de vampirizar el sincero patriotismo para acabar retroalimentando con sangre fresca la corrupción del sistema.

El estado de Derecho no existe. No existió nunca. El golpe de Estado ya ha sido dado. Que siga la cobarde derechona lloriqueando su virginidad perdida en las comisiones parlamentarias… “¡Alea jacta est!” ¡La suerte está echada! Y no por el gran Julio César, sino por unos gañanes opíparamente pagados por una multitud lobotomizada que, si es necesario, comerá pan con cebolla y vivirá de 400 cochinos euros con el único objetivo de llegar al próximo verano y mojar sus partes blandas en el agua de la mar. ¡Gracias, Santiago! Con personajes cómo tú, nos sobrará siempre Pablo Iglesias.