El Estado Islámico pide el voto para el mundialista Emmanuel Macron para que se acelere la islamización de Francia

Francia se ha convertido en blanco del terrorismo islámico

Francia se ha convertido en blanco del terrorismo islámico

Más de cinco millones de musulmanes están llamados mañana a las urnas para elegir al nuevo presidente de la república. El mundialista Emmanuel Macron y la identitaria Marine Le Pen se juegan el liderazgo del país en los próximos años. Pero hay mucho más en juego. Con una población musulmana cercana al 20 por ciento y en continuo crecimiento, los comicios presidenciales galos pueden despèjar el camino de Francia hacia la erradicación del cristianismo del espacio público. Macron ya ha anunciado que su elección supondría más multiculturalidad y más llegada de refugiados islámicos. Tiene entre ceja y ceja cumplir con el objetivo del NOM de cara a la transformación de Francia en la primera nación continental de mayoría poblacional musulmana. Su vinculación a la casa Rotschild y su adhesión al sionismo garantizarían la definitiva pérdida de influencia de los franceses de origen en beneficio de las comunidades extraeuropeas de obediencia islámica. No es extraño pues que la Fundación Al-Wafaa, que se autodefine como “una agencia de noticias de ISIS”, haya pedido el voto para el candidato Macron para así acelerar la islamización del país.

Si de algo ha servido han servido las elecciones galas es para comprobar que la situación es más grave de lo que muchos imaginan.

Hay zonas enteras de Francia controladas por bandas e imanes radicales que han pedido el voto para Macron y han protagonizado actos violentos contra los partidarios de Le Pen. Se calcula que más del 90 por ciento de los musulmanes con derecho al voto lo harán a favor del candidadato mundialista, quien de forma reiterada se ha negado a identificar el islam con los atentados terroristas que han sacudido Francia en los últimos años. Incluso ha sido frecuente la presencia en sus mítines de una nutrida presencia de representantes de organizaciones musulmanas, algunos de los cuales han trabajado codo con codo con su equipo de campaña. El objetivo: puverizar las posibilidades electorales de la candidata dispuesta a poner freno a la transformación étnica del país.

Una fuente del FN advirtió de que cientos de miles de musulmanes jóvenes, habitualmente ajenos a los procesos electorales, se disponen a votar mañana al candidato mundialista dado lo mucho que para ellos hay en juego. Muchos son maleantes, traficantes o ladrones. Otros están impregnados de un odio muy arraigado hacia Francia y Occidente. Los reclutadores de las organizaciones yihadistas les dicen –directamente o a través de las redes sociales– que si matan en nombre de Alá, alcanzarán el estatus de mártires. Hay cientos que están preparados. Son granadas sin espoleta que pueden explotar en cualquier parte y en cualquier momento.

El jefe de los servicios de inteligencia franceses dijo hace poco que habrá más ataques y que muchos asesinos en potencia se mueven libremente y sin ser detectados.

Hacer lo que hoy está haciendo el Gobierno francés y lo que continuaría haciendo Macron no mejorará las cosas. Al contrario. Francia está a merced de nuevos atentados que prenderán fuego al polvorín.

Recuperar el control de muchas zonas requeriría movilizar al ejército, y sin duda los izquierdistas y anarquistas contribuirían al caos con más caos.

Encarcelar a cualquiera que se pueda encarcelar alegando motivos de seguridad pública implicaría más ley marcial; significaría la suspensión de las libertades democráticas y, con todo, sería una tarea imposible. Las cárceles francesas ya están llenas. La policía es inferior en número y muestra síntomas de agotamiento. El ejército francés está al límite de su capacidad para actuar: ya patrulla las calles de Francia, y está desplegado en África y Oriente Medio.

Los sucesivos gobiernos han construido una trampa; los franceses, encerrados en ella, sólo piensan en cómo escapar.

El todavía presidente, François Hollande, y el candidato Macron soportan toda la culpa. Durante años, muchos en Francia apoyaron cualquier movimiento que denunciara el “racismo islamófobo”. Aprobaron leyes que definían la crítica al islam como “delito de odio”. Recurrieron cada vez más al voto musulmán para ganar las elecciones. El think tank de izquierdas más importante de Francia, Terra Nova, considerado próximo a Macron, publicó varios informes que explicaban que la única manera de que la izquierda ganase elecciones era atraerse el voto de los inmigrantes musulmanes y sumar más musulmanes a la población de Francia.

La derecha moderada también tiene culpa. El presidente Charles de Gaulle estableció la “política árabe” de Francia, un sistema de alianzas con algunas de las peores dictaduras del mundo árabe-musulmán, creyendo que este sistema le permitiría a Francia recuperaría su poder perdido. El presidente Jacques Chirac siguió los pasos de De Gaulle. El presidente Nicolas Sarkozy ayudó a derrocar el régimen de Gadafi en Libia y fue en gran medida responsable del subsiguiente caos.

La trampa mostró su efecto letal hace una década. En 2005, se produjeron revueltas en toda Francia que demostraron que la incomodidad de los musulmanes podía llevar a Francia al borde de la destrucción. Las llamas se extinguieron gracias a las llamadas a la calma de las organizaciones musulmanas. Desde entonces, Francia ha estado a merced de más revueltas.

Se optó por el apaciguamiento. Eso no hizo que la descomposición dejara de ganar terreno.

Musulmanes rezando en una calle de Francia

Musulmanes rezando en una calle de Francia

François Hollande tomó muchas decisiones precipitadas que pusieron a Francia en el centro de la diana. Al ver que los intereses estratégicos de Francia estaban amenazados, lanzó operaciones militares contra grupos terroristas en la África subsahariana. Al comprender que los musulmanes franceses iban a entrenarse y a librar la yihad en Siria, decidió desplegar al ejército militar en acciones contra el Estado Islámico.

No previó que los grupos islamistas y el Estado Islámico devolverían el golpe y atacarían en Francia. No percibió hasta qué punto era Francia vulnerable; cómo estaba siendo socavada desde dentro.

Los resultados iluminan totalmente un panorama escalofriante. Los islamistas ven ese panorama, y no les disgusta la visión.

En sus páginas web suele aparecer una cita de Obama bin Laden: “Cuando la gente ve un caballo fuerte y otro débil, se pone instintivamente de parte del caballo fuerte”.

Parecen pensar que Francia es un caballo débil y que el islam radical puede poner a Francia de rodillas sobre una pila de polvo y escombros. El tiempo –parecen creer– también está de su parte, al igual que la demografía. El 25 % de los adolescentes de Francia son musulmanes.

El número de musulmanes franceses que quieren que se aplique la ley de la sharia en Francia crece cada año, y también la cifra de musulmanes franceses que aprueban el yihadismo. Cada vez más ciudadanos franceses desprecian el islam, pero tienen pánico. Incluso los políticos que parecen dispuestos a luchar no se enfrentan al islam.

Los islamistas parecen creer que ningún político francés podrá superar lo que parece cada vez más una tormenta perfecta árabe. Parecen tener la impresión de que Occidente ya ha sido derrotado y que nadie tiene lo que hay que tener para prevalecer. ¿Se equivocan? Mañana lo sabremos.

.

Loading...