El Estado Islámico utiliza a Messi en su campaña de amenazas contra el Mundial de Rusia

Prácticamente derrotado en Irak y Siria, y en camino de reconvertirse en organización terrorista convencional al estilo de Al Qaeda, el Estado Islámico sigue emitiendo mensajes de propaganda allí donde sabe que pueden colar. Una de sus plataformas mediáticas, Wafa, ha divulgado una serie de carteles electrónicos que apuntan al Mundial de Fútbol 2018, que se celebrará en Rusia, con Leo Messi ilustrando uno de ellos. Los carteles han sido detectados por el observatorio especializado SITE.

Messi aparece entre rejas, como un presidiario, con una mancha de sangre que brota de su ojo izquierdo. Una leyenda en inglés, a su lado, dice: “Estáis combatiendo a un estado que no tiene la palabra fracaso en su diccionario”.

En otro, y en medio de explosiones y chispas en un estadio abarrotado, se lee, en ruso: “Vamos a por vosotros en Rusia y lucharemos en vuestro propio territorio”. Un tercer cartel sugiere el uso de explosivos en atentados, con un manojo de cartuchos de dinamita y un reloj (casi al estilo de los dibujos animados) al lado de un miliciano en uniforme de combate que mira hacia un estadio. Otros dos, siempre con un campo de fútbol de fondo, amenazan: “Somos los que elegimos el campo de batalla” y “Esperadnos”.

No es la primera vez que el Estado Islámico recurre el fútbol para su propaganda. Ya lo hizo, al inicio de su enorme campaña mediática en el 2014, coincidiendo con el Mundial de Brasil, colando mensajes en hashtags relacionados con el torneo futbolístico.

Un 10% de los 9.000 milicianos rusos y exsoviéticos del EI habrían regresado a casa, según el presidente Putin

Rusia es uno de los objetivos del EI, al menos en teoría. Por un lado, los bombardeos rusos han castigado duramente a los yihadistas en Siria. Por otro lado, Rusia y el espacio postsoviético han sido una de las mayores fuentes de combatientes para el Estado Islámico después de Túnez y Arabia Saudí. Según dijo el propio Vladímir Putin a comienzos de año, se trataría de unos 4.000 rusos y otros 5.000 procedentes de repúblicas asiáticas. Y un 10% de esos milicianos, reconoció el presidente ruso, habrían logrado regresar a casa.

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