El estafador de mujeres también enredó en Sevilla a través de internet

Sevilla, otoño del 2010. Cuando el abogado Juan Manuel Carmona conoció finalmente a su cliente, descubrió que el aspecto de Francisco Gómez Manzanaresel estafador de mujeres, no encajaba con el de ninguna de las dos fotografías que aparecían en la causa que él había estudiado para defenderlo. En una lucía una camiseta de la escudería Mercedes -en el 2007 Gómez Manzanares se hacía pasar por piloto probador de Fórmula 1– y en la otra -una imagen del archivo policial- iba vestido con chandal. Eran imágenes antagónicas. 

El hombre al que el abogado Carmona estrechó la mano en aquella sala judicial era un tipo normal. Ni tenía una presencia tan “fantástica” como prometía la fotografía de la camiseta de Mercedes que utilizaba para impresionar a sus víctimas. Ni resultaba tan acusado el deterioro que había captado la instantánea del archivo policial. “Estaba aseado” y su cara era solo de agotamiento, porque había pasado la noche dentro de un furgón policial, cruzando todo el país, desde la cárcel de Nanclares de la Oca (Álava) hasta la sala de vistas del Juzgado de lo Penal número 8 de Sevilla. 

“Fue muy correcto. Lo primero que hizo fue agradecerme que hubiera intentado que aquel juicio se hubiera celebrado por videoconferencia. Pero el juzgado lo rechazó”, explica ahora el abogado Carmona. Había “motivos” para solicitar una declaración a distancia, insiste siete años más tarde. Gómez Manzanares tenía la categoría de “preso de confianza” y participaba activamente en varios cursos de rehabilitación que se iba a perder con aquel desplazamiento.

Lo segundo que el estafador le dijo fue que no quería librar aquella batalla judicial que estaba a punto de comenzar en Sevilla. Gómez Manzanares reconocía los cargos denunciados por la mujer sevillana a la que había engañado y deseaba “llegar cuanto antes a un acuerdo”. Como en juicios anteriores celebrados contra él en Galicia o en el País Vasco, siempre por estafas que había cometido parapetado dentro de una vida de ficción inventada para seducir, también esta causa en Andalucía se cerró con un pacto. Lo curioso de este mentiroso compulsivo, que ha llegado a fingir ser piloto de avionesrescatador de Salvamento Marítimo o técnico del FC Barcelona para estafar a 25 personas a las que dejó en la ruina emocional y económica, es que cuando se sienta en el banquillo de los acusados, un lugar en el que la ley española le consiente embustear para protegerse, Gómez Manzanares siempre dice la verdad.

La estafa sevillana

En el 2007, Gómez Manzanares acababa de escaparse de Eibar, tras estafar a seis personas, incluidas su novia, su suegro y su mejor amiga. A este rincón del País Vasco, ya había llegado como prófugo de la justicia. Y, tras cuatro años embaucando a estos vecinos se corrió la voz sobre qué hacía en realidad, y tuvo que volver a huir de nuevo, esta vez a Zaragoza. En la capital aragonesa siguió estafando con ofertas inmobiliarias inexistentes a otras 5 personas, hasta que fue arrestado en el 2008 e ingresó en la prisión de Álava. Cuando ya era un reo en la cárcel de Nanclares de la Oca, la Policía Nacional en Andalucía descubrió que Gómez Manzanares era el mismo hombre que había estafado a una mujer de Sevilla en el 2007. Por eso en otoño fue trasladado desde esta prisión del norte de España hasta la otra punta del país para asistir a un juicio.

La mujer, según una sentencia en poder de EL PERIÓDICO, conoció a Gómez Manzanares por internet. Posiblemente fuera a través de una web de contactos como ‘Badoo’. En el 2007 Facebook acababa de aterrizar en España y todavía no era la red social que es actualmente. El estafador la sedujo y le hizo creer que mantenían una relación sentimental a distancia. Le explicó que trabajaba de piloto probador de Fórmula 1 y que residía en Barcelona. Todo era falso, incluso que viviera en esta ciudad. En aquella época, Gómez Manzanares vivía -y estafaba- desde Zaragoza. 

Estafa por internet

Se hicieron ‘novios’ por internet. Una relación a distancia que ahorró la cantidad de molestias que se toma habitualmente Gómez Manzanares para engañar cuando está de cuerpo presente. Como al resto de sus víctimas, a ella también le dijo que se llamaba David, y que era un hombre adinerado. Se vieron por primera vez en Madrid. Gómez Manzanares le propuso un negocio inmobiliario a su víctima. Le dijo que por un pago de 7.000 euros podría conseguirle un piso de protección oficial en Sevilla. Durante la segunda -y última vez- que se vieron, de nuevo en la capital española, la mujer le entregó el dinero en efectivo y le dejó una copia de su DNI. No volvió a verlo.

Con el paso de los días, la mujer sevillana descubrió el engaño. No tenía ningún novio. Había caído en la tela de araña de un estafador profesional insaciable. 

El abogado Carmona recibió el encargo de defender en el turno de oficio a Gómez Manzanares por este caso. Este juicio se celebró en otoño del 2010. El letrado recuerda que solo estuvo con él durante los minutos previos y los que duró la vista para dictar una sentencia de conformidad que le condenó a 8 meses de prisión y a devolver los 7.000 euros sustraídos (no consta que los devolviera). “No quiso defenderse, y podía hacerlo porque en realidad la víctima no aportó ninguna prueba de que le hubiera dado los 7.000 euros. Además, ya estaba en la cárcel, no tenía nada que perder”, subraya el letrado. 

Tras reconocer los hechos, el estafador de mujeres subió al furgón policial y regresó a una cárcel de la que saldría temporalmente en el 2015, dispuesto a hacer lo que mejor sabe hacer: mentir. Salvo cuando se sienta en el banquillo de los acusados.

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