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El genio político de Franco

Examino la política interna y exterior de Franco en relación con el desarrollo de la guerra mundial y las presiones y peligros derivados, las actividades de los exiliados y las más peligrosas en su propio régimen cuatripartito. El hilo conductor de todo ello, el principio básico de su política, fue la abstención en la guerra europea, y lo asombroso fue la habilidad muy fuera de lo común con que condujo “la nave del estado”, como suele decirse, entre aquellos remolinos y violentas corrientes, externas e internas. Consiguió esquivar las urgencias y casi conminaciones de Hitler para entrar en el conflicto, y otra obra maestra suya fue el Pacto Ibérico con Portugal para asegurar la neutralidad peninsular, siendo Portugal aliada tradicional y un tanto sumisa de Inglaterra. Y cuando pasaron las presiones hitlerianas resistió igualmente los chantajes y amenazas de los anglosajones y batió sin contemplaciones al maquis comunista.

Ante la resistencia de Franco, la renuncia final de los alemanes a invadir España para tomar Gibraltar fue considerada como el mayor error bélico de Hitler por varios de sus generales. Por entonces las dos potencias anglosajonas, inseguras de la victoria, apreciaron enormemente la abstención española y se mostraron corteses y hasta solícitas con el Caudillo. Claro que según vieron acercarse la victoria comenzaron sus campañas de calumnias, injerencias y actividades subversivas en España para liquidar el franquismo por el “delito” de haber recibido ayuda de Hitler en la guerra civil (algo bueno hizo Hitler entonces). También en este caso maniobró Franco con la mayor destreza, haciendo concesiones secundarias, frenando la subversión y salvaguardando su política esencial, sin romper con los alemanes, a quienes estaba agradecido.

El peligro siempre fue muy grande porque, dentro del propio régimen, muchas fuerzas se oponían a su política. En 1940-42 numerosos falangistas y parte no desdeñable de la población deseaban entrar en la contienda al lado de Alemania. Franco canalizó esa corriente a través de la División Azul, sin, pese a ello abandonar la neutralidad disfrazada de no beligerancia, que en el fondo era lo mismo. Cuando anglosajones y soviéticos iban venciendo claramente, un movimiento menos popular pero más peligroso por afectar a los altos cargos del ejército y numerosos intelectuales, amagó con expulsar a Franco para instalar una monarquía al gusto de, y evidentemente tutelada por, Inglaterra. Tales maniobras podían resultar muy peligrosas, y en el caso de Aranda o de Beigbeder rozaban la alta traición, si no caían en ella. Pero Franco las desarticuló, neutralizando a los cabecillas sin hacer sangre.

En tan complejísimas circunstancias, Franco se reveló como político al nivel de la sobresaliente capacidad militar demostrada en una guerra civil extraordinariamente difícil.

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