El Gobierno exhibe optimismo frente a Puigdemont pero mira de reojo al TC y a Torrent

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La vicepresidenta durante el desayuno informativo de Europa Press.
Rafael Hernando saluda a Soraya Sáenz de Santamaría junto a Rafael Catalá.

El Gobierno exhibe optimismo por la decisión adoptada el sábado en el seno del Tribunal Constitucional (TC), lo que se considera una victoria frente al independentismo. El alto tribunal aceptó decretar una serie de medidas cautelares para evitar la investidura a distancia o sin autorización judicial de Carles Puigdemont, pese a aplazar diez días la disyuntiva de si admite o no a trámite el recurso gubernamental.

La del sábado fue una batalla importante sin duda, pero queda guerra por delante: un movimiento de última hora del ‘expresident’ forzará al TC a reunirse de nuevo este martes, a la una, para confirmar si mantiene o no las medidas cautelares contra la posible investidura telemática.

Con independencia de esta nueva cita de los magistrados ‘in extremis’, ya han admitido en su último auto que en la noche del sábado se tomó un camino sin precedentes por cuestiones de urgencia y para no “malograr” la prerrogativa del Gobierno de poder frenar decisiones autonómicas hasta que haya fallo del Constitucional. Eso, pese a que ni siquiera se ha decidido si se tramita o no la impugnación gubernamental. 

Las posibilidades y el respiro

Está por ver qué ocurre en las próximas horas en esta montaña rusa política y judicial. Si el TC da marcha atrás este martes, habría una sorpresa de consecuencias incalculables para Mariano Rajoy. Si se mantiene en sus trece y finalmente hay investidura pero el candidato o candidata que logra la mayoría no es Puigdemont, el Ejecutivo podría respirar tranquilo. Incluso, si lo desea, pedir el desistimiento de su propio recurso antes de que se decida sobre él, sobre su fondo, a fin de evitar sorpresas. Pero si la opción del Parlament es aplazar el pleno y ligar su puesta en marcha a que el alto tribunal se pronuncie sobre si tramita o no la impugnación que quiere la Moncloa, pueden volver los nervios para el Ejecutivo, especialmente si no se le da la razón y caen las cautelares contra el ‘expresident’. 

El equipo de Rajoy tampoco descarta que se pueda intentar buscar una triquiñuela parlamentaria de última hora para delegar el discurso de Puigdemont, forzando más movimientos por parte de los constitucionalistas o que, directamente, se opte por desobedecer al TC, pese a los riesgos que conlleva para la Mesa, principalmente. 
Hay juristas que también advierten de que la Cámara catalana podría recurrir por la vía de urgencia al Tribunal de Derechos Humanos Europeo (TDHE), buscando el choque de legitimidades inmediato con el Estado español, o tantear otros atajos judiciales para intentar darle la vuelta a lo logrado por el Ejecutivo, al menos del momento, en el Constitucional. Será cuestión de horas ver hasta dónde llegan las intenciones de Roger Torrent en este sentido y si da o no respiro a Rajoy y Soraya Sáenz Santamaría.

El futuro del país 

Públicamente, el jefe del Gobierno y su vicepresidenta se muestran orgullosos de lo conseguido. Rajoy, en Cope, afirmó este lunes que un político que ha intentado “liquidar la soberanía y la unidad nacional” como Puigdemont no puede ser “presidente de nada”. A su entender, el reciente auto dictado por el TC -que dijo le había reconfortado- es “muy claro” y demuestra que derecho y política “responden al sentido común”. Santamaría se felicitó de que el alto tribunal le haya dejado cristalino a Puigdemont cuál es el camino que debe seguir si regresa: “Ya le ha dicho el Tribunal Constitucional que tiene que ponerse a disposición judicial, ese es el camino que tiene”. Santamaría, además, dice no sentirse cuestionada, pese a las críticas recibidas: “En absoluto. Gobernar es pensar primero en el futuro de tu país y luego en el tuyo”.