El Gobierno tunecino anuncia medidas sociales para los más necesitados en medio de las protestas

El gobierno tunecino anunció que aumentará la ayuda económica que concede a las familias más desfavorecidas, en la primera reacción tras intensificarse y tornarse violentas las protestas contra las políticas de austeridad que se suceden desde principios de año en todo el país, informó este domingo la prensa local. Los medios recogen este domingo en portada unas declaraciones del ministro tunecino de Asuntos Sociales, Mohamad Trabelsi, quien anoche aseguró que el subsidio, que afectará a unas 250.000 familias, aumentará de los 150 dinares actuales (50 euros) a una cantidad entre 180 y 210.

El anuncio de la subida del subsidios, que debe ser aprobada esta semana en la Cámara, se produjo horas después de que el presidente del país, Beji Caïd Esebsi, mantuviera una reunión con representantes de los partidos políticos, de la patronal UTICA y de la UGTT, principal sindicato nacional. El mandatario criticó a la prensa internacional, a la que acusó de exagerar el calado de las protestas y dañar la imagen de Túnez.

El Ejecutivo niega que sea por la presión de la calle

Consultada por Efe, una fuente del Gobierno aseguró que la medida estaba ya sobre la mesa del Ejecutivo y que no responde a la presión en la calle, escenario esta semana de disturbios y enfrentamientos nocturnos y de protestas pacíficas por el día. Las movilizaciones se tornaron violentas el martes, con saqueos y y vandalismo en algunos barrios, después de que se conociera la muerte de un hombre de 55 años en la localidad de Tebourna, a unos 40 kilómetros de la capital, víctima al parecer de la acción represora de la Policía.

Desde entonces, las fuerzas de Seguridad han detenido a 806 personas, no solo vándalos y extremistas, también coordinadores de las protestas pacíficas y periodistas en una campaña de intimidación denunciada por organizaciones locales internacionales de defensa de los derechos humanos.

El Gobierno se niega a modificar las cuentas de la austeridad forzadas por el FMI

La fuente gubernamental confirmó a Efe, además, las palabras el sábado del ministro de Comercio, Omar el Bahi, quien insistió en que el Ejecutivo no va a retirar unos presupuestos generales del estado “aprobados por el Parlamento” como pide la oposición progresista y la sociedad civil. Se trata de unos presupuestos restrictivos forzados por las exigencias del Fondo Monetario Internacional. El citado organismo concedió en 2016 al Estado un préstamo de unos 2.500 millones de euros, a devolver en un plazo de cuatro años y a cambio de una política de reformas fiscales, despidos, recortes y estricta austeridad. La receta no ha servido para resolver los problemas estructurales de la economía tunecina -la corrupción y el paro- y ha acentuado la inflación y el empobrecimiento de gran parte de la población, que siete años después ha vuelto a la calles para demandar justicia social

“Hemos estado sujetos al efecto de bola de nieve de los últimos siete años con el empeoramiento de la inflación, la deuda y una flagrante devaluación del dinar”, explicó durante una conferencia pública. “Seguimos comprometidos con los presupuestos de 2018. No vamos a cambiar ni una coma”, señaló para descanso de los acreedores y desmayo de los que protestan.

La oposición progresista, encabezada por el Frente Popular, y la sociedad civil, movilizada a través de la plataforma Fesh nastanneu? (“¿A qué esperamos?”), insistieron a Efe, por su parte, en que seguirán con las movilizaciones “hasta que estos injustos presupuestos sean anulados”.

Marchas en todo el país para conmemorar el séptimo aniversario del estallido de la primavera

Miles de tunecinos rememoraron este domingo el séptimo aniversario de la caída de la dictadura de Zinedin el Abedin Ben Ali con diversas manifestaciones independientes que evidencian la creciente fractura social. En la mítica avenida Habib Bourguiba, corazón de aquel movimiento que sorprendió al mundo e hizo florecer las ahora marchitas “primaveras árabes”, círculos progresistas y seguidores del islamista partido Ennahda marcharon en direcciones opuestas.

Los primeros, al grito de “Los jóvenes quieren otra revolución”, se quejaban de que la situación económica y social es la misma que existía antes de la revuelta, y exigían al Gobierno el abandono de las políticas de austeridad. “He pedido trabajo y me dicen que no hay trabajo. He pedido un simple lugar donde podamos hacer cine o teatro y me dicen que no. Hoy he salido a la calle para defender mis derechos”, explicaba a Efe Hassan Jethri. “Estos perros de Ennahda están terminando con el país. Quiero enviar un mensaje al presidente: no podrás acallar al pueblo. Fuiste allí para contentarles, pero tu sistema no funcionará. El pueblo os conoce y no se callará”, agregó.

En el otro extremo del bulevar, los seguidores de Ennahda, con más medios y mejor organizados, disfrutaban con entusiasmo del espectáculo organizado por sus dirigentes, bajo un fuerte dispositivo policial. “Somos los jóvenes de la revolución, los que pedimos la salida de Ben Ali. Esto es ya una tradición, celebrar la revolución que hicimos. A pesar de las dificultades y la situación económica, amamos nuestro país y nuestra revolución, y estamos orgullosos”, explicaba a Efe Echrak Rhouma. “En Túnez hay mucho chantaje, hay partidos políticos que sólo trabajan para arruinar el país. Ennahda, el partido con el que yo he venido a manifestarme, trabaja por el país. Conocemos la coyuntura económica, pero ellos, con la excusa del problema económico, dicen que el pueblo es pobre”, agregaba.

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Rhouma se hacía eco así de la tesis del Gobierno, que ha acusado a los partidos progresistas y a movimientos como Fesh nastanneu? de organizar, sin razón, las protestas contra los nuevos presupuestos generales que se suceden desde el inicio del año en todo el país. “Ellos votaron la nueva ley de finanzas y ahora salen a la calle para manifestarte en contra. Esto es hipocresía y chantaje. Puedes ver con quién está el pueblo”, insistió Rhouma. “No han logrado terminar con el poder, ni con sangre, ni con el ejército, ni legalmente, así que tratan de hacerlo saliendo a la calle, pero incluso en la calle nosotros somos más fuertes”, afirmó entre gritos de “Los jóvenes quieren Ennahda aquí”.

El partido islamista es uno de los menos interesados en que las protestas contra la austeridad prosigan y ganen su momento como en 2011, ya que podrían acabar con su estrategia política a medio plazo.

Ennahda, socio en la actual coalición de Gobierno, controla el Parlamento y aspira a ganar las elecciones municipales convocadas para mayo, que serán las primeras desde el triunfo hace siete años de la revuelta. Si se cumplen los pronósticos, la posible victoria electoral le colocaría en una posición de privilegio de cara a las presidenciales de 2019. Tampoco está interesado el Gobierno, que al igual que la Unión Europea y países vecinos teme que las protestas puedan ser utilizadas por los movimientos yihadistas para tratar de desestabilizar el país.

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