El hijo de una víctima del amianto: “Tanto dolor y nadie en prisión”

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“El dinero nunca viene mal, ¿pero de qué te sirve cuando miras el motivo por el que te lo dan? Nada te devolverá a la persona, ni los malos ratos que él y yo, y la familia tuvimos que pasar. El mayor valor de esta sentencia es que se entere la mayor gente posible del daño que ha hecho esta empresa [Uralita]”. La reflexión es de Maria Lluïsa Mas Bahí, viuda de una de las víctimas pasivas ambientales del amianto y de la actividad de Uralita en Cerdanyola del Vallès, que a poco que echa la vista atrás no puede celebrar la indemnización que le ha concedido la justicia junto a otras 38 víctimas representadas por el Col·lectiu Ronda.

Porque echar la vista atrás es recordar el ahogo de su marido, que se iba agravando sensiblemente en los tres meses que aguantó desde que le diagnosticaran mesotelioma, él que iba por un resfriado. “Tampoco le vino de nuevo, porque conocía otros casos del entorno e incluso había participado en la lucha vecinal para el reconocimiento de las víctimas”, recuerda Maria Lluïsa. “Era una persona muy fuerte y no demostraba lo mal que lo pasaba, pero yo veía cómo se iba deteriorando, al menos consuela que fue rápido, muy rápido”, relata. 

Poco más, apenas otros 4 meses, fueron los que tardó en apagarse definitivamente el padre de Aleix Roig, que se llevó el mazazo una tarde de Reyes que nunca olvidará. Tampoco se escapará de su memoria la serenidad con la que su progenitor encajó la crueldad de su fatal desenlace. “Él no preguntaba, era yo el que me trataba de sacar información a los médicos sobre cómo sería el proceso; entonces ya supe que era incurable y que muy pocos son los que sobreviven más de un año”, explica Aleix. 

Justicia

Recuerda cómo se le encharcaban los pulmones y las dificultades que eso acarreaba para que su padre tuviera un vida normal. Aún tiene frescas las últimas 3 semanas de su padre, cuando solo se podía recurrir a la morfina para aliviar el sufrimiento. “No es un infarto, mueren ahogados y esa es una sensación terrible. Duele cómo se va. El dinero compensa relativamente porque nada compensa tanto dolor“, recuerda.

Por todo eso, Aleix pide al menos una ley más justa: “No puede ser que una empresa que ha matado a tanta gente y que pudo haberlo evitado siga su actividad, aunque no sea amianto, con toda impunidad; no hay responsables de tanta tragedia, nadie en prisión, pero la gente sigue sufriendo”.