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El hombre sin alma – La Gaceta de la Iberosfera

Uno de los bulos más extendidos a lo largo de la historia es el de que la Iglesia no reconoció que la mujer tenía alma hasta el Concilio de Trento. Lástima que no existiera un Newtral con su Sor Ana Pastor de la época para arrojar luz sobre este asunto. No, la Iglesia ni siquiera llegó a plantearse tal cuestión. Fue en el segundo sínodo de Macon en 585 donde se supone que se discutió tal cosa, y tampoco eso es cierto. 

Parece ser que en dicho encuentro, tal y como sucede en toda reunión de comunidades de vecinos, juntas de accionistas o similar, no sé si en ruegos y preguntas, pero seguro que con todos los asistentes agotados, cierto obispo preguntó si la mujer podía ser designada también con el término ‘homo’. Según cuenta Gregorio de Tours, se le remitió al texto bíblico de la creación: “varón y hembra los creó (Dios)”; es decir, los denominó ‘homo’ a ambos -ser humano- y así se zanjó el tema. Incluso la teóloga liberal y feminista, Uta Ranke-Heinemann, reconoce que la discusión versó sobre una mera cuestión filológica.

Aclarado este asunto, es cierto que la Iglesia gana un punto a favor de la mujer —nunca le negó el alma—, pero también es verdad que muchos pudieran considerar esta decisión una puerta cerrada al lenguaje inclusivo durante quince siglos, es decir, hasta que Arzallus y Atucha empezaron a hablar de los vascos y las vascas

La nueva religión laica basada en una interpretación delirante de lo que fue el feminismo, amenaza con ser más dura y difícil de practicar que veinte siglos de cristianismo

Pues bien, desde el advenimiento de ZP al Gobierno de España, al que denominó feminista para sorpresa de muchos que andábamos distraídos, la mujer -de izquierdas y progresista, por supuesto- se ha convertido en el centro de la vida política, tan sólo eclipsada por Su Persona, El Padrecito, aquel que nos vacuna sin preguntar a quién votamos. Todo lo que se haga, cualquier cosita que se legisle, ha de ir impregnada de la dosis correspondiente de lo que ellos llaman feminismo. ¿Quiere construir usted una escalera? Póngale perspectiva de género, que la mujer que tenga que bajarlas o subirlas no se me caiga.

El papel creciente de la mujer es proporcional al decrecimiento del papel del hombre. Es difícil determinar en qué momento se decidió que los varones nacidos en este siglo deben pagar por lo que han hecho sus congéneres -o no- desde que el mundo es mundo, pero es un hecho indiscutible. Ya no es que tengan que luchar contra la discriminación positiva en casi todos los ámbitos, es que cada vez se habla peor de ellos. El hombre empieza a tener mala prensa.  Muy mala prensa. El tiarrón de toda la vida cae mal. Ya no es esa persona que te acompañaba al portal de casa para asegurarse de que no te pasaba nada. Ahora, el peligro es él. Mujeres, desconfíen. Si tiene usted uno en su casa, deshágase de él cuanto antes. Al orgánico, por favor. 

Así pues, no nos extrañemos si el siglo XXI es el siglo en el que se llega a cuestionar si los hombres tienen alma; si son capaces de amar; si es posible que nazca de ellos hacer el bien sin que medie la reeducación del Ministerio de Igualdad. El hombre martiriza a la mujer -por el hecho de ser mujer, no lo olviden- desde que ambos nacen mediante la violencia física; la violencia sexual; la violencia psicológica; la violencia digital; la violencia vicaria; la violencia obstétrica -aunque la mayoría de los ginecólogos sean mujeres-; la violencia patrimonial y económica; la violencia institucional y la violencia laboral. Este listado no es invento mío, no tengo tanta imaginación.  Lo he extraído de artículos destinados a aconsejar y a abrir los ojos de las pobres mujeres que hemos devenido en bobas. Tontas de solemnidad. 

La biología les ha gastado una broma de mal gusto, estimados hombres.  Asúmanlo. Han nacido en época de ajuste de cuentas. Alguien tenía que hacer justicia

En todo caso, podríamos ampliar y desmenuzar ad infinitum la lista de lo que el hombre -la maldad encarnada- realiza sobre la mujer, víctima siempre, nunca culpable. 

La nueva religión laica basada en una interpretación delirante de lo que fue el feminismo y en el invento de la ideología de género -también conocido como nueva oficina de empleo-, amenaza con ser más dura y difícil de practicar que veinte siglos de cristianismo. Los complejos ritos y costumbres de sus sacerdotisas son de obligado cumplimiento y no contemplan la libertad religiosa. Los no creyentes son castigados mediante la cancelación, la exclusión y la muerte civil. 

Sí, la biología les ha gastado una broma de mal gusto, estimados hombres.  Asúmanlo. Han nacido en época de ajuste de cuentas, de revanchismo. Alguien tenía que hacer justicia. Son ustedes los chivos expiatorios de las nietas de las brujas que no pudieron quemar. Y me temo que fueron muchas. 


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