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El IV Reich alemán y la teoría del espacio vital de Merkel

Éranse Blankanita y los siete enanieves, es decir, la señora Blancanieves Merkel y los siete o, más bien, veintisiete enanitos de la UE. Cuando Blankanita resurgía de las cenizas al derrumbe del Muro de Berlín, los enanitos saltaban de alegría, qué filantropía, qué amor para todos. Y Alemania resurgió, por tercera vez, de entre las cenizas.

Pero Alemania se miró al espejo y, al preguntarle quién era la más guapa del reino, el espejo, tembloroso, respondería que Francia y Gran Bretaña, lo que nada gustó a Blankanita. La recién allegada y auspiciada por los gigantes los convertiría paulatinamente en enanitos y, así, con tesón, cierto es, y duro trabajo, resurgiría de nuevo como la eterna banquera de Europa, de la Unión Europea, con el escudo del fin de la Guerra Fría. Blancanieves había encontrado a su príncipe, la UE, pero, como la viuda negra, de un mordisco lo sacrificaría.

Siempre renegando de su pasado nazi, siempre renegando de una política invasiva, sus tentáculos s irían desplazando hasta dejar a Francia como mera portadora de la lengua oficial diplomática de la Unión y a los Países Bajos como sede para cuestiones de Derechos Humanos, bastante alejados de la propuesta comunitaria de NMaastricht de un Sietema judicial común. Todo nomenclatura.

No contenta con ello, Blancanieves teutona se convierte en la madrastra y de nuevo interroga al espejo quién es la más bella de la Unión: el espejo vuelve a asentir a la belleza de Francia y a la chulería de Gran Bretaña.

Es entonces cuando la madrastra advenediza comienza a urdir, apoltronada en el centro financiero de tan flaca Europa, los planes de su “espacio vital” para el resurgir de su “IV Reich”: por un lado, la política de rescates, inyectando sus tentáculos intervencionistas en la banca de diferentes países, sin importarle los derivados costes sociales de recortes que en ellos se hubieran de practicar; de otro lado, la política de inmigración, que, bajo un pretendido “admisionismo”, dejaba huecas todas las fronteras débiles de la tradicionalmente catalogada como la Europa de segunda velocidad: España, Portugal, Grecia…, e incluso Italia. Daba igual tragar algo con tal de ser un trago mientras para los sureños supusieran cinco. Eso sí: aprobaría los paquetes de llegadas de los sirios, y los sureños del este habrían de hacerse cargo. Mientras tanto, se trataba de minimizar los efectos de la llegada migratoria, la mínima, a los países norteños miembroeuropeos; de ahí su aparente permisividad, a pesar de referirse a los sirios como “putos”. El fin principal consistía en doblegar y lapidar a diferentes países miembros competentes, como España.

No satisfecha con el espacio vital migratorio a modo de estercolero que estaba permitiendo de manera desordenada, Alemania obraría en el plano legal, contraviniendo sus propios principios: así, un país donde no son legales los partidos independentistas, un país que ha de atenerse a La observancia de las euro-órdenes, se erige en juez para dejar campar a sus anchas a prófugos políticos, que no a presos políticos, amparándose en el Sistema Judicial comunitario, cuando han de respetarse los delitos imputados por el país emisor a otro país miembro. Sus actuaciones y comparaciones, para evitar la extradición han sido de lo más nimio y soez. ¿Por qué en una nación donde tal concepto de nación está por encima del de posibles Estados? ¿Por qué en una nación reunificada a base de sudor?

Señores, porque pretende forjarse en el IV Reich a costa de minar a los países miembros que le hacen sombra: bienvenido el secesionismo de Gran Bretaña, una potencia menos en la Unión; bienvenida la inmigración insostenible en los países mediterráneos y sostenible a sus puertas, si con ello se daña a los de “abajo”; por último, bienvenidos los separatismos por parte de la madrastra, en todo país ajeno, pues lo debilita, lo doblega, le hace desangrarse en la pérdida de su soberanía….., para lograr la siempre Alemania su IV Reich a base de la Unión Europea.

Pues mucho cuidado: que Rusia se planta a Trump contra los israeíes, y China coloniza buena parte del suelo cultivable de África, también para su espacio vital. Señora Merkel, ha traicionado a los caballeros de la Mesa Redonda. Ya no hay marcha atrás.