Inicio Actualidad El Juli sale por la puerta grande en su encerrona en Manizales

El Juli sale por la puerta grande en su encerrona en Manizales

La puerta grande de la monumental de Manizales volvió a abrirse de par en par para dejar pasar a un viejo conocido, Julián López «El Juli», triunfador en la encerrona de cierre de la 65 Feria de Manizales. La corrida de la ganadería de Ernesto Gutiérrez Arango fue noble, aunque flojeó y anduvo escasa de codicia ante una plaza llena.

Tres orejas, aunque pudieron ser más de acertar con la espada, fueron premio tanto a la entrega como a la puesta en práctica de una tauromaquia que, como la suya, despeja todas las incógnitas de los toros bravos.

Con la lentitud como bandera arrancó la tarde y El Juli se plantó en la arena gris de la Monumental para dar los primeros lances, que tuvieron ese denominador común, acompañados por el arte y el buen gusto. Brindó a la gente. El toro tuvo poca fuerza y buscó el abrigo de las tablas. Poco y nada por hacer. Rajado. El julipié efectivo y palmas.

Metió la cara el segundo y se repitió en la capa del madrileño, antes de dar pelea notable en la vara. Las chicuelinas que vinieron a continuación fueron el mejor hilo de continuidad de una obra en ascenso. Muy justo de acometida fue el toro al iniciar el trasteo de muleta, pero López comenzó a administrar de la mejor manera lo que tenía por delante y la plaza se puso de su lado. El resto corrió por cuenta de la nobleza del ejemplar y los recursos del torero para conseguir que apurara los viajes. Pinchazos arriba ensuciaron la plana, antes de la entera con que lo despachó. Palmas.

De salida, el tercer toro sufrió aparatosa caída y entonces lo dejaron crudo en el caballo. Sin fuerza, el toro tuvo además problemas en su extremidad posterior derecha. El Juli trató de mimarlo pero el de Gutiérrez se derrumbó con frecuencia. Sin embargo el torero mostró su poder para embarcar y terminar los viajes francos del también noble. Pinchazo.

El defecto que de salida marcó al cuarto fue la bronquedad y sin humillar, las cosas se fueron haciendo más complicadas hasta el momento en que El Juli lo metió en la canasta con el trapo abajo y los brazos hasta el punto máximo de extensión para traer los mejores momentos en lo corrido de la tarde.

Los defectos de la res habían quedado atrás, casi que cortados de raíz. El Juli había convertido el agua en vino y el pasodoble cayó entonces de los altos de la plaza como máxima bendición a una faena levantada piedra a piedra hasta hacer un monumento. Pinchazo, entera y descabello. Oreja y vuelta al ruedo al toro.

En el quinto, el dilema era atacar o esperar y es que el toro no era claro y tardaba en definirse, aparte de tardo. Los muletazos por alto resultaron el mejor estímulo para que el hijo de la ganadería de la casa dejara salir lo que tenía dentro en series primero sobre la mano derecha y luego en los naturales. Y más aún en los cambios de mano que pusieron a la gente a sus pies. Espada entera y dos orejas para asegurar la puerta grande.

Al cierre, banderillas, luego de mucho tiempo sin verlas puestas de sus manos, esta vez a un toro en el que comenzó a aparecer un prometedor galope. Pero fue solo un rapto, porque enseguida se mostró huidizo y ajeno. El Juli se puso una y otra vez para sacar muletazos, como en toda la tarde, esta de un torero por encima de las condiciones del encierro. Otro pinchazo confirmó el bache por el que pasa a la hora de la verdad. Entera y palmas.