El laberinto del independentismo

El independentismo catalán ha entrado en trance. La astuta carambola de Mariano Rajoy con una convocatoria de elecciones autonómicas sin solución de continuidad ha provocado un auténtico ‘shock’ multiorgánico en las filas secesionistas. Tal ha sido el impacto emocional del golpe que ni el depuesto Govern ni los partidos que lo sustentaban en la intervenida Generalitat y en el disuelto Parlament han sido capaces en las 24 horas posteriores al espasmo de modelar una respuesta a la altura del hachazo que provino el viernes del palacio de la Moncloa. El descoloque ante unos comicios impuestos desde Madrid ha sumido al soberanismo en un mar de dudas en el que deberá enfrentarse contra reloj a sus propias contradicciones. En su primer mensaje tras ser cesado como ‘president’, Carles Puigdemont no ha podido este sábado hacer más que llamar a la resistencia pacífica, a la espera de reorientar la brújula que hasta ahora apuntaba hacia Ítaca.

El corazón y la cabeza hablan en estos momentos idiomas distintos en el PDECatERC y la CUP. La tentación de boicotear el 21-D como gesto de desobediencia al explosivo artículo 155 choca con las consecuencias que esta rabieta conllevaría. Pero la necesidad de concurrir para defender la causa por la que han martilleado durante los últimos cinco años y arañar el 2,2% de los votos que les separaron de la mayoría absoluta en el 2015 les obliga a pergeñar una nueva vuelta de tuerca al guion del ‘procés’, tras haber desechado o quemado a velocidad de vértigo las pantallas de la reforma constitucional, la consulta, el referéndum y la declaración unilateral de independencia (DUI).

Concurrir a regañadientes

Entre esa espada y esa pared, tanto republicanos como posconvergentes se decantan por presentarse a las urnas a regañadientes, según fuentes de ambas formaciones. Entre otros motivos, porque no hacerlo supondría dejar el campo del Parlament libre a las fuerzas contrarias a la independencia. Es decir, sería poco menos que dar por enterrado el órdago secesionista. El debate que se abrirá en los próximos días no parece tanto si acudir o no acudir al 21-D, sino si hacerlo otra vez juntos pero no revueltos, y con qué programa.

ERC no quiere oír hablar de una segunda entrega de Junts pel Sí, pero la idea podría rondar por la cabeza de su hasta ahora cónyuge, el PDECat, ante la convulsión interna que avizora ya solo para hallar al cabeza de cartel de un partido aún en construcción. Con Puigdemont y Artur Mas bastante fuera de juego, los nombres de Santi VilaNeus Munté y Marta Pascal estarán sobre la mesa, pero la apuesta por cualquiera de ellos implicaría modular el diapasón independentista.

El calendario y las encuestas juegan a favor de Oriol Junqueras, pues el plazo para formalizar coaliciones electorales finaliza en apenas 10 días, el 7 de noviembre. Poco tiempo para fraguar una nueva alianza, con órganos de dirección y coordinación incluidos, como exige la ley electoral. Los sondeos le soplan a favor, pero precisamente esa expectativa de ser el próximo inquilino del Palau de la Generalitat le empuja a salir del confortable segundo plano en el que se ha resguardado en la última legislatura y, de algún modo, liderar el nuevo horizonte secesionista.

Otras plebiscitarias

Más allá de la concreción del programa electoral, los actores del soberanismo tienen primero que ponerse de acuerdo en cómo hacerse suyos unos comicios forzados desde la Moncloa. Antes de grabar su “declaración institucional” (desde la delegación de la Generalitat en Girona) que difundió TV-3, Puigdemont ha contactado con varios miembros del destituido Consell Executiu para sondear opiniones. Ha sobrevolado la idea de convocar para el mismo 21-D unas elecciones “constituyentes”, siguiendo la resolución de la DUI aprobada el viernes, pero finalmente se ha optado por darse un tiempo de reflexión para germinar una respuesta más sólida.

En medio de un clima de secretismo, y sin dar públicamente detalles de sus planes para hacer frente al 155, Puigdemont se ha limitado a llamar a la “oposición democrática” contra una destitución que no acata, ha recetado “paciencia, perseverancia, perspectiva” y una “conducta cívica y pacífica” para “preservarse de la represión y las amenazas”.

Pero es probable que el objetivo final, cara a sus huestes, sea convertir los comicios del 21-D en un nuevo plebiscito sobre la independencia, en el que la consecución del 50% de los sufragios sea el listón a batir. El consenso con sus entidades satélite, la ANC y Òmnium Cultural, volverá a ser fundamental. También ellas han reaccionado con sorprendente contención al hachazo al autogobierno. Tras la discreta movilización del viernes, no tienen previsto convocar nuevos actos y han apelado a “guardar energías”.

Los ‘Jordis’, ¿candidatos?

Cara al 21-D, el PDECat y ERC necesitan atemperar los ánimos de este magma sin riesgo de ser acusados de traidores, y alguna hipótesis en este sentido han empezado a esbozar. Fuentes soberanistas admiten que una opción sería situar a los ‘Jordis‘, Sànchez y Cuixart, al frente de las candidaturas posconvergente y republicana. Cada uno en una. Legalmente es posible, pues están en prisión preventiva pero no han sido condenados ni inhabilitados.

Por lo pronto, los miembros del Govern no contemplan acatar su cese ni la delegación de las funciones de la presidencia de la Generalitat en la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, publicada este sábado en un ‘Boletín Oficial del Estado’ que también ha certificado la destitución del mayor de los Mossos, Josep Lluís Trapero, que sí ha asumido su destitución y ha recomendado a los agentes que no caigan en la desobediencia.

El depuesto Ejecutivo catalán ha animado a sus trabajadores a acudir el lunes a sus puestos para intentar aparentar normalidad, algo que prevén hacer también algunos ‘consellers’. Otros no lo tienen tan claro.

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