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El líder comunista Vladimir Cerrón promueve el conflicto en Perú para forzar un cambio de Constitución – La Gaceta de la Iberosfera

No se cumplían aún 48 horas de la investidura de Pedro Castillo como presidente de Perú, cuando éste y su jefe, el líder comunista Vladimir Cerrón, comenzaron a provocar un conflicto en la nación Inca. 

Y es que, al día siguiente de la toma de posesión, el jueves 29 de julio, Castillo designó como su primer ministro al congresista Guido Bellido, miembro de Perú Libre “quien ha sido cuestionado por haber homenajeado a Edith Lagos, miembro de Sendero Luminoso abatida en un enfrentamiento con la policía en 1982. Además, Bellido afronta una investigación por el presunto delito de apología del terrorismo por parte del Ministerio Público”.

El exministro del Interior del Perú, Carlos Basombrío respondió de inmediato a tal designación calificándola de gravísimo error político y una provocación:  “Todas las expectativas que había generado la posibilidad de una moderación de Castillo, a mi juicio, desaparecen y se genera un momento político diferente muy complicado… Vladimir Cerrón ha demostrado que es hoy por hoy quien define quién va a ser el premier y logra sus objetivos de radicalizar un gobierno desde el primer día”.

Poco después, el primer mandatario nombró como Canciller a Héctor Bejar, vinculado a la guerrilla en Cuba donde conoció a Ernesto ‘Che’ Guevara. “A su regreso al Perú, participó en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y fundó el Ejército de Liberación Nacional”. Así pues quedan confirmadas todas las denuncias que se realizaron durante la campaña electoral en cuanto a que, Pedro Castillo y Vladimir Cerrón son agentes del Foro de Sao Paulo y buscan hacer del Perú una nueva Cuba.

Ahora bien, para lograr sus objetivos, primero deben modificar la Constitución, lo cual no les será fácil, puesto que no cuentan con mayoría en el Congreso. De hecho, la opositora Keiko Fujimori escribió en su cuenta de Twitter: «Seremos un firme muro de contención frente a su amenaza latente de una nueva Constitución comunista y de cambios estructurales en los cimientos de nuestro desarrollo”.

Todo indica que, ante la imposibilidad de cambiar la Constitución por las buenas, Cerrón promueve un conflicto para cambiar la Carta Magna por las malas. Vladimir Cerrón recurre a la tesis de su colega comunista boliviano, el ex vicepresidente Álvaro García Linera, quien en el año 2008 publicó su tesis sobre “el empate catastrófico y punto de bifurcación”.

Según García Linera, hay momentos en la historia de los pueblos cuando “Ninguno de estos sectores (socialismo y neoliberalismo) se encuentra en condiciones de hegemonizar los ámbitos y el consenso para la toma de decisiones. Esto provoca una crisis (…) que puede concluirse de manera insurreccional, por exhibición de fuerzas o por vía democrática, a través del diálogo y la construcción plural”.

Queda claro que, siguiendo los lineamientos de García Linera, Vladimir Cerrón -a través de la instrumentalización de Castillo- busca estirar la cuerda al máximo, ya sea para que estalle la violencia o para forzar a la oposición a sentarse a una mesa de diálogo, con el fin último de aceptar un cambio de Constitución.

Las instituciones peruanas no pueden ceder a este chantaje. En tal sentido, conviene recordar que Castillo llegó al poder con una pírrica diferencia de votos y bajo sospecha de fraude; por tanto, no tiene la legitimidad para imponer un cambio de modelo. Y aún si hubiese ganado con una mayoría abrumadora, no está facultado para destruir la democracia desde dentro, como lo hizo Chávez en su oportunidad.

Al parecer, la crisis que se produjo luego de la segunda vuelta electoral no ha terminado. Por tanto, la sociedad civil debe seguir luchando para impedir que el comunismo se apodere del Perú.


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