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El llanto del niño Rivaldi tras la caída de Rossi, por Emilio Pérez de Rozas

El Gran Premio de Malasia, que se disputó, el pasado fin de semana, en el circuito de Sepang, donde se proclamó nuevo campeón del mundo de Moto3, el madrileño Jorge Martín (Honda), y el italiano Francesco ‘Peco’ Bagnaia (Kalex) de Moto2 –Marc Márquez (Honda) ya se había convertido en el heptacampeón del mundo más joven de la historia–, tuvo un tercer protagonista, no piloto, que fue el pequeño indonesio Rivaldi Elvans, de 9 años, nacido en Kupang, invitado por los organizadores (hasta subió al podio a entregar un premio) para que luciese su voz, idéntica, a la del prestigioso ‘speaker’, comentarista británico, de Motogp.com, Nigk Harris, que se jubiló, el pasado año, ante una de las ovaciones más grandes que jamás se escucharon en el ‘paddock’ y sala de prensa del Mundial de motociclismo.

Rivaldi, que iba acompañado de sus padres y amigos, tuvo interveciones muy, muy, graciosas y divertidas a lo largo del fin de semana, siendo entrevistado por todas las televisiones presentes en el campeonato y, por supuesto, cerrando todas sus intervenciones, cómo no, con la narración de la última vuelta de una carrera de MotoGP, con un inglés inventado por él para que cuadrase con la voz de Harris. Ciertamente, muy, muy, gracioso y divertido.

El problema fue que Rivaldi, como tantos otros niños del mundo, jóvenes y adultos, siente pasión por todos los pilotos, sí, pero muy especialmente ama a Valentino Rossi, que acabó por los suelos, a cuatro vueltas del final, cuando era presionado por Marc Márquez mientras mantenía el liderato que había obtenido desde que se apagara el semáforo de Sepang.

Rivaldi, que fue descubierto por mucha gente llorando amargamente ante la gorra que le había regalado el ‘Doctor’, fue consolado, entre otros, por Àdrià Geli, entrenador personal de Barcelona, que se encontraba de vacaciones en Malasia, en compañía de dos amigos.

“Fue, de verdad, desolador ver al pequeño Rivaldi llorar desesperadamente, sin consuelo, nada más caerse Valentino”, explica Geli. “Muchas veces ves a espectadores, especialmente, niños y jóvenes muy emocionados y, sí, los ves hasta llorar por las circunstancias del juego y, sobre todo, por las desgracias que sufren sus ídolos. Pero la verdad es que ver, desolado, a un niño de 9 años porque su ídolo se había caído”.