El ‘low cost’ multiplica los residuos textiles

La moda rápida, la fast fashion, tiene efectos colaterales. La producción de ropa de temporada, con una vida útil cada vez más corta, está disparando la generación de residuos textiles en España. El lado positivo es que la producción de prendas con un uso efímero está impulsado en Catalunya un floreciente mercado de recogida selectiva y venta de material de segunda mano. Este mercado está protagonizado en gran medida por entidades dedicadas a la inserción social de las personas en situación vulnerable, que han desplegado una red de contenedores para recogida del textil y calzado en espacios públicos. Los expertos consultados reclaman que los fabricantes asuman estos desechos textiles pagando un impuesto o tasa por la contaminación generada, con el fin de financiar la recogida posterior.

Cada español consume, de media, unas 34 prendas al año y desecha entre 12 y 14 kilos de ropa, según un informe de la Asociación Ibérica de Reciclaje Textil (Asirtex). Durante el período 2007 y 2015, en España el gasto familiar por hogar en ropa descendió, pero en cambio se ha mantenido el número de prendas consumidas, lo que demuestra la pujanza de la moda a bajo precio ( low cost). En Catalunya, la recogida selectiva del residuos textiles se ha incrementado un 28% en el ámbito municipal en el 2016, respecto al año anterior (hasta alcanzar las 7.853 toneladas), lo que se interpreta como un despegue del consumo y la generación de estos desechos tras los peores años de la crisis, según Josep Maria Tost, director de la Agència de Residus de Catalunya (ARC). Es la prueba de la situación creada.

Los expertos destacan que el actual modelo de producción de ropa –que se desentiende de sus impactos ambientales– está llenando los armarios de muchos hogares de vestidos, pantalones, camisas o camisetas de escasa calidad, condenados a convertirse en residuo antes de lo deseable. Diseñados para morir pronto, son otro ejemplo de la obsolescencia programada. “Estamos creando hábitos inadecuados con un hiperconsumo innecesario. La ropa barata se fabrica con una materia prima cada vez peor, que dificulta e incluso impide el reciclaje”, señala Pedro Andrés Oliver, presidente de Asirtex.

La captación crea un floreciente mercado que da empleo a personas necesitadas

¿Qué hacer con la ropa usada? “Bajo ningún concepto se puede aceptar que esta ropa sea metida en bolsas de basura y arrojada a un contenedor. Sería la peor opción. Hay que entregarla preferentemente a Càritas o a entidades de inserción social, puesto que hacen acopio de la ropa usada, la seleccionan, la entregan a gente necesitada y la reutilizan”, señala Víctor Mitjans, jefe del servicio de Programas y Estudios del Àrea Metropolitana de Barcelona. Entre las empresas privadas con autorización para gestionar estos residuos está también Humana.

¿Quién efectúa esta recogida? En Catalunya, buena parte de esta tarea la llevan a cabo las entidades y empresas de inserción social ­–a través del programa Roba Amiga–, que garantizan un alto nivel de reutilización o del reciclado de las prendas recuperadas y evitan que vayan al vertedero. “El residuo textil es de los pocos desechos domésticos que tienen un valor positivo, es decir, siempre tienen salida en el mercado”, recuerda Víctor Mitjans.

“Lo mejor que puede hacer la gente es entregar la ropa usada a entidades sociales que crean ocupación a personas sin trabajo”, señala Mercè Darnell, adjunta a la Acció Social de Càritas Diocesana de Barcelona. Càritas creó hace 25 años la Fundació Formació i Treball, destinada a dar empleo a estas personas necesitadas y recuperar estos materiales textiles para ser reaprovechados. Los empleados de esta fundación son personas que “no tienen trabajo, que no tienen manera de salir adelante”.

Más del 70% de lo recogido va a exportación: se reutiliza o se recicla

¿Y cuál es el destino de la ropa vieja recuperada en Catalunya? Isabel Gimeno, miembro de la Cooperativa Roba Amiga, da cifra muy concretas: un 10% de ropa se vende en las tiendas de las propias empresas sociales; un 45% se reutiliza a través de la exportación (a África, países del Este…) y otro 40% se recicla; es decir, se convierte en materia prima (algodón, lana…) para ser también exportada (aunque un a pequeña parte se recicla en España). Finalmente, menos del 5% va a vertedero (“se arroja en ellos lo mínimo posible”), y una mínima fracción va a donaciones (Càritas; servicios sociales…).

Así, pues, según estos datos, más del 70% de la ropa recogida selectivamente va a la exportación. Este mismo porcentaje coincide plenamente con las cifras del informe de Asirtex antes citado. En él se indica que España exportó 39,5 millones de kilos de prendas en el 2016, vendidas sobre todo a Togo (5,7 millones, India (4,1) y Emiratos Árabes (4), países que sirven para su redistribución a otros países.

Rosa García, directora de la Fundació per la Prevenció de Residus-Rezero, sostiene que el gran reto es que los fabricantes diseñen ropa, vestidos y demás prendas que sean duraderas, que tengan buena factura y una larga vida útil, para evitar que se conviertan prematuramente en residuo. Otro problema añadido es el uso de materiales de poca calidad, o con una compleja mezcla en su composición, todo lo cual dificulta el reciclado.

“Es necesario que se avance hacia una verdadera responsabilidad del productor en el sector textil”, dicen los expertos consultados. Tanto Mitjans como Rosa García dicen que los fabricantes de ropa deberían sufragar los sistemas de recuperación del material textil, como lo hacen ahora otros fabricantes (vidrio, papel y cartón o envases). “Esto es algo que ya se ha introducido en Francia en donde los fabricantes han organizado la recogida selectiva y tienen ya fijados por ley objetivos y metas para recuperar y reciclar la ropa y otros prendas textiles”, dice Mitjans.

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