‘El lugar donde rezan las putas’ y el camarote de los hermanos Marx

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Patri y Rómulo, es decir, Paula Iwasaki y Guillermo Serrano, son los personajes y actores, respectivamente, de la última propuesta escénica de José Sanchís Sinisterra, ‘El lugar donde rezan las putas’. El montaje, que también dirige personalmente el dramaturgo valenciano, puede verse en la sala Margarita Xirgu del Teatro Español de Madrid, que acoge la propuesta como producción propia.

Teatro dentro del teatro -metateatro-, una fórmula ya utilizada por el maestro de dramaturgos que, en los últimos tiempos, parece haber decidido copar buena parte de la cartelera madrileña (Carta al padre, Últimos golpes, Las tres hermanas,…). De teatro se hablaba en Ñaque o de piojos, El cerco de Leningrado, y en ¡Ay, Carmela!, un montaje en donde el autor y director se encontró con Paula Iwasaki y Guillermo Serrano, tres décadas largas después de haber estrenado su obra, y quedó prendado de las excelencias de estos dos jóvenes actores, hasta el punto de comprometerse a escribir una obra hecha a su medida. Esa obra ha visto la luz tres años después, ‘El lugar donde rezan las putas’.

Aquí dos actores preparan una obra de teatro en una casa encantada que les ha cedido Roque, el tío de Patri, que está situada en el barrio de la prostitución de una ciudad. La escenografía de Juan Sanz presenta un espacio amplio sembrado de los más extraños cachivaches regados por el suelo de la casa (maletas, vestimenta, gorras…), con un gran ventanal al fondo, retroiluminado por Juan Gómez Cornejo, y una escalera y un sótano de donde parten extraños sonidos y voces inquietantes. Los actores no llegan a ponerse de acuerdo en los personajes y en la época que quieren subir a escena, -la filósofa Hipatia y su discípulo Sinesio o la pareja de activistas antifascistas formada por Lise y Arthur London-, mientras el tiempo para la representación se les echa encima. Esa indefinición es la excusa perfecta para el autor y director a la hora de poner sobre el tapete temas que tienen que ver con la actualidad social y política, al tiempo que reflexiona también acerca del hecho teatral, no sin ese particular sentido del humor de Sanchís Sinisterra, que llega a darle la vuelta al calcetín y convertir, figuradamente, al espectador en actor, y a este en el espectador/voyeur que no busca el compromiso sino la complacencia en el teatro, al que parece haber condenado la dramaturgia moderna al público, a juicio del director del montaje.

A nuestro entender, lo mejor de la propuesta está en las interpretaciones de Guillermo Serrano y Paula Iwasaki (sublime esa balada rusa interpretada por la sevillana en plena faena amatoria), que se desdoblan en los varios personajes que propone el autor con suficiencia y recursos para seguir captando la atención del público que, unas veces impaciente y otras desorientado, sigue expectante el desarrollo de la fábula, eternamente inacabada. Y digo lo mejor porque, por inverosímiles que parezcan sus papeles, los dos les imprimen la fuerza suficiente como para hacerlos creíbles.

‘El lugar donde rezan las putas o Que lo dicho sea’

Dirección y autoría: José Sanchis-Sinisterra

Intérpretes: Paula Iwasaki y Guillermo Serrano

Escenografía: Juan Sanz

Iluminación: Juan Gómez-Cornejo (A.A.I)

Vestuario: Helena Sanchis y Tania Tajadura

Espacio sonoro y composición musical: Pablo Despeyroux

Vídeo: Daniel Ramírez

Fotos: Javier Naval

Ayudante de dirección: Eva Redondo

Una Producción del Teatro Español

Teatro Español, Madrid

Hasta el 15 de abril de 2018