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El máster-follón de Montón

No es de hoy, ni de ayer, ni exclusiva de unos u otros, la relación entre las universidades y los políticos, en una conexión indecente que facilita aprobados a políticos que se encallan en las carreras profesionales para, posteriormente, incorporar a esos profesores a sus equipos, los abducen a la política donde pierden la solvencia profesional adquirida, o no, y se convierten en “putillas y chaperines” que lloran por las esquinas para que sus antiguos alumnos les ofrezcan un nuevo vistazo que les hagan procuradores, concejales, diputados o miembros de este u otro cargo político. En el caldero en el que se cuecen las interacciones existe un condimento imprescindible: el nepotismo, el amiguismo, en una influencia osmótica que provoca una simbiosis disoluta orgánica que se forja en el periodo de larva del político y cuajará, más adelante, en otras relaciones, se adereza con la necesidad económica de las universidades que se anudan a los designios políticos con los que, nuevamente, se entablan relaciones oscuras, y está aliñado con las cañas que se ven obligados a lanzar desde las organizaciones formativas en caladeros absurdos o inconsistentes con nuevos títulos lucrativos con los que incrementar sus ingresos.

Es axiomático que, en el campo de la formación, se encuentra, de forma sistémica, la mayor cepa de crecimiento corrupto, de menor control, de la mínima posibilidad de evaluación objetiva que se encubre de diferentes modos imposibles de llevar a cabo en otras parcelas públicas y privadas. En ese fango político-universitario se mueven como pez en el agua los miembros de la canalla y los otros aprendieron a nadar, de modo que, en una política de personas que no han desarrollado actividad profesional alguna antes de intentar servir a los ciudadanos y que, por tanto, sólo se han servido de ellos, es fácil que aparezcan grados o licenciaturas conclusas de modo extraño, másters no habilitantes para actividad profesional alguna que se cursan sin acreditar la formación, o se dirigen cursos universitarios sin las titulaciones oportunas.

Tenemos a Cifuentes con un máster que no es capaz de acreditar, Casado que aprobó asignaturas en pocos meses de un máster no habilitante de forma sorprendente, a Errejón que se beneficia de becas black que no precisan el cumplimiento obligado para otros, a Sánchez, Iglesias… que alcanzan la posición de profesor contratado sin la trasparencia debida, a nuestra magnifica Gómez que dirige cursos para los que no tiene la homologación adecuada y, finalmente, resulta contratada por instituciones formativas que manejan importantes subvenciones que dependen del Gobierno. Por otro lado, comprobamos cómo nuestra clase política engorda sus curriculum con mentiras, títulos inexistentes o trabajos nunca realizados, con el fin de cumplir con la foto de seriedad de la que carecen. Quien miente en lo nimio, nos mentirá en lo importante. 

Finalmente, aparece la ministra Carmen Montón, que se zambulle en la orgía de titulaciones fantasmas sin ni siquiera haberse inscrito en el máster en tiempo y forma para después beneficiarse de las prebendas habituales para los políticos y que ahora pretende que la aplicación de la vara de medir de la izquierda se la perdone y se evite su obligada destitución y la lapidación pública que se impone a los conservadores. Pero, ¿no te joroba? Se abrió el tarro de la mierda y se conocen los valores de las titulaciones de los políticos, creando una situación en la que los únicos perjudicados somos los que hemos realizado licenciaturas, máster o formaciones fruto del esfuerzo, trabajo y cumpliendo los requisitos instructivos.