El ministro de Economía avisa a May: «No votamos Brexit para ser más pobres»

El gobernador del Banco de Inglaterra pide también una salida de la UE «responsable»

Philip Hammond, de 61 años, que fue ministro de Exteriores y Defensa con Cameron, resultó promovido hace un año por Theresa May a responsable de Economía. Pero Hammond, europeísta, un pragmático de pulsaciones lentas al que apodan «hoja de cálculo Philp», resultó la oveja negra de un gabinete dominado por el optimismo alocado de los ministros eurófobos Boris Johnson, David Davis y Liam Fox.

Los tres tenores del Brexit vaticinaban un mundo feliz tras la salida de la UE, lleno de grandes oportunidades para la «Gran Bretaña global», nuevo líder del comercio mundial. Pero Hammond, que es quien tiene el trato directo con los empresarios y atiende a sus desvelos, venía intentando aportar realismo y abogaba por buscar un acuerdo profundo con la UE, para salvar los intereses comerciales de las empresas británicas y, sobre todo, el pasaporte europeo de la primera industria del país, la City de Londres.

May, aunque en su día hizo una tibia campaña por el «Remain», se inclinó al final por prestar oídos al ala más brexitera de su Gobierno y el pasado enero presentó un plan de Brexit duro. Desde entonces Hammond quedó en una situación de debilidad. Despachaba poco con su primera ministra, abducida por sus dos jefes de gabinete (ya cesados), y sus roces con los ministros eurófobos eran constantes. Davis y Liam Fox le afeaban su «pesimismo» ante el esplendoroso horizonte del Brexit. Los politólogos británicos daban a Hammond por amortizado. Estaban seguros de que May lo relevaría de ganar una cómoda mayoría absoluta.

El varapalo electoral de la primera ministra, que ganó las elecciones pero perdió la mayoría absoluta que le había legado Cameron, ha reforzado a Hammond, a quien May llegó a prohibir hacer campaña. Esta mañana de martes el ministro de Economía ha pronunciado su primer discurso tras las elecciones y ha enviado un mensaje claro a su jefa: «Los británicos votaron Brexit, pero no votaron ser más pobres».

El ministro abogó por que en la negociación de salida se dé preferencia a la economía –los empleos y el nivel de vida-, frente al reforzamiento de la soberanía nacional y el control de la inmigración, los aspectos del Brexit que han sido la bandera de los tories que han forzado el «Leave».

Periodo de transición

Hammond reconoció que el país tendrá que dejar el mercado único y la unión aduanera, pero vino a pedir un acuerdo que le otorgue lo más parecido a ambos. También hizo un guiño a que un excesivo control de la inmigración puede dañar la economía, al recordar que «los empresarios deben poder acceder al talento que necesitan y nuestros mercados de bienes y servicios deben permanecer abiertos».

También recomendó un periodo de transición, para que se produzca un Brexit «suave», pues cree que una salida brusca podría al país «al borde de un precipicio».

El ministro pronunció su discurso en la Mansion House de Londres. Antes que él intervino el otro hombre fuerte que dirige el rumbo de la economía británica, Mark Carney, el gobernador del Banco de Inglaterra, que habló en el mismo sentido, recomendando un Brexit «innovador, cooperativo y responsable». Carney resaltó que el proceso de salida de la UE está mermando ya el poder adquisitivo de los británicos, algo obvio, toda vez que los precios están creciendo más que los sueldos al dispararse la inflación por la devaluación de la divisa.

Los laboristas celebraron el discurso de Hammond diciendo que ha copiado lo que mantenían sobre el Brexit en su programa electoral. La sensación es que el Reino Unido ha iniciado uno de los viajes más peligrosos de su historia económica dando palos de ciego, con un Gobierno dividido sobre qué estrategia hay que seguir y con una primera ministra que presentando un programa de Brexit duro acaba de ser desautorizada por los votantes en las elecciones del 8 de junio. Las negociaciones comenzaron el lunes en Bruselas y la UE, con el francés Michel Barnier al frente de su equipo, goleó a David Davis en la primera jornada, que tuvo que acatar el calendario y modelo de negociación impuesto por los 27.

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