El mundo está lleno de gilipollas: la teoría de un profesor de Stanford que explica el por qué

Gabriel Rufián, para muchos el perfrecto prototipo de gilipollas.,

Gabriel Rufián, para muchos el perfrecto prototipo de gilipollas.

(Reproducido*)- A comienzos de 2004, el profesor de la Universidad de Stanford Robert I. Sutton publicó ‘More Trouble Than They’re Worth’, uno de los artículos que más éxito han tenido en la historia de ‘Harvard Business Review’. Lo hizo impelido por un compañero que le pidió colaborar en la edición de “Ideas Rompedoras” para la edición de enero. En él analizaba algo que no le parecía particularmente rompedor: que los gilipollas (‘assholes’) se habían hecho con el control del mundo laboral y que, si una empresa quería salir adelante, lo primero que tenía que hacer era localizarlos y deshacerse de ellos.

Sutton recibió rápidamente miles de respuestas, lo que le animó a escribir ‘The No Asshole Rule’ (Piatkus), un ‘best seller’ del ‘management’ que animaba a identificar a los abusones de la empresa antes de que sus acciones empeorasen la moral y la productividad de la firma. Entre los comportamientos que caracterizaban a estos capullos caracterizados por hacer sentirse mal a los compañeros, se encuentran los insultos, las amenazas, el sarcasmo, los enfados, la humillación, la interrupción, las miradas amenazantes o el desprecio.

Una década después, el panorama que Sutton describió tan solo parece haber empeorado, y el propio psicólogo cree que hay alguna que otra razón para que los “gilipollas” proliferen cada vez más. Es, por lo tanto, buen momento para publicar una secuela de dicho volumen, ‘The Asshole Survival Guide’, (Houghton Mifflin Harcourt), que como su nombre indica es un intento de responder a la repetida pregunta de “tengo que tratar con un gilipollas (o muchos). ¿Qué tengo que hacer?”

Todos nos hemos quejado en algún momento de que las personas más engreídas, egoístas y trepas lleguen tan lejos mientras los más amables tienen problemas. Pero somos parte de su complot
Pero ¿por qué parece que cada vez hay más “gilipollas”? Es la gran pregunta que ‘The New York Magazine’ le ha hecho al autor con motivo de la promoción de su libro, y que intenta responder con una serie más o menos larga de factores. Eso sí, matizando que, por mucho que parezca que les vaya bien, esto suele ocurrir solo a corto plazo. En el largo, tarde o temprano se les pilla, y terminan pagando las consecuencias. Es una lógica semejante, pero en sentido inverso, a la que Adam Grant expone en ‘Dar y recibir: por qué ayudar a los demás conduce al éxito’ (Gestión 2000).

Son contagiosos

“Es posible que estemos viviendo en un pico de gilipollas”, reconoce el autor al medio americano. ¿Qué debemos entender como tales? “Las personas que hacen que los demás se sientan degradadas, desconectadas e insultadas”. Desde luego, recuerda Sutton, en el panorama político actual hay muchas más personas que encajan en dicha definición que hace apenas unos años. Y, el problema, es que son muy visibles: “El mal comportamiento se extiende de forma mucho más rápida que el bueno”, lamenta.

Lo hace como si de un virus se tratase. Tiene sentido: mientras que tratar de manera agradable y respetuosa a los demás se considera la norma, y por lo tanto no causa ninguna impresión en los que son objeto de dicho trato, insultar o faltar al respecto a alguien es mucho más impactante. En otras palabras, es mucho más probable que repliques dicho comportamiento después de haber recibido un ataque, como una manera de restaurar el equilibro kármico en el universo.

En compañía de gilipollas

No se trata únicamente de ser el objeto de un ataque malintencionado. Cuando uno pasa la mayor parte de su jornada con otros capullos como él, es más probable que se contagie de su visión del mundo. “Cuantos más gilipollas te rodean, más gilipollas te vuelves”, recuerda el autor. Es el mismo sistema de mente colmena que refuerza el machismo, el radicalismo o la xenofobia, en la que la ausencia de una opinión –o, en este caso, comportamiento– diferente refuerza la sensación de que lo que uno hace es lo correcto.

Envidia y desdén

Lo explicábamos hace apenas unos meses: el ‘Wealth Report’ de este año señalaba que, después de la publicación de los papeles de Panamá y otros informes sobre evasión fiscal, los súper ricos temen cada vez más por su seguridad personal. Sutton recuerda que “las investigaciones muestran que en situaciones como la actual, la envidia sube hacia arriba y el desdén hacia abajo”. En otras palabras, la mayor brecha entre ricos y no tan ricos es un contexto ideal para que los gilipollas, tanto de uno como de otro lado, se sientan legitimados.

Corazón que no ve…

Esta razón es conocida: si no hay contacto visual entre el agresor y el agredido, es más probable que el primero traspase los límites de lo razonable. Sí, exactamente como ocurre con los trolls en internet, que al no disponer de la respuesta gestual del interlocutor, son incapaces de entender el daño que le están infligiendo. No hablemos del anonimato y la irreflexión que en demasiadas ocasiones caracterizan el comportamiento de estos acosadores.

Los cabrones nunca duermen

Literalmente. Sutton llega, finalmente, al nombre que ha estado sobrevolando toda la conversación: Donald Trump y su conocido insomnio. “Es lo que le pasa”, explica el psicólogo sobre el presidente de los EEUU. “La privación de sueño es una de las formas infalibles de conseguir que alguien esté de mal humor”. ¿Un consejo para evitar tratar a los demás fatal? Descansar lo suficiente; pongamos, unas ocho horas durante tres días seguidos.

¿Dónde están?

Aparte de su trabajo como gurú del ‘management’ psicológico, Sutton es también el cofundador de Technology Ventures Program en Stanford, uno de los grandes centros de formación de trabajadores de Silicon Valley. Precisamente, un entorno que en los últimos tiempos ha sido puesto en entredicho por diversos casos de acoso. ¿En qué clase de sectores proliferan los “gilipollas”? Según la respuesta del psicólogo, aquellos en los que hay grandes diferencias de poder entre personas que están obligadas a convivir, donde el trabajo debe realizarse rápido y donde la fatiga es alta. Es el caso, por ejemplo, del mundo de la salud o de las finanzas.

*El Confidencial

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