El Museo Ruso de Málaga reúne a la familia Jawlensky un siglo después

El centro expositivo inaugura dos nuevos espacios temporales con obras de los autores rusos y una colección sobre «Carteles de la Revolución»

Ha pasado un siglo desde la última vez que Alexéi Jawlensky y su hijo Andreas Jawlensky expusieron juntos. La última vez fue en 1914, en la antesala de la I Guerra Mundial. Ahora, con la muestra «Alexéi y Andreas Jawlensky. La aventura del color» sus obras vuelven a encontrarse en una misma sala. Lo hacen en Málaga, en una explosión cromática que narra la historia personal de cada pintor, pero también su percepción de cuanto les rodea. Alexéi Jawlensky (1867-1941) es uno de los pintores más reconocidos del expresionismo ruso y figura clave para el arte del este de Europa en la primera parte del siglo XX. Andreas Jawlensky (1902-1984) se crió entre conocidos artistas y viviendo de primera mano el expresionismo más brillante para luego buscar su propio camino lejos de su progenitor.

Alexéi Jawlensky desarrolló la mayor parte de su carrera en Alemania, país al que emigró en 1896. En Múnich estudió Bellas Artes y coincidió con Vasili Kandinsky y la también artista Marianne von Werefkin. De ese período surge la estrecha amistad entre Jawlensky y Kandinsky que les hizo participar juntos en diferentes proyectos artísticos, como la exitosa presentación en París en 1909 o las exposiciones del grupo «Der Blaue Reiter» –El jinete azul– a partir de 1911. La muestra propone al visitante un recorrido en el que se aprecia como la I Guerra Mundial (1914-1918) hace que el pintor cambie el uso de los colores. La enfermedad –una fuerte gripe– está detrás de una de las series más emblemáticas: «Konstruktive Köpfe» o «Cabezas». Marcan una etapa íntima del artista, que lo distingue de otros pintores de su época por su fuerte personalidad, marcada por un uso peculiar de la paleta cromática.

Post-impresionismo

Por otro lado, Andreas Jawlensky desarrolla un post-impresionismo que resalta la obra su padre, pese que el joven Andreas nunca quiso ser como sus Alexéi y sus amigos, según explicó Yevguenia Petrova, comisaria de la exposición, quien aseguró que el nexo de unión entre ambos artistas en esta exposición es el color. Aunque la gama cromática de Adreas es más viva e intensa, el «uso personalista» de los colores le hace recordar, tanto en los paisajes como en los retratos, a su progenitor. La muestra acaba con una selección de una veintena de pinturas de artistas rusos que influyeron en la obra de Alexéi Jawlensky, como su maestro Iliá Repin, su amigo Valentín Serov o Dimitri Kardovsky.

Esta nueva exposición temporal se inauguró junto con «Carteles de la Revolución», que está compuesta por publicaciones y fotografías de la Revolución Rusa. Se puede hacer un recorrido por uno de los episodios más conocidos de la historia de Europa y desgranar cómo fue aquella convulsa época, de la que en octubre de este año se cumplen 100 años. Los carteles fueron un instrumento de propaganda que, en medio del expresionismo brillante de los autores rusos, marcaba las diferentes corrientes con un lenguaje breve y combativo, tomando como punto de partida las imágenes y estética populares, además de influencias modernistas y de las vanguardias rusas. Las corrientes ideológicas encontraron en el cartel el vehículo idóneo para llegar a cualquier segmento de la población.

En la exposición de cartelería se pueden ver dos vertientes diferenciadas. Por un lado, aquellos que son un reflejo de un futuro esperanzador y, por otro, los que incitan a la revolución proletaria. Los diferentes artistas enseñaban en sus trabajos temas como la guerra, la lucha contra la burguesía internacional, la propaganda antirreligiosa, la falta de recursos económicos o el analfabetismo del pueblo. Surgen ciudades como Petrogrado, que en la época soviética pasará a llamarse Leningrado, para ser en la actualidad San Petersburgo –sede del museo que acoge la muestra–.

Loading...