El ojo clínico

No todas las religiones renuncian a costumbres arcaicas que, pasado el tiempo, resultan extravagantes

No hay que viajar hasta Damasco para darnos de bruces con esas circunstancias en las que chocan las costumbres religiosas con los más elementales principios humanísticos y científicos. Es posible que en el hospital al que usted acude, alguna vez haya habido una bronca entre un médico empeñado en salvar la vida de un niño por medio de una transfusión de sangre, y la negativa del padre o de la madre, porque sus creencias religiosas le impiden acudir a la transfusión. Por fortuna, en nuestro país prima el derecho del niño a la vida, y la transfusión se lleva a cabo.

Esta consulta de pediatría en Damasco, me pareció extravagante, y lo digo sin frivolidad, con sinceridad, y con indiferencia ante la posibilidad de ser tachado de islamófobo, esa nueva amenaza de una sociedad obsesionada por lo políticamente correcto. Lo correcto es acusar a un hombre de machista si obliga a su mujer a ir vestida como él quiere, pero si el hombre es musulmán, entonces, si se le ha llamado machista hay que excusarse no se vaya a enfadar.

No todas las ideas son respetables, ni todas las interpretaciones sobre textos de procedencia indemostrable, llevados a cabo por chamanes, sacerdotes, gurús y hechiceros, deben ser aceptadas sin una duda. Porque, además, las interpretaciones cambian. Recuerdo en mi niñez ir a misa con mi madre, y a ella ponerse la mantilla antes de entrar al templo. Hubiese sido una ofensa, según los intérpretes de la época. Luego, resultó que no era ofensivo. Y no te digo nada, lo que cambió nuestra Iglesia tras el Concilio Vaticano II, una de esas reformas que al bueno de Antonio Mingote le llevaron a publicar en ABC un chiste en el que una señora le decía a otra: «Deséngañese, doña María: al cielo iremos las de siempre».

Y eso hablando de una religión, la católica, cuyos dirigentes han demostrado inteligencia y flexibilidad. Pero no todas las religiones renuncian a costumbres arcaicas que, pasado el tiempo, resultan extravagantes. Se suele decir que todas las creencias e ideas son respetables. Lo niego. Lo que es respetable es la libertad de que cada individuo crea o piense lo que considere conveniente, pero eso no quiere decir que todo lo que piense tenga que ser respetable para mí. Y no lo es que un médico deba dificultar su visión para llevar a cabo un diagnóstico. Si Alá ha querido que el niño esté enfermo ¿no es llevarle la contraria acudir al médico para que lo sane? Y si Alá no se mete en las enfermedades de los niños ¿estamos seguros de que está pendiente del vestuario del médico? Pero no hay que irse a Damasco, en Flandes los musulmanes prohíben a sus mujeres que acudan a la consulta del ginecólogo, si es hombre, y desde luego no las pueden asistir durante el parto. Y esto no ha hecho nada más que empezar.

FOTO: AFP PHOTO / ABDULMONAM EASSA

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