El Ojos, narco con mayúsculas en la Ciudad de México

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El Ojos es el último gran capo que ha dado la Ciudad de México. Atrincherado en el sur de la capital, respetado y temido, hizo falta que la Armada interviniera para acabar con su imperio de plomo y narcóticos. Felipe Jesús Pérez, de 48 años, controló hasta este jueves la distribución y venta de drogas en el sur de la Ciudad de México y buena parte de la zona metropolitana. Manejaba el negocio en Tláhuac, su bastión, pero también en Milpa Alta, Xochimilco e Iztapalapa. Estos distritos limitan con el Estado de México y Morelos, hogar en estos años del cartel de los Beltrán Leyva y La Familia Michoacana, organizaciones delictivas de alcance internacional.

Nadie en los últimos años había alcanzado un poder parecido. Y desde luego nadie lo había ejercido como él y los suyos. Mataban a quienes no se plegaban, amenazaban a cualquiera que les pusiera en problemas. Con el tiempo, las autoridades se dieron cuenta de su poder y trataron de atraparlo. Entre 2014 y 2016, detuvieron a algunos de sus colaboradores y catearon sus bodegas. Su respuesta, las balas. Hasta ayer, cuando los marinos acabaron con él y siete de sus hombres en el operativo de Tláhuac, se le atribuían casi una treintena de asesinatos.

Hacía casi seis años que una gran organización criminal no levantaba la voz en la Ciudad de México. En 2010 y 2011, La Mano con Ojos se hacía fuerte en la capital. Su líder, Osvaldo García Montoya, ponía contra las cuerdas a las autoridades. Apoyado en una banda de sicarios y narcomenudistas, se hizo con el control del sur de la ciudad. Como El Ojos, aplicó la ley del plomazo. Nada se movía sin que García Montoya, alias El Compayito, antiguo escolta de los Beltrán Leyva, lo ordenara.

Capturado en 2011, La Mano con Ojos no tardó en perecer. El cartel de Tláhuac aprovechó la ocasión y empezó a crecer hasta ocupar su lugar. De las decenas de pequeñas organizaciones que se dedican al tráfico en la capital, la de Tláhuac prevalecía. El Ojos y los suyos crecieron tanto en tan poco tanto que la Armada mexicana decidió intervenir. Nunca antes los marinos habían actuado contra una organización delictiva de la capital. Nunca antes una banda de delincuentes había contestado a la autoridad como lo hicieron ayer en Tláhuac.

Pese a que no se había señalado su cercanía, el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, explicaba este jueves que El Ojos no era sino un viejo aliado de El Compayito, La Mano. “Se llegó a pensar que La Mano con Ojos era un individuo, pero parece ser que estaban divididos en dos, que uno era ‘La Mano’ y el otro era ‘El Ojos’, argumentaba Mancera. “Se captura a La Mano y quién se queda con el control de toda esta zona de narcomenudeo (es ‘El Ojos’). Te hablo de Tláhuac, una parte de Xochimilco, una parte llegaron a tener homicidios en Álvaro Obregón”.

Mancera no ha explicado cómo ha llegado a esa conclusión. Las autoridades de la capital desarticularon La Mano con Ojos entre 2011 y 2012, cuando él era procurador. El viejo cartel actuaba en el distrito de Tlalpan y en Huixquilucan, Estado de México. Nada de Tláhuac. En diciembre del año pasado, el diario Reforma informaba de que El Ojos empezó a ser conocido a finales de 2011, “cuando la banda “La Mano con Ojos” intentó penetrar en Tláhuac y los pistoleros del primero los replegaron”

A la detención de El Compayito siguieron las de su segundo y otros tantos, pero nunca se mencionó a El Ojos. De hecho, el capo de Tláhuac nunca había pisado prisión.

La muerte del capo y la práctica desarticulación del cartel de Tláhuac generan muchas preguntas, algunas de ellas inquietantes: ¿cómo pudo crecer tanto una organización criminal dentro de los límites de la ciudad? ¿Acaso no lo sabía el Gobierno, no lo sabía el jefe de distrito? ¿Quiénes le darán el relevo a El Ojos y el cartel de Tláhuac?