El pabellón de “los atroces”

“Nos tratan de cine, sobre todo los internos que se desviven por nosotros”, afirma Oriol Junqueras sobre sus compañeros de módulo, “Hoy se han enterado de que andaba resfriado y ha habido como una peregrinación a nuestra celda [la que comparte con Carles Mundó]. Unos nos traían ibuprofenos, otros infusiones…”. El comentario es acogido por los cuatro visitantes en la cabina con una cara tipo “¡Mira qué majos!”. Es entonces, cuando el jefe de gabinete de Junqueras, Lluís Juncà, hace la pregunta: “¿Y qué delitos han cometido?” Junqueras, sin torcer el gesto responde: “Uy!, hay de todo. El módulo se lo conoce como el ‘pabellón de los atroces”. La sonrisa previa de los visitantes se queda como los campos aledaños a la cárcel: helada.

Hay asesinos, violadores, pederastas…hay quien violó y asesinó a su pareja y otro que lo hizo al revés” detalla Junqueras que añade que todo eso se sabe porque los propios internos lo cuentan sin remilgos. La conclusión es que en ese módulo se juntan a los presos que, en el resto de galerías, por el llamado código de honor, tendrían una difícil supervivencia.

¿Y ellos entienden qué hace un exvicepresidente de un gobierno ahí? “No, en absoluto. Alucinan bastante”, apunta Junqueras que se arranca a explicar anécdotas. “Se me acercan y me piden que les explique cosas inverosímiles. Hoy por ejemplo me han solicitado detalles sobre el aparato digestivo de las ovejas. Otras veces son cuestiones de agricultura o economía”. La fama de ‘sabelotodo’ de Junqueras también tiene puntos débiles, como descubrió hace poco el interno que se le acercó con ánimo de aprender sobre grafología. “De eso no sé”, se sincera el republicano.

Junqueras, como los otros ‘consellers’, tiene que quedarse 16 horas al día en la celda. En las ocho restantes, además de  su particular liceo, se dedica a los deportes. Hay un servicio de lavandería que, eso sí, excluye la ropa interior, que debe ser lavada por uno mismo.

En cuanto a los deportes, Junqueras se dedica al fútbol, baloncesto y ajedrez. Presume de ser rey el rey del tablero, aunque reconoce que hay un colombiano duro de roer. “Cuando nosotros llegamos nadie jugaba a baloncesto. Ahora juega todo el mundo” asevera reconociendo que su altura y la de Mundó son buenas bazas, pero hay unos nigerianos y unos dominicanos bastante imponentes.

Lo de la comida merece un capítulo aparte. Junqueras lanza un consejo: “No comer aquello que no se pueda identificar. Por ejemplo, hay un plato, se supone que de carne, que se conoce entre los internos como las ‘pastillas de freno”, se supone que por su aspecto. Ingerirlas causa el vómito inmediato, como pudo comprobar el propio Mundó. Hay quien apunta a la existencia de hamburguesas azules en esta cárcel, aunque no se sabe si la carne de pitufo que se emplea es o no de kilómetro cero.

En el otro lado de la balanza, el resto de internos que miman a los catalanes. “Nos traen espaguetis en una cazuelita e, incluso, hubo quien nos hizo llegar un vaso de chupito con all-i-oli”. ¿Nadie les ha dicho nada? “Pocos”, responde el exvicepresidente. “Hay una banda de colombianos que nos protege. Y tampoco sé por qué”.

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