El Papa arremete contra el paradigma de la «eterna juventud» que reivindica que «crecer sea malo»

El Pontífice ha hecho referencia también a un fenómeno de competición por la belleza y la juventud entre padres e hijos, que ha tildado como «una de las amenazas inconscientes más peligrosas»

El Papa ha arremetido contra el paradigma de la «eterna juventud» que reivindica que «crecer sea malo», durante la inauguración de un convenio en Roma sobre la educación familiar de los adolescentes.

«El mundo adulto ha aceptado como paradigma y modelo de éxito la ‘eterna juventud’ y cree que crecer, envejecer, madurar sea algo malo, sinónimo de vida frustrada o acabada», ha destacado durante el discurso que ha pronunciado en la basílica pontificia de San Juan de Letrán en la capital italiana.

El Pontífice ha hecho referencia también a un fenómeno de competición por la belleza y la juventud entre padres e hijos, que ha tildado como «una de las amenazas inconscientes más peligrosas». Así, ha considerado que a causa de esta «especie de competición entre padres e hijos» los adolescentes tienden a aislarse por falta de referentes adultos.

En esta línea, ha lamentado que los muchachos «hallan mucha competición y pocas personas con las que compararse», al tiempo que ha calificado esta situación como «una de las amenazas ‘inconscientes’ más peligrosas en la educación de nuestros jóvenes». Por ello, ha advertido del peligro de «excluirles de sus procesos de crecimiento porque los adultos ocupan su lugar».

«Adultos que no quieren ser adultos y quieren jugar y siempre ser adolescentes. Esta marginación puede aumentar una tendencia natural que tienen los jóvenes a aislarse o a frenar sus procesos de crecimiento ante la falta de un referente», ha alertado el Papa. A este respecto ha añadido que «la adolescencia no es una patología que deba ser combatida sino que forma parte del crecimiento normal, natural de la vida» de los jóvenes.

El Papa también ha alertado del «fenómeno creciente de una sociedad desarraigada», con «personas y familias que poco a poco van perdiendo sus vínculos, ese tejido vital tan importante para sentirnos parte los unos de los otros». «Una cultura desarraigada, una familia desarraigada, es una familia sin historia, memoria y raíces. Y cuando no hay raíces, un viento cualquiera puede arrollarnos», ha señalado.

Por otro lado, el Papa ha mostrado su preocupación ante «la tendencia a medicar precozmente a los adolescentes» llenando sus agendas, «peores que las de un alto dirigente», para mantenerles ocupados. Frente a esto, el Papa ha propuesto un modelo educativo basado en «una alfabetización sociointegrada» que integre el intelecto, los afectos y la acción.

Por ello, ha dicho que para que los jóvenes estén formados y preparados no es sólo necesario que aprendan «idiomas» sino también «que se conecten y conozcan sus raíces». Finalmente, ha instado a las familias a dar espacio a los jóvenes para que sean «protagonistas» orientándoles y «dándoles instrumentos para experimentar ese crecimiento».

Antes de la apertura de este convenio, el Pontífice se ha reunido con varias familias de refugiados acogidos en parroquias de Roma en el marco de la Jornada Mundial del Refugiado que se celebra este martes 20 de junio.

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