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El partido de Puigdemont, la ‘casa gran’ del independentismo ultra

Barcelona, 18 de octubre de 2020 (06:55 CET)

Junts per Catalunya se ha convertido en uno de los actores más importantes de la política catalana. El partido-movimiento del expresidente Carles Puigdemont ganó contrapronóstico las elecciones de 2017 y vuelve a amenazar a ERC en las previstas para febrero de 2021. Este espacio se ha consolidado como el nicho del independentismo más radical, entroncado sin quererlo con tradiciones del nacional-populismo europeo y americano. 

«Puigdemont tiene muchos elementos en común con Donald Trump», afirma el profesor de la facultad de Economía y Comunicación de la UVIC, Josep Burgaya. Este histórico analista político explica a Economía Digital que el populismo de JxCat forma parte de un «fenómeno que es general» en Europa y que toma varias formas: «Gente resentida, cansada de la crisis, contra el sistema y la política tradicional»

Trump, Salvini, Orbán, Berlusconi… ¿Y Puigdemont?

Para el experto, Puigdemont se asemeja al mandatario norteamericano al «no ceñirse a ninguna norma ni cultura política preestablecidas y que hace que los seguidores lo acaben idolatrando«: «Se puede comparar también con lo que hace Viktor Orbán o incluso con Silvio Berlusconi. Una parte de la sociedad compra ese personalismo». 

«JxCat forma parte de esos fenómenos sociales, políticos y económicos que vienen de antes de la crisis, que cuestionan la democracia liberal y el estado de derecho, y que en algunos sitios como en Francia toman una línea de extrema derecha y en otros sitios se materializa con el Brexit. Representa a sectores a los que les cuesta aceptar las dialécticas de las sociedades democráticas«, apostilla el docente de la UVIC.

El expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, en un acto de campaña electoral / Julio Díaz (JxCat)

¿Cómo se explica entonces que los votantes sitúen a JxCat en el 4,03 (0 extrema izquierda y 10 extrema derecha), según el último barómetro del CEO? Para el catedrático de la facultad de Ciencias Políticas de la UAB, Joan Botella, forma parte de la «esquizofrenia» que vive un partido cuyo discurso no es xenófobo o machista, pero su concepción «nacionalista e iliberal» de la política lo empujan hacia el lado opuesto donde pretende ubicarse.

Un populismo de clases medias con «poca capacidad para la frustración»

El decano defiende que el nacional-populismo del expresidente «se encuentra en su forma de actuar, no en las ideas verbalmente expresadas»: «¿Como se elaboran las candidaturas? Es el dedo de Puigdemont. La importancia de los actos públicos conscientemente elaborados para ser retransmitidos. Ha ido generando un clima anti-institucional, anti-liberal, contra el pluralismo, contra la discusión». 

Burgaya se suma a las críticas: «JxCat supone una radicalización y una simplificación del discurso. Este tipo de público quiere un mensaje simple, como si todo fuera una mera cuestión de voluntad donde predomina la componente emocional y donde la razón tiene poco que decir. ¿Plantearme si en Europa es posible romper a los estados constituidos? No, lo quiero y lo quiero ahora»

El docente de la UVIC, que defiende que no todo el independentismo representa lo mismo que JxCat, cree Puigdemont conecta muy bien con unas clases medias otrora muy poco politizadas y que se han radicalizado por miedo a la situación económica y social: «Gente con poca formación política y poca capacidad para aceptar la frustración». 

«Entronca muy bien con la extrema derecha global»

La opinión también la comparte el co-fundador de la consultoría 7-50 Strategy, Josep Mª Arpal: «Su insistencia en instituciones paralelas [el opaco Consell de la República] y la exacerbación de los elementos de democracia directa populares entronca muy bien con el discurso de la nueva extrema derecha global. El único elemento diferenciador es que él se ha posicionado (y ha posicionado a su espacio político) a la izquierda, incluso más que ERC».

¿Podría la estrategia de Junts per Catalunya hacer que floreciera un espacio ultra? Arpal cree que sí: «Fluctuar en un espacio narrativo-simbólico de extrema derecha pero a su vez presentar una oferta política de izquierdas solo puede provocar una demanda no satisfecha que podría favorecer la aparición de un partido de extrema derecha independentista antisistema y antieuropeo». 

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El expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, en una manifestación independentista de Bruselas en 2017 / Julio Díaz (JxCat)

La contradicción sobre la ideología de JxCat también se asume desde cuadros de la formación posconvergente. «Es una paradoja porque JxCat ficha a mucha gente de izquierdas por la transversalidad y para competir con ERC pero una parte de sus bases son muy identitarias. El hiperliderazgo de Puigdemont, la represión y la independencia lo tapan», explica un antiguo cargo orgánico del Pdecat, ahora en las filas de Waterloo. 

«Esto es bueno porque estas personas votan a un partido que hace políticas democráticas homolagables a cualquier gobierno europeo», defienden las citadas fuentes. «Ahora bien, si JxCat fracasa una parte de su base podría pasar a votar a Silvia Orriols [concejal ultraderechista de Ripoll primero del Front Nacional de Catalunya y ahora fundadora de Aliança Catalana], y eso sería terrible». 

Puigdemont, la «sublimación» de Pujol

Pese a la voluntad de negar cualquier vínculo con la tradición política de la extinta Convergència Democratica de Catalunya (CDC), Burgaya señala el evidente lazo con la forma de hacer política de Jordi Pujol: «El puigdemontismo es la fase superior del pujolismo, es su sublimación desde el punto de vista de instaurar una hegemonía cultural y personalista». 

«El salto notable es que CDC y el pujolismo eran de orden, de clase, un partido burgués que nadie ponía en duda. A partir de esta mutación para surfear la ola indepe y hacerse perdonar por los recortes, pasa a ser un partido de desorden que siembra rebeldía: si las empresas se van pues que se vayan». 

El expresidente catalán, Carles Puigdemont, en un acto de campaña de la extinta Convergència Democràtica / Julio Díaz (CDC)

El expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, en un acto de campaña de la extinta CDC / Julio Díaz (JxCat)

«Hacen la misma política pero no quieren decirlo: una política radical y heroica. Siguen siendo los mismos, vinculados a sectores conservadores y de derechas. En Cataluña tenemos más escuela concertada que en el resto de España, más sanidad privada que en el resto. Esto no ha cambiado, es el legado de CDC que JxCat ha mantenido», ha concluido Botella. 

Puigdemont es la evolución de ese movimiento político que creó Jordi Pujol, aunque fuertemente influido por el nacional-populismo que impregna Europa. En síntesis, JxCat supondría una ‘vía catalana’ de trumpismo o salvinismo vestida de tintes progresistas que no duda en darse la mano, si es preciso, con la ultraderechista Nueva Alianza Flamenca, un partido belga que comparte grupo europeo con Vox.