Inicio Actualidad El plan eugenésico para reducir a la población mundial ya ha comenzado...

El plan eugenésico para reducir a la población mundial ya ha comenzado y se llama Agenda 21

Monse Gil-Delgado Fernández..- En 1968, el entonces secretario de Estado de los Estados Unidos de América, Henry Kissinger, comenzó a trabajar en un informe encargado por el presidente Nixon. El motivo: el país estaba atravesando momentos inciertos tras la derrota en Vietnam. La crisis del petróleo de 1973 que se desencadena tras la decisión de la OPEP de no vender a los países que habían apoyado a Israel en la guerra del Yom Kipur contra Siria y Egipto, provocó una subida del precio del petróleo de un 400%. Las industrias norteamericanas se abastecían de materias primas obtenidas en diversos países por lo que se convirtió en prioridad absoluta analizar a fondo la situación económica y demográfica mundial, con especial hincapié en aquellos lugares de interés para la estabilidad económica del gigante americano.

Entre las conclusiones del Estudio, que se denominó NSSM 200 (National Security Study Memorandum 200) Kissinger aseguraba que el crecimiento descontrolado de la población en los países menos desarrollados ponía en peligro el acceso a los recursos estratégicos que las industrias americanas necesitaban. Por tanto, el control de la natalidad se convertía en un asunto vital para su economía. La idea de que un exceso de población era incompatible con el bienestar global se impone y desencadena todo un proceso de ingeniería social consistente en articular políticas de control a nivel mundial, con el apoyo de todas las organizaciones de poder y de las grandes corporaciones económicas globales.
Las instituciones internacionales se pliegan al servicio de esta estrategia: desde la ONU a la Unesco, pasando por otros organismos como el Banco Mundial y sobre todo, la Organización Mundial de la Salud, están dispuestos a cambiar la concepción tradicional del mundo. La familia, que tiene un papel nuclear como institución social, es el objetivo a batir. Y de aquí derivan las políticas anti-natalidad que llevan imponiendo años: cambiar el rol de la mujer en la sociedad para que el interés por la maternidad sea cada vez menor, la ideología de género para enfrentar a hombres y mujeres que nos convierte en rivales en lugar de compañeros, el concepto del género (que no del sexo) como construcción social que cada uno puede decidir libremente aún en total contradicción con lo que la naturaleza nos dicta, y sobre todo, el aborto, camuflado bajo el eufemismo de la “salud reproductiva”. Todo un despliegue de técnicas de control que los países van adoptando poco a poco, y que la sociedad va aceptando como si de avances en los derechos y libertades individuales se tratara.
Y se van cumpliendo objetivos: desde que se legaliza por primera vez el aborto han dejado de nacer 1500 millones de personas. El índice de natalidad en los países desarrollados cae a tasas nunca antes conocidas y la mentalidad colectiva asume las teorías maltusianas con las que nos bombardean a diario desde los medios: somos demasiados. El planeta no se sostiene, a este ritmo agotaremos los recursos naturales y las consecuencias serán devastadoras para la Humanidad. Pero aún queda otro camino por explorar. Si bien las técnicas de control han hecho su efecto en la natalidad, la esperanza de vida es muy alta y el número de personas mayores, improductivas según esta concepción maquiavélica, es poco sostenible y muy costoso de mantener para la sociedad egoísta y cegada por el hedonismo en la que vivimos.
La idea del planeta ecosostenible es un filón. La excusa del cambio climático permite el desarrollo de todo un abanico de políticas que esconden oscuros intereses, que nada
tienen que ver en realidad con la preocupación por cuidar nuestro entorno. En 1992, la ONU celebra en Río de Janeiro una conferencia sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo. La finalidad : poner en marcha un plan de acción para “conseguir entre todos un desarrollo más sostenible en el siglo XXI”. El plan se llamó Agenda 21 y fue ratificado por 173 países. Así, con el respeto al medio ambiente como nuevo dogma de fe, cada país lleva años implementado políticas que ocultan algo mucho más siniestro de lo que a priori nos quisieron hacer creer. Alcanzado ya el siglo XXI, la ONU sigue empeñada en convencernos de que somos dañinos para nuestro planeta y ya no lo ocultan. Sin ningún pudor utilizan a los mayores para inculcarnos su idea sobre el control de población. Siempre echando mano del chantaje emocional, cubierto con un aire de buenísimo y solidaridad, las consignas son abiertamente partidarias de la disminución de población: “La Tierra ya no puede soportar el número desorbitado de seres humanos que la habitan: algo debe hacerse”, nos dicen los abuelos con rostro bondadoso que nos trasmiten que ya han vivido una buena vida y que se tienen que asegurar de que sus hijos vivan las suyas. ¿Qué nos quiere decir la todopoderosa ONU a través de este video? ¿Es una invitación a los mayores para quitarse de en medio? Si aún no hemos perdido toda capacidad de analizar y de distinguir el bien del mal, no es tan difícil llegar a una conclusión. Nos han dado pistas suficientes para que aquellos que conserven algo de criterio puedan descifrar el mensaje claramente eugenésico que hay detrás de este disfraz ecosostenible con perspectiva de género que no deja a nadie atrás. Seguimos alerta.