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El profeta impostor

Padre Custodio Ballester Bielsa.- Engalana hoy nuestras páginas el trabajo que fue presentado por el P. Custodio Ballester en el Instituto de Teología Fundamental de la Facultad de Teología de Cataluña y que fue calificado con “sobresaliente” por el Dr. Jaume Flaquer, jesuita, reputado especialista en estudios islámicos.

EL PROFETA IMPOSTOR

Soy adorador de Cristo, hijo de Dios y de María, y para mí vuestro profeta es un impostor… ¡Oh príncipes, despreciad los placeres de una vida impía; creed en Cristo, ¡verdadero rey del cielo y de la tierra! Así respondía San Eulogio de Córdoba al tribunal musulmán que le condenaría a muerte.

La Reconquista, las Cruzadas, el testimonio de miles de mártires… o incluso los primeros fervores de Teresa de Avila, la intrepidez de Francisco de Asís… no se pueden entender sin remontarnos al año 611, a la cueva de Hira en el monte Nur, sito en Arabia. Allí, un pastor de ovejas analfabeto, que acababa de conseguir un matrimonio ventajoso con una viuda rica de más de 40 años, dice haber visto al arcángel Gabriel sentado entre el cielo y la tierra sobre un almohadón de seda y brocado. Le muestra una tela sobre la que está escrita la “revelación”. Se la lee y le ordena que repita sus palabras: “¡Recita!” (iqra, de donde proviene la palabra “Corán”). Como Mahoma es y será siempre analfabeto, el que redacta el texto es un esclavo liberto, Zaid ben Thâbit. Según Mahoma, el propio Gabriel revisó el texto mientras duró la “revelación” (del 612 al 632).

La recitación tenía que ser exacta, y el menor error era reprendido por Alá severamente. No es que Dios se valga de hombres inspirados –como en la Biblia-, sino que el texto es dictado tal cual por el espíritu que habla por Alá. Hasta la última coma de las 114 suras del Corán es sagrada.

En Cristo se nos ha dado la alianza nueva y definitiva, … y no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de su manifestación gloriosa (Constitución Dei Verbum, 4 Vaticano II). Entonces… ¿De dónde provenía la “revelación” que tuvo Mahoma? Esta es la gran pregunta sobre el Islam. Si ya Dios había dicho su última y definitiva Palabra –su Hijo Jesucristo-, las palabras que escuchó el “Profeta” ¿de dónde provenían?

Varios hadices atestiguan que Mahoma escuchó las divinas verdades en sus viajes de juventud por Siria, de labios de monjes y anacoretas. Incluso en La Meca parece que pudo hablar con cristianos.

El sobrino de su primera esposa, Khadidja, había traducido el evangelio al árabe, de modo que tuvo a su alcance la verdadera Revelación. Pero en esos años siguió el culto idolátrico al Dios Hoba, morador de la Kaaba, e incluso a sus tres hijas divinas que le acompañaban: al-Ozza, al- Lat y Manat.

El propio Mahoma, al recibir las primeras “revelaciones” del Corán, estaba atormentado por la posibilidad de ser un juguete en manos de Satanás. Es fundamental en este sentido el episodio de los “versículos satánicos”. La tradición árabe atestigua claramente que cuando Mahoma recitaba la sura 53, versículo 19, pronunció estas palabras: “estas grullas (gharanik) supremas, cuya intercesión es de esperar” … Se refería a las tres diosas antes mencionadas. Con esta frase Mahoma buscaba la complicidad de los coraichitas, que temían las pérdidas económicas por la supresión de cultos en la Kaaba, pero caía en una contradicción insalvable con su fe monoteísta. Cuando dejó de interesarle el apoyo político-militar de los coraichitas, dijo que ese versículo había sido una tentación diabólica. El gran problema es que provocó una enorme duda que aún perdura: ¿y los demás versículos?

La familia de Mahoma se apartó de él, de forma que tuvo que huir a Abisinia primero (615), y a at-Taif después. Finalmente se dirigió al oasis de Yathrib, a Medina, donde vivían varios clanes de estirpe y religión judías. Nuevamente, la “revelación” se adapta a los intereses de Mahoma: en ese momento el Corán prescribe la tolerancia con judíos y cristianos. La dirección de las oraciones de los musulmanes es hacia Jerusalén, no hacia La Meca. Además, son en sabbat –no en viernes- y se respeta el ayuno judío del Tishri. Incluso se impone una legislación que equipara a todos los efectos las religiones monoteístas.

Pero viendo que no conseguía con eso atraerse adeptos, en 624 deroga todas estas medidas: a partir de ahora la oración se dirige a La Meca, judíos y cristianos se consideran dhimmi –sujetos tributarios sin derechos civiles-, y empieza a decir que la Biblia –escrita hacía siglos- había sido alterada.

Lo más importante entonces es que el Islam se tiñe de sangre. Mahoma viéndose ya rodeado de algunos adeptos, ordena practicar asesinatos y bandidaje. Las razzias se inician en an-Nakhla. Unos musulmanes asesinan una caravana de coraichitas a pesar de encontrarse en el mes sagrado de radjab, delito que justifica el propio Corán. Tras la batalla de Badr, un judío convertido al Islam mató a su esposa “infiel” mientras amamantaba a su hijo:

Has matado a Asma –le gritó el Profeta.

Sí, ¿pesa algo sobre mí por ese motivo?

Dos cabras no se atacarán con los cuernos por eso.

No había judío que no temiese por su piel, rezan varios hadices… Los judíos qoraiza, por ejemplo, se rindieron sin condiciones tras un mes de sitio en su barrio de Medina. Mahoma entonces decidió que Alá quería que se aniquilase a todos los hombres y se vendiese a todas las mujeres como esclavas. El Corán aprueba su decisión: No está bien que un profeta tenga cautivos mientras no someta a toda la tierra.

Los nombres de las batallas (Badr, Ohod, Khandak, Al-Hudaibiya…) y carnicerías (exterminio de tribus enteras: banu qainuqa, nadhir, qoraiza, la ciudad judía de Khaidar, los ghatafan, fazar, murra, tayy…) sonarán a epopeya heroica a los musulmanes, que desde niños han oído narrar estos episodios como modelo de expansión del Islam… El Profeta se apropiaba siempre de una quinta parte del botín y, en varias ocasiones, de las prisioneras que le agradaban.

La Yihad, guerra santa, la violencia como método de expansión, es inseparable del Islam. Los versículos siguientes se comentan por sí solos y son la mejor prueba de la ignorancia al respecto que reina en Occidente. Mientras algunos piensan en “dialogar”, hoy los niños musulmanes de las escuelas coránicas repiten cada día el famoso hadiz: El paraíso está bajo el relámpago de los sables.

Cuando tengáis un encuentro contra los infieles, golpeadlos en el cuello hasta matarlos; apretad la cuerda… Matad a los asociadores dondequiera que los encontréis; cogedlos… preparad contra ellos todo tipo de trampa. Los creyentes combaten por Alá: matan o les matan. No sois vosotros quienes les matáis, es Alá quien les mata.

Además del Corán, Mahoma recibió otra revelación directamente al corazón (nahyi ilmam), que le hace infalible. Por eso, sus razzias, sus matanzas, su bandidaje y sus contradicciones serían moralmente vinculantes y normativas. En los primeros años, Mahoma simuló participar en los cultos pre-islámicos… después dirá que Alá veía su verdadera intención. Esta actitud de Mahoma no sólo no es pecaminosa, sino que es modelo de virtud para cualquier musulmán: tal vez por eso los moriscos simulasen convertirse al cristianismo en España.

Mahoma explotó la codicia de sus seguidores: la razzia de al-Aslami se llevó a cabo sólo para conseguir la dote para una boda. Con el pretexto de la desaparición de unas camellas, se abalanzaron sobre un grupo de tiendas por la noche y pasaron a cuchillo a todos los hombres, vendiendo a mujeres y a niños. El profeta también les prometía curiosos botines ultraterrenos: el paraíso musulmán es una continua fiesta en la que los bienaventurados estarán acostados en lechos, vestidos de seda verde y brocado, con guirnaldas de flores y brazaletes de plata. Beberán abundante jengibre y vino… Y les daremos por esposas unas hur al- ´ain (huríes), mujeres de brillantes ojos verdes, semejantes a perlas escondidas, vírgenes amorosas siempre jóvenes, según el Corán.

Cuando el imán de Fuengirola publicó en un libro cómo pegar a las mujeres, sólo estaba comentando un versículo del Corán que dice: A las mujeres que se desvían, aisladlas en su lecho y pegadles. Los hadices matizan que hay que pegarles, pero menos que a un camello… Además, el Corán restringe el número de mujeres legítimas a cuatro (sin contar las concubinas). Parece que Alá se preocupó de que Mahoma tuviera especiales privilegios: Profeta, hemos hecho lícitas para ti las esposas que has hecho viudas, las que posees por botín, las hijas de tus tíos y las creyentes que con las que el Profeta quiera casarse.

Primero se casó con una mujer veinte años mayor que él, Khadidja, por dinero. Al morir ésta, se casa con una niña de seis años, Aixa, por ser hija del poderoso Abu Bakr. Esta dirá más tarde que la revelación acudía a él cuando ambos estábamos sobre la misma sábana.

Zafia era una judía apresada en una razzia. Tuvo que casarse con Mahoma, el cual no sólo había asesinado a su padre y a su hermano, sino que durante los desposorios negoció otra boda, esta vez con Habiba, que se incorporó al harén pocos días después.

El matrimonio con Zainab fue aún más truculento. Era esposa de su hijo adoptivo Zaid ben Thabit, pero tuvo la mala suerte de ser vista con poca ropa por el profeta. Este no vaciló en obligar a Zaid a repudiarla, aboliendo la prohibición árabe del matrimonio con la esposa del hijo… Y, además, según él, por inspiración divina: Como Zaid ya ha satisfecho con ella su deseo, te la damos por esposa.

Historias parecidas protagonizó Mahoma con sus otras mujeres (Salama, Hansa, Maimuna, Sauda, Ruhaina, Raibana) y con sus concubinas. Es lógico que se diera algún conflicto en su harén. Las llamadas “madres de los creyentes” formaban dos grupos que se peleaban, a menudo por celos. Un hadiz atribuido a Zainab explica que en una reyerta con Aixa… la insulté tanto que se me secó la saliva. ¡Y cómo gozaba el Profeta!

Todo ello me lleva a recordar las palabras del Concilio Vaticano II que en la Constitución sobre la Iglesia Lumen Gentium afirma: El designio de salvación abarca también a aquellos que reconocen al Creador, entre los cuales están en primer lugar los musulmanes, que adoran con nosotros a un solo Dios misericordioso, que ha de juzgar a los hombres en el último día.

Más allá de conocer y ver cómo era Mahoma, la primera reacción del cristiano a todo lo expuesto sería inmediata: ¡Qué inmenso don se nos ha regalado al tener tan diferente fundador! Un divino, pacífico y humano Maestro al que pueden acercarse los cansados y agobiados para encontrar consuelo. Que perdona a la mujer adúltera, enseña a amar a los enemigos y a vencer el mal con el bien. Cristo Jesús se despojó de todo y acampó entre nosotros en pobreza y amor extremo hasta que, como Cordero sin defecto, no se resistió a ser inmolado para nuestra salvación…

Nuestra segunda reacción también es inmediata: ¿Qué no deberíamos hacer para que Cristo sea amado y adorado por los más de mil millones de musulmanes hechos a imagen y semejanza suya?

Lo primero será conocer a Mahoma. ¿Qué hay elementos positivos? ¿La adoración al único Dios, la limosna, la hospitalidad? Cierto. Pero qué duda cabe que los acontecimientos históricos que vivimos exigen un conocimiento profundo de los elementos negativos que, muy a menudo, se ocultan.