El Real Madrid no se cansa de ganar

El tren en el que lleva subido el Real Madrid desde el aterrizaje forzoso de Zinedine Zidane en el banquillo parece imparable. El conjunto blanco no se cansa de ganar, de acumular títulos. Quiere marcar una época y el palmarés no es su único argumento, porque su fútbol ha abandonado definitivamente las trincheras para sentarse en el salón. El Manchester United puede dar fe de ello después de ser superado sin contemplaciones en la Supercopa de Europa, un nuevo trofeo que se tiñó de blanco por cuarta vez.

El Madrid de Zidane parece tener muy claro a qué quiere jugar y cada vez lo hace mejor. Vive de la pelota como nunca antes lo había hecho. Y lo hace tan bien gracias a un centro del campo que envidiarían muchos de sus rivales, por no decir todos. Isco, Modric y Kroos garantizan el control del balón y la generación de juego. Un guión completamente opuesto al de Mourinho, cuyos fichajes millonarios no sirven sino para incentivar el anti fútbol en un equipo histórico como el United.

El fútbol del Madrid ya no habita en las trincheras sino en el salón

Un cuarto de hora tardó el Madrid en aterrizar en Macedonia, tiempo suficiente para aflorar las carencias en la creación de su rival, dueño del balón en esos minutos pero incapaz de inquietar a Keylor Navas. Intentó Mourinho sorprender a Zidane con un esquema novedoso, con tres centrales y con Valencia muy adelantado, pero no tardó demasiado en recular en vista de los acontecimientos.

Un córner que remató Casemiro al travesaño inició el cambio de escena. Menos de diez minutos después, el brasileño ya había adelantado a los suyos. Eso sí, rematando después de recibir el balón en fuera de juego. Son hasta chocantes las ayudas arbitrales que lleva recibiendo el Madrid en los últimos meses cuando ha demostrado con creces que no hay equipo en Europa que practique un mejor fútbol. No necesita la colaboración de terceros, pero goles como el de Casemiro empañan un poco todos sus éxitos.

El centrocampista brasileño merece un capítulo aparte, convertido en el alma del conjunto blanco. Todoterreno como el que más, ya es tan activo en ataque como en defensa y sus últimos goles en finales le convierten en una pieza indiscutible. Curioso su caso, ya que sus primeras titularidades le costaron no pocas críticas a Rafa Benítez y quién sabe si el puesto.

Casemiro se ha convertido en uno de los grandes pilares del Madrid de Zidane

El dominio del Madrid era apabullante ante un United que no tenía respuesta, ni física ni futbolística. Isco crecía y jugaba con los red devils como un niño con un Lego. Brutal la jerarquía que ha adquirido el de Arroyo de la Miel, que pone en serios aprietos a Zidane. Con Cristiano comenzando en el banquillo recién incorporado a los entrenamientos, la entrada natural del luso en el once en las próximas semanas la deberá resolver el técnico blanco con mucho tacto.

El descanso y la entrada de Rashford por un inexistente Lingard no varió el escenario de la final. Kroos probó a De Gea, que se ganó el sueldo en la noche macedonia, y poco después una pared de Bale con Isco acababa en el segundo gol del Madrid. El paseo de los blancos era tan plácido como el vuelo de una mariposa por el campo.

La mirada de De Gea al balón de la final La mirada de De Gea al balón de la final (Dimitar Dilkoff / AFP)

Con todo perdido, Mourinho acentuó aún más su idea futbolística y puso en liza a Fellaini para colgar todos los balones posibles y más al área en busca de algún rebote afortunado. Una acción que curiosamente no tardó en llegar y aprovechó Lukaku para recortar con la colaboración de Keylor Navas. La efectividad de los métodos del técnico portugués es indiscutible, como también lo es su nula capacidad para hacer sonreír al balón.

Un gazpacho de nervios, cansancio y calor impidió al Madrid acabar su obra como merecía y liberó todos sus fantasmas ante un United que crecía con su equipo de gigantes forzudos. Rashford tuvo el empate, pero falló estrepitosamente ante un atento Keylor Navas. Al final, con la última gota de oxígeno, el Madrid logró alcanzar la orilla y colocar una piedra más en un muro que no para de crecer. La palabra sextete, propiedad en exclusiva del Barça, es ya una obsesión en Madrid. De sueños también se vive.

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