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El Real Madrid sale vivo de Kaunas y se mantiene invicto en Euroliga

El Real Madrid sigue con un paso firme en la Euroliga. Los blancos se mantienen invictos en la competición gracias a un enorme partido de Anthony Randolph y de Gustavo Ayón. Aunque en los momentos calientes fue Rudy Fernández –con cuatro triples en los últimos tres minutos– quien decantó un choque que se pudo complicar porque llegaron a ir perdiendo por 14.

El partido comenzó muy torcido para los pupilos de Pablo Laso. El Zalgiris, aupado por su ruidoso público, se comió a los blancos con tiros de media distancia, un arma sorprendente en el baloncesto actual. Jankunas personificó esta escena con 10 puntos sin fallo en un primer periodo en el que los visitantes encajaron la sonrojante cifra de 32 puntos.

Algo tenía que cambiar y Laso, buscando y buscando en su segunda unidad, encontró en la defensa y en los tiros abiertos la fórmula para ir recortando poco a poco en el marcador. El acelerón final para neutralizar la renta lo protagonizó un Anthony Randolph soberbio con siete puntos antes del intermedio.

El Madrid, sin embargo, volvió a pecar de exceso de relajación en el tercer cuarto. La defensa siguió sin carburar ante un Zalgiris sobreexcitado. Los lituanos tenían piernas y ambición para volver a abrir brecha ante un Madrid que jugaba con el freno de mano sabiendo que el mes de noviembre que le espera va a ser cuanto menos angustioso.

Gustavo Ayón –con un doble-doble– y Deck volvieron a reenganchar al Madrid en los primeros minutos del cuarto final volviendo a empatar el marcador a cinco del final estableciendo el empate a 73. Partido nuevo, con los blancos mucho más resabiados que al inicio, y Rudy Fernández lanzó una serie de dagas de tres puntos que sentenciaron a los locales.

El Madrid se mantiene invicto con una solvencia insultante en Euroliga. El equipo de Pablo Laso ha ganado todo lo que ha jugado y sin dar el máximo de sus posibilidades a tenor de lo visto en Kaunas. A los blancos les bastó con estar 15 minutos a su máximo nivel para despachar a un equipo que el año pasado fue la gran revelación de la competición.