El ‘Rusiagate’ vuelve a estallarle a Trump con la imputación de Michael Flynn

La investigación del ‘Rusiagate’ vuelve a golpear a Donald Trump, y con más fuerza que nunca hasta ahora. Este viernes Michael Flynn, el militar retirado que fue primer asesor de Seguridad Nacional del presidente de Estados Unidos, se ha declarado culpable de una imputación por mentir al FBI sobre dos conversaciones que mantuvo durante la transición con el entonces embajador ruso en Washington, Sergei Kislyak.

La imputación de Flynn en la investigación que está dirigiendo Robert Mueller y, sobre todo, la declaración de culpabilidad son un mazazo para Trump.  Flynn asume su culpa como parte de un pacto con Mueller y su equipo, con el que ya colabora plenamente. Y ya les ha explicado, según se ha revelado este viernes en el tribunal, que fue alguien en la dirección del equipo de transición quien “dirigió los contactos con los rusos“.

El destacado papel que tuvo Flynn en la campaña y en la Administración en su arranque hacen además difícil, si no imposible, que Trump y su equipo intenten pintarlo como un personaje irrelevante, algo que han hecho con las tres anteriores imputados por Mueller (Paul Manafort, Rick Gates y George Papadopolous).

Eso, no obstante, no impide que la Casa Blanca ya lo haya intentado. En un comunicado enviado por Ty Cobb, el abogado de Trump, se recuerda que Flynn sirvió solo 25 días y que también desempeñó un cargo en la Administración de Obama. Asimismo, se subraya que sus mentiras fueron las que le costaron el cargo. “Nada en la declaración de culpabilidad o el cargo implica a nadie que no sea Flynn”, ha dicho Cobb.

Los cargos 

Los cargos contra Flynn derivan de dos conversaciones que mantuvo el 22 y el 29 de diciembre con Kislyak, durante la transición. Pero un dato importante es que fue el 24 de enero, cuatro días después de que Trump tomara posesión y arrancara su gobierno, cuando el entonces asesor de Seguridad Nacional hizo “voluntaria y conscientemente” en una entrevista con el FBI las “declaraciones y manifestaciones materialmente falsas, ficticias y fraudulentas”.

En concreto, Flynn negó al FBI haber hablado con Kislyak el día 29 de las sanciones que ese día había impuesto Barack Obama por la injerencia del Kremlin en las elecciones, que la inteligencia estadounidense considera probada. Ese día se anunció la expulsión de 35 diplomáticos rusos y Flynn, aunque se lo negara a los agentes, habló con Rusia pidiendo que no tomara represalias y confiara en una normalización de las relaciones tras la toma de posesión.

Fueron precisamente las mentiras de Flynn sobre el contenido de sus conversaciones, pero no al FBI sino al vicepresidente, Mike Pence, las que Trump usó como argumento para aceptar su dimisión en febrero cuando solo llevaba tres semanas en el cargo.

El despido de Comey

Flynn es también un personaje clave para entender la posibilidad de que Trump haya intentado obstruir la justicia. James Comey, el director del FBI al que cesó fulminantemente cuando estaba al frente de la investigación del ‘Rusiagate’, reveló en el Congreso que el presidente le había presionado personalmente para que “dejara pasar” las pesquisas sobre Flynn.

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