El Santo Grial del frontón

La cinta ha girado por las capitales vascas, en Madrid, y ahora quiere hacerlo por los pueblos, aquellos cuya plaza es un frontón. Su columna vertebral. De esa idea parte Pelota II, continuación del documental realizado en los años 80 por Jørgen Leth. Nacido a más de 2.000 kilómetros de Euskadi, descubrió este deporte en los años 60, cuando aterrizó aquí para visitar a un amigo, crítico de jazz, afincado en La Rioja. De su mano descubrió los frontones, que le fascinaron como fenómeno deportivo pero también cultural. Es el germen de Pelota, un documental que nos muestra al veteranísimo Atano III a la vez que a un chaval llamado Julián Retegi peloteando en el frontón de su Erasun natal. Tres décadas después, el danés se acompaña de Olatz González Abrisketa (Bilbao, 1973) en Pelota II. La profesora de Antropología social de la UPV ahonda en su película en la elección de material y la vida de las pelotas.

Pregunta: Una película sobre cómo diferenciar dos pelotas por el sonido al botar. Habrá quien se sorprenda.

Respuesta: Yo había investigado antes sobre la pelota y me parecía que lo más específico del juego era la elección de material. Es algo que adelanta la agonía. En el momento en que se elige el material el partido ya ha comenzado.

P: Es una ceremonia. Desde ese momento empiezan las apuestas a favor de uno u otro, los comentarios entre aficionados… Y muchas veces también el juego psicológico entre pelotaris.

R: Si te fijas, la forma en que eligen el material los intendentes es mucho más técnica; la de los pelotaris, más emocional. Buscan una pelota que sientan que les entra bien en la mano, que es casi como la espada del rey Arturo o el zapato de Cenicienta, algo que está hecho solo para ti. Me ha gustado siempre ir a las elecciones de material porque se ve quién está más alto de moral, quién podría ganar el partido.

P: ¿Y acierta?

R: Pues en las críticas y los pronósticos que he hecho he acertado bastante.

P: ¿Es la pelota una forma de perpetuar la cultura, de transmitirla, de afirmación de lo que es ser vasco?

R: Sin duda. Es un deporte que se jugaba en toda Europa en la Edad Media pero que, a partir de entonces, resistió en las naciones que se quedaron sin estado: la Frisia holandesa, la Toscana italiana, etc. En Euskadi se transformó. Se empezó a jugar contra pared y los espacios de juego comenzaron a ser las propias plazas de los pueblos, donde se ubicaron los frontones. También a través de la pelota se transmiten valores como la nobleza. Cuando hablas de que una pelota es noble es porque bota conforme a la fuerza con que le has dado.

P: La gran pregunta: ¿por qué son tan diferentes las pelotas si todas se hacen igual?

R: Porque todos son materiales naturales: caucho, lana, cuero. Antes se hacían a mano, pero ahora más o menos también. Hay una sola máquina en Askaine y está hecha de forma artesanal. Las pelotas sufren en función de la humedad, del calor… Su naturaleza cambia.

También con el uso, no es lo mismo jugar con ellas cuando son nuevas que tras unos cuantos tantos.

P: Es la polémica estrella en la pelota. De hecho, recientemente se ha cambiado la reglamentación para que los lotes de material sean escogidos antes de saber quién va a jugar el partido.

R: Es algo muy masculino, los hombres suelen hablar mucho de sí mismos a través de las cosas, sin referirse a ellos mismos. Preguntándole a un hombre sobre las pelotas puedes sacar muchas conclusiones sobre cómo va a ser el partido. Es algo en lo que creo que no hay que poner muchas cortapisas.

P: El documental hace referencia a la presencia, o ausencia, de las mujeres en la pelota. Siempre hablamos del matriarcado vasco, pero aquí vemos una sociedad tan machista como el resto.

R: Es que la idealización de la mujer como madre o diosa es un indicador de que la sociedad es machista. Igual que en la representación de la Virgen María el que importa es el hijo, ella es una simple cuidadora. Las niñas han jugado siempre a pelota y han sufrido mucho, han sido desplazadas a partir de los doce o trece años con comentarios como “se te van a estropear las manos” o “los hombros se te van a deformar”, que demuestran que el cuerpo de la mujer no es de la mujer.

P: Hay un ritual exclusivo de la pelota que se produce en el vestuario: dos rivales que comparten espacio antes de la batalla y nada más terminar.

R: En la película lo vemos con Juan Martínez de Irujo y Oinatz Bengoetxea. Me parece un regalo poder ver la conversación previa a la elección entre los dos, riéndose en el vestuario, y la que tienen después, mucho más tensa, donde Juan le dice a Oinatz ‘¿para qué quieres una pelota que bote si no la dejas botar? Si ves un vestuario antes de un partido, los pelotaris se van alejando poco a poco, pelotean en lugares separados hasta que hay una escisión.

P: Es un bonito colofón a una generación que ahora se retira y que ha marcado este deporte.

R: La película es el cierre de una época. Grabamos la final del Manomanista de 2013 Juan Martínez de Irujo y Aimar Olaizola y, a partir de ahí, todo ha empezado a cambiar. Viene una generación fascinante que aún se está formando. En todas las épocas suele haber dos, tres a lo sumo, pelotaris que la marcan. De la que viene uno es, sin duda, Iker Irribarria. El otro, veremos… Ahí tenemos a Urrutikoetxea, pero está por ver.

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