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El senador Lobo

Por Gonzalo Sichar.- No es mi estilo arremeter contra quien ha caído en desgracia. Pero pasar de ser algo así como número 3 del cuarto partido de España a senador por la cara, aunque sea ya del sexto partido en número de escaños, no es del todo caer en desgracia. Y sí entiendo que estoy en la obligación de descubrir o más bien de ampliar la información de un cargo público que puede inclinar la balanza de alguna ley.

El Lobo naranja es una persona que ahora presume de haber estado mucho tiempo callado pero que a partir de ahora va a hablar. Claro, que tirará solo de la manta de quienes hemos sido críticos con una organización política que presumía de regeneradora y que ha copiado de forma calcada lo peor de los partidos históricos. Humildemente creo que aporta poco que hable de unas personas que nos hemos salido de la política activa y que nos hemos vuelto a nuestros quehaceres privados, o a puestos de funcionarios quienes los tengan. A mí ya me intentaron callar los poderes fácticos cuando intenté dos cosas: una que la Diputación de Málaga sacase el listado de los contratos de publicidad con los medios de comunicación (algo que el portavoz naranja en el Ayuntamiento no quiso llevar a cabo en esa institución); la otra que la Diputación no contratase publicidad en los medios que anunciasen prostitución. La primera batalla la gané, en la segunda me obligaron a echarme para atrás pero al final el libre mercado lo impuso. Ya ningún medio serio anuncia prostitución, pero Ciudadanos se quedó sin una buena medalla contra la trata de mujeres. Por aquella “osadía” contra los intereses de los medios de comunicación más poderosos me amenazaron con buscarme trapos sucios de debajo de las piedras. Les dije que buscaran. Como para ahora asustarme que el Lobo “tire de la manta”.

Seguro además que no “tirará de la manta naranja” porque Ciudadanos le ha comprado al nombrarle senador autonómico por Andalucía y así que no hable de los entresijos de un partido con hasta dudas financieras: facturas a favor de consultoras de dirigentes del partido; indemnización de 150.000€ a una antigua responsable de prensa (y que yo tuve la osadía de preguntar en la Asamblea de 2017 a qué se debía y no se me contestó); o qué hicieron con los sobrantes no gastados de los grupos municipales, provinciales y parlamentarios (solo en la Diputación de Málaga en la víspera de que yo dimitiera había más de 130.000€).

Y como ahora dice que va a hablar, el Lobo habló. Y lo hizo en mi caso con una sarta de mentiras que además son bastante endebles. Acto seguido me bloqueó en Twitter para que no pudiera rebatirle y evidenciar la falta de consistencia de su relato.

Él presume de que lo sabe todo. En una reunión que mantuvo conmigo hacia febrero o marzo de 2017 me sentó y no paraba de decirme “¿es cierto que dijiste…?”. Reconozco que me sorprendió el grado de control que tenía de conversaciones privadas que había mantenido yo con algunos afiliados. Cuántos de ellos buscaban escalar puestos suministrando información al Lobo. Pero en otras patinaba, como cuando me preguntó si era cierto que yo despreciaba a un concejal de la capital y al secretario de Organización “porque eran fachas”. Por no entrar en si yo no respetaba a alguien por ser facha o ser rojo, le respondí más escuetamente: “Esa frase no es mía, porque considero que ninguno de los dos tiene el nivel suficiente para ser o no ser fachas, les faltan ideas políticas”.

Pero para salvaguardar mi honor quiero responder sobre dos acusaciones que ha vertido en Twitter. Y no lo cuento solo por mi honor, que también, no lo niego, sino para advertir a la sociedad en manos de quién ha estado la expansión de Ciudadanos durante unos cuantos largos años.

El Lobo decía que yo iba dando lecciones de ética pero que fui capaz de darle información sobre UPyD, es decir, que traicioné a mis antiguos compañeros, y lo que es peor, que en 2017 le pedí ser número 1 y secretario de Organización y que como no me lo concedió, empecé a criticar al partido.

Yo estaba de facto bastante desvinculado de UPyD desde su II Congreso (noviembre de 2013) porque me parecía que dio pasos inversos a la democracia interna, además de alargar hasta 12 años la duración del liderazgo (justo porque Rosa Díez ya cumplía los 8 establecidos). Tuve una reunión con el coordinador local de Málaga y con su secretaria de Organización Noelia Losada (ahora única concejal de Cs en Málaga) para presentarles mi dimisión. Por respeto a su trabajo aguanté en el puesto hasta el 31 de diciembre de 2013, para empezar el año con vida nueva. Con Cs entro en contacto a mediados de mayo de 2014 y me afilio en junio. ¿Qué información relevante y “secreta” podría pasarle al Lobo? Como le dije en un tweet, quienes sí traicionaron a los de Rosa Díez magentas fueron Nacho Prendes y Toni Cantó, y por cierto recibieron buenos premios en el organigrama naranja.

Sobre su segunda acusación: yo fui nombrado en julio de 2014, tras unas primarias, secretario de Organización de Málaga (de la capital y de toda la provincia que no tuviera un comité local). Justo un año después dimití por ética (que el Lobo no debió comprender, quizá por su lejanía de la ética) ya que para mí un cargo institucional no debía ser también cargo orgánico por higiene democrática. Jugada la mía de ingenuidad total, porque esa norma el partido no la aplicaba ya que así tenía un cargo orgánico pagado con dinero externo. ¿Cómo dos años más tarde iba a pedirle semejante cargo? Incluso aunque hubiese querido ese puesto, ¿cómo se lo iba a pedir si tenía nombrado a uno de su entera confianza, de escaso nivel político pero muy obediente? ¿Acaso el Lobo me tiene por tan tonto como para gastar una bala de forma tan desafortunada?

¿Y cómo le voy a pedir a inicios de 2017 ser número 1? ¿Número 1 de qué? Tras elecciones generales en diciembre de 2015 y junio de 2016 no había en 2017 ninguna previsión de elecciones de nada.

El Lobo miente, y este tipo de depredador político es el que ha llegado al Senado “para no tirar de la manta”, supongo que sobre todo de la manta financiera cuya mochila le debe pesar mucho a Carlos Cuadrado, al que Inés Arrimadas ha ascendido.

Está claro que yo no empecé a criticar a Cs en 2017 porque no me diera esos premios que jamás le pedí. Está tan acostumbrado que le hagan el rendibú, que se debe creer que todos somos iguales. Que todos esperamos su dedo divino para ser designados congresistas como hizo con Guillermo Díaz (el diputado que hizo el ridículo ante Íñigo Errejón al hablar sobre los torturados por Billy el Niño).

Ya lo dije en otro artículo en este mismo medio, mis críticas comenzaron casi desde el inicio, en julio de 2015, cuando el partido —el Lobo en particular— apoyó que Irene Rivera —que solo llevaba tres meses de parlamentaria en Sevilla— liderase la lista de las elecciones nacionales. No cumplir los 4 años para los que le habían elegido los malagueños me parecía un desprecio a la sociedad malagueña y a la democracia española. Además un mes después envié una carta al Lobo reivindicando que me dejaran elegir como cargo de confianza a un funcionario que no estaba afiliado al partido en vez de a una persona que solo la querían temporalmente en ese cargo para catapultarla políticamente después. Más vieja política. También me desmarqué del partido en junio de 2017 cuando quisieron dejar hacer al PP que el CAC de Málaga siguiese siendo un cortijo personal de alguien cercano a ese partido. O cuando se ponían de perfil —muy típico de Ciudadanos— hasta para reconocer el genocidio de Armenia solo porque al PP le asustaban las amenazas de Turquía de suprimir vuelos de Ankara y Estambul a Málaga. Menos mal que esta partida la gané después de hacer llegar mi protesta hasta los eurodiputados Carolina Punset y Javier Nart, qué casualidad, los dos ahora alejados de Ciudadanos.

Por estas rebeldías es que el partido me tenía marginado. Por todas estas rebeldías el partido prefería llevar a alguien de segunda categoría orgánica o simplemente dejar la silla vacía, antes que yo fuera a determinados debates. Hasta en un acto con la comunidad armenia en Málaga —con lo involucrado que yo estaba con la posición que finalmente tomó Cs— no me avisaron y mandaron a un afiliado que ni era asesor del grupo sino un mero colaborador. Por mis rebeldías el partido no fue capaz de colgar en la web mi intervención en el 30 aniversario del asesinato de Manuel José García Caparrós. No guardo ninguna simpatía con el andalucismo. De hecho jamás he ido a homenajes a Blas Infante —algo que sí han hecho Juan Marín y Juan Cassá— pero la defensa de los derechos humanos se hace sin mirar en cada caso quiénes son verdugo y víctima. Se defienden y punto.

El puesto del Lobo como senador y su mujer como adjunta al Defensor del Pueblo Andaluz —el nepotismo conyugal no ocurre solo en Podemos— prueba que la conexión Rivera-Arrimadas no está rota (además de algunos otros ilustres bien resituados como Jose María Espejo-Saavedra o Carlos Cuadrado). Por tanto, dicho sea de paso, invalida la justificación del tránsfuga Juan Cassá de abandonar Ciudadanos porque “ya es otro partido”. Pero sus pretensiones pecuniarias son de sobra conocidas en la ciudad de Málaga. Otra casualidad, el mayor protector de Juan Cassá estos cuatro años ha sido precisamente el Lobo naranja.

*Ex portavoz de Ciudadanos en la Diputación Provincial de Málaga