“El sistema de control de armas nucleares puede hundirse en cualquier momento”

Desde hace siete años, EE UU y Rusia no mantienen conversaciones de desarme, pese a los esfuerzos de los especialistas de los dos países, que, como Arbátov, tratan de convencer a sus líderes de la necesidad de mantener el sistema de control nuclear que tanto esfuerzo costó tejer a partir de los años 60 del pasado siglo.

El problema de seguridad “más urgente” hoy, según Arbátov, es “salvar el sistema de control de las armas nucleares, que puede venirse abajo en cualquier momento, porque si los norteamericanos se salen del acuerdo de reducción de misiles de alcance medio (firmado en 1987 por los presidentes Ronald Reagan y Mijail Gorbachov) o Rusia decide hacerlo, como lo hizo con el acuerdo de armas convencionales en Europa, entonces los norteamericanos se saldrán del tratado de reducción de armas estratégicas ofensivas (firmado en 2010 por el presidente Obama y su colega Dmitri Medvédev), sin esperar a que este documento expire en 2021, y después de esto, el acuerdo de prohibición de pruebas nucleares se hundirá y nos encontraremos en un estado de caos”. El tratado de reducción de armas ofensivas estratégicas, firmado por ambos, establece techos de portadores y cabezas nucleares (800 portadores y 1550 cabezas nucleares por parte).

“Ucrania y Siria son temas importantes por el peligro de enfrentamiento, pero lo más urgente es salvar el acuerdo de armas de alcance medio”, opina el especialista, según el cual “hoy, esto se puede hacer deprisa y sin gran trabajo”. Ambos países se acusan mutuamente de violar el tratado de reducción de misiles de alcance medio.

A partir de fines de los años sesenta, cuando Richard Nixon fue elegido presidente de EE UU, los republicanos y los demócratas estadounidenses adoptaron modelos de actuación diferentes ante Moscú en cuestiones de desarme. “Los demócratas consideran que EE UU es superior en todo a Moscú excepto en el campo del armamento nuclear, en el que ambos países están equilibrados, y piensan que cuanto más se rebaje el papel de las armas nucleares (en el conjunto de la relación), tanto mayor será la ventaja de EE UU.

“Los republicanos, a su vez, también consideran que las armas nucleares son el único campo en que Moscú y Washington están igualados, pero sacan consecuencias opuestas a los demócratas y quieren demostrar que también en este campo son superiores y que su total superioridad sea reconocida”. “Es decir, los demócratas han tratado de minimizar el aspecto nuclear para aumentar la superioridad en otros campos y los republicanos tratan de incrementar el peso del armamento nuclear para conseguir la superioridad con ayuda de este. Los demócratas intentaron mantener con Rusia este esquema válido para la URSS, pero no ya desde una posición de lucha y para debilitar al contrario, sino por consideraciones generales de seguridad”, afirma.

Obama y Medvedev se saludan durante la Cumbre de Seguridad Nuclear en Seúl en 2012.Obama y Medvedev se saludan durante la Cumbre de Seguridad Nuclear en Seúl en 2012.

“Con la llegada de Trump al poder, el esquema vuelve a funcionar de forma muy exacta. Trump no tiene interés en ningún desarme nuclear, no tiene intención de proponer nada. Obama siempre proponía cosas, nuevos tratados de armas tácticas, de armas estratégicas ofensivas, pero Trump no, y ahora, dentro del modelo clásico de los republicanos frente a la URSS, se ha puesto en marcha un ambicioso plan de renovación de armas nucleares estratégicas y tácticas y defensa antimisiles. Aquí, los nuestros (Rusia) no lo han comprendido. Creen que el arma nuclear es el principal elemento del prestigio, un símbolo de estatus de Rusia en el mundo”.

Rusia está embarcada ya en una carrera de armamento con EE UU, que puede ser más “difícil, cara y peligrosa que la carrera de armamento de la guerra fría”. En realidad se trata de procesos múltiples, tales como una carrera por la renovación de las fuerzas estratégicas en el marco del nuevo tratado de fuerzas estratégicas ofensivas firmado en 2010, otra carrera entre las fuerzas nucleares ofensivas rusas y el sistema de defensa antimisiles norteamericano, y otra competición más por los sistemas de misiles de precisión de largo alcance con cargas convencionales, incluidas las que en el futuro superarán la velocidad del sonido. También existe una carrera entre la defensa aérea cósmica rusa y los medios americanos de ataque aéreo cósmico. Esta competencia múltiple, de “canales de armas ofensivas y defensivas, nucleares y no nucleares no existía en los años de la guerra fría”, señala Arbátov.

“Putin pensaba que Trump, que criticaba a Obama, enseguida le visitaría en Moscú, que reconocería que EE UU se equivocó, que se abrazarían, se harían amigos y le quitarían las sanciones. Hay que conocer el sistema político norteamericano para saber que eso no es posible”, afirma. “El presidente Putin quiere frenar la escalada de la guerra fría, pero sin hacer ninguna concesión seria, porque lo que más teme es parecer débil y así no resultará”, dice Arbátov.

Contemplada desde el Kremlin, la administración de Obama está cargada “de ilusiones y decepciones”, afirma Arbátov, según el cual “para las relaciones ruso-norteamericanas, Obama era el mejor presidente desde la época de Frank Delano Roosevelt (1933-1945)”. En el proceso de confrontación, hubo un paréntesis, cuando Dmitri Medvédev era presidente de Rusia (2008-2012) y comenzó a colaborar muy bien con Obama.

“Pero luego volvió Putin y todo se paralizó y Obama se convirtió en el peor presidente (para Rusia), porque Putin no quiso normalizar las relaciones con EE UU, sino que quería vengarse de los norteamericanos por todas las humillaciones y agravios que Rusia sufrió en los noventa y sobre todo en sus dos primeros mandatos (2000-2008), cuando Rusia quería normalizar las relaciones y Bush abrazaba a Putin y le apretaba la mano, pero luego hacía lo que le daba la gana, hasta que Putin se cansó”. Este cansancio maduró durante un tiempo, hizo explosión en la conferencia de seguridad de Munich en febrero de 2007, y se puso de manifiesto “cuando Putin volvió a la política de enfrentamiento en las relaciones con EE UU”, señala.

La administración norteamericana ha elaborado un programa de renovación de todo tipo de armas nucleares, estratégicas y operativo-tácticas, porque los sistemas en uso ahora, que se instalaron en los años ochenta e incluso en los setenta, han envejecido y ha perfilado un programa para 25-30 años aproximadamente, que tal vez se haga más deprisa, en 15 ó 20 años, si hay dinero. “Ya en la actualidad se desarrollan nuevas armas, pero el emplazamiento real comenzará a mediados de la próxima década. De entrada, se construirán nuevos bombarderos pesados con misiles de crucero, en lugar de los que hay hoy, luego misiles terrestres, submarinos con misiles y nuevos armamentos tácticos. La nueva administración no quiere prolongar el acuerdo de reducción de armas ofensivas estratégicas ni siquiera hasta 2026”. “Al final de su mandato, Obama propuso (a Rusia) que se prorrogara aquel tratado, pero en Rusia no querían ponerse de acuerdo sobre armas nucleares, mucho menos con Obama. Consideraban que las armas nucleares son nuestro principal atributo, el símbolo de nuestro estatus”, dice Arbátov.

Al expirar el tratado de reducción de armas ofensivas estratégicas, las limitaciones para las partes desaparecerán “y cada uno hará lo que quiera y no podrá tener una idea exacta de las fuerzas y planes del otro y aumentará la tensión y el peligro”, dice el especialista. En estas condiciones, es muy posible que la carrera armamentística se intensifique. “Será un periodo peor que la Guerra Fría, porque competirán no solo por armas ofensivas nucleares, sino también en armas defensivas y en armas de alta precisión”.

En algunos campos son los norteamericanos los que iniciaron la nueva carrera de armamentos; en otros, Rusia. Si nos referimos a armas de precisión con carga no nuclear, Rusia ha desarrollado Kaliber, un misil de crucero de largo alcance con base aérea y marítima, que ha sido utilizado en Siria. “Antes no teníamos misiles de crucero con cabezas convencionales, no teníamos la suficiente exactitud, solo las teníamos con cabezas nucleares en los aviones y en los submarinos. Los americanos desde hace más de 30 años tienen esos misiles con cabezas nucleares convencionales, que ellos llaman Tomahawk, en los submarinos y en los buques”.

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