El submarino deja al Madrid a la deriva

Ya sea por una cuestión física, mental o táctica el Madrid no sabe ganar ni competir en Liga. Los blancos volvieron a perder en su campo ante un Villarreal que sumó su primera victoria en el Bernabeu sin exhibir sus mejores galas, pero amparados en el orden para frenar el ímpetu de un conjunto blanco que exhibió un juego gris, sólo lúcido en algunos minutos. Los de Zidane volvieron a bajar sus prestaciones en una segunda parte donde Fornals, después de una buena contra, acabó decantando el encuentro con una vaselina magistral, que suavemente encendió la mecha de un Bernabeu encendido.

De nuevo el estadio merengue era el escenario para la terapia de choque blanca. El Numancia, que cayó eliminado en Copa pero empató contra los blancos, había sido el último equipo en rascar un buen resultado en el coliseo merengue. Los de Zidane recibían a los castellonenses con un balance en casa impropio, de únicamente ocho victorias en quince encuentros con cinco empates y dos derrotas ante Betis y Barça. El encuentro se presentaba como un nuevo examen ante un conjunto con armas para ahondar en la herida, que finalmente provocó un nuevo suspenso blanco.

Como respuesta, Zidane, con las ausencias por lesión de Sergio Ramos y Benzema, apostó por sus habituales, con Bale como punta de lanza, después de demostrar su olfato goleador en Balaídos, e Isco como canalizador del juego ofensivo blanco, pero ambos fueron los señalados tras ser sustituidos en la segunda parte. Los ánimos en las gradas no admitían el más mínimo error. Falló Marcelo en un pase fácil y se instaló un ligero murmullo entre los asistentes. Kroos avivó la mecha, con otro error infantil, que logró apagar Varane con un corte providencial cuando Bacca se quedaba solo ante Navas.

Los blancos atacaban con orden pero con un ritmo anodino ante un submarino bien plantado en el campo. Sin el espacio definitivo para acercarse a los tres palos rivales, Marcelo probó fortuna desde lejos y se encontró con la parada a mano cambiada de Asenjo. Fue el anticipo hacia un cambio de tendencia que provocó el miedo escénico de los de Calleja. El Madrid comenzó a creer y mediante una presión intermitente ahogó la salida de los amarillos.

Con la misma fórmula robó Modric para asistir a Ronaldo, que, solo ante Asenjo, la picó pero vio como el esférico se perdió lamiendo el palo. El luso seguía ofuscado ante el gol. El Madrid coqueteaba con el primer tanto ante un rival que cedía metros y la apuesta por cazar una buena contra ganaba enteros. Pudo estrenar el marcador Bale, pero su remate de cabeza fue cortado con la mano por Álvaro, aunque tras un rebote previo en el rostro. Ronaldo pidió penalti pero Undiano Mallenco omitió las quejas. Pero la polémica sólo acababa de empezar.

Insistió el Madrid sobre el área rival y encontró a Isco desmarcado, que puso un pase a Ronaldo en boca de gol. Sin embargo, Asenjo se agigantó para salvar in extremis el tanto madridista aunque el portugués, de nuevo negado de cara a puerta, encontró explicación a su error en una falta previa de Mario. Hubo contacto del zaguero pero Isco ya estaba en fuera de juego en el inicio de la acción. Fue la última de una primera parte donde el Bernabeu acabó silbando, pero sus protestas estaban dirigidas al colegiado navarro.

Tras la reanudación, el Madrid luchó contra su propio rendimiento. Durante esta temporada, los de Zidane han evidenciado un bajón en las segundas partes, dilapidando muchos puntos. El síndrome pareció instalarse entre los blancos cuando una buena combinación visitante dejó retratados a Casemiro y Nacho, dejando a un recién ingresado Cheryshev ante Navas. Pero el excanterano madridista no encontró la portería del costarricense y su disparo, raso y flojo, se perdió por línea de fondo.

Algo había cambiado en los blancos, que, pese a seguir acechando las inmediaciones de Asenjo con aparente facilidad, perdía la compostura cuando tocaba correr hacia atrás. El equipo merengue se partía por momentos y Castillejo se gustaba con tanto verde en su horizonte. La tensión se palpaba en la grada.

Con el electrónico sin goles y el crono corriendo peligrosamente hacia el noventa, en el Madrid comenzaron las prisas. Zidane sumaba efectivos en la parcela ofensiva con la entrada de Asensio y Lucas Vázquez en lugar de un desaparecido Bale y un desacertado Isco. Los cambios sólo aumentaron el desconcierto de los locales, que atacaban sin criterio. Por muchas camisetas blancas, que se instalaran en el área amarilla, la única vía al gol eran centros laterales. Pocas idea en una situación crítica.

La grada permanecía expectante por el marcador, conteniendo sus reproches a un equipo desilusionante. Y todo voló por los aires cuando el Villarreal conectó una contra de libro lanzada por Cheryshev, que encontró a Unal para un remate franco aunque fue Fornals, tras la parada de Navas, el que hizo estallar la tensión en las gradas con una vaselina sublime. El Madrid buscó salvar, al menos, el empate pero el Bernabeu había dictado sentencia más allá del resultado y junto al pitido final, la sintonía que acompaño a los jugadores hasta los vestuarios fue una sonora pitada que solo fue tapada con el himno del Madrid. Una sintonía que, sin embargo, fue incapaz de ocultar la realidad: el Madrid está sin rumbo y a la deriva en la Liga.

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