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El último desquiciamiento de los animalistas españoles: pretenden que comer jamón se convierta en delito

«No es jamón. Es cerdo muerto». El absurdo animalista no conoce límites. Su última mamarrachada ha sido presentar sus «chistosas» credenciales frente al céntrico Museo del Jamón de Madrid para pedir la abolición del producto estrella de nuestra tierra, «con su romántico tocino, gloria de frigorífico y salmuera», como dedicó Nicolás Guillén a Rafael Alberti en un soneto, que seguía:

Quiera Dios, quiera Dios, quiera Dios, quiera

Dios, Rafael, que no nos falte el vino,

pues para lubricar el intestino,

cuando hay jamón, el vino es de primera.

Mas si el vino faltara y el porcino

manjar comerlo en seco urgente fuera,

adelante comámoslo sin vino,

que en una situación tan lastimera

como dijo un filósofo indochino

aún sin vino, el jamón es de primera.

A lo que Alberti contestó:

Hay vino, Nicolás, y por si fuera

poco para esta nalga de porcino,

con una champaña que del cielo vino

hay los huevos que el chancho no tuviera.

Y con los huevos, lo que más quisiera

tan buen jamón de tan carnal cochino:

las papas fritas, un manjar divino

que a los huevos les viene de primera.

¿Dijo huevos? «¡Asesino!», gritaría la ridícula sociedad animalista del siglo XXI. Porque, no lo olviden, primero han atacado los toros, pero como acaba de advertir el ganadero Victorino Martín, después vendrán los cerdos, los jamones, los mariscos y los huevos. Y hasta las setas, pobres sufridoras cuando se les arranca de la tierra; por cierto, un negocio que mueve unos 200 millones de euros cada temporada, según algunos estudios.

Pero al animalismo ni le interesa la economía, ni la cultura -el jamón está muy presente en nuestra literatura, como acabamos de ver-, ni mucho menos la ecología -pero no merece la pena recordárselo-. Ni escuchan, ni leen. Ni mucho menos razonan. Lo suyo es un falso ecologismo. El «reich» animalista. Ya hubo unos que quisieron hacer un parque para toros bravos. Con los cerdos suponemos que preferirán también su extinción o adoptarlos como mascotas. «¡De marranos a marranos!», espetó un señor atónito al ver la manifestación frente al Museo del Jamón. La diferencia es que de los marranos, de los cerdos, claro, ya se sabe que al español, según el refranero popular, le gustan hasta los andares.

Parte de la sociedad ha perdido el norte, el sur, el este y el oeste. Sonroja ver manifestaciones como esa, más propias de una inocentada que de la realidad. Con el agravante de llamar «¡asesinos!» a los que comen este manjar o decir que es «un asesinato» la matanza del cerdo y cortar el jamón, un arte que pocos dominan.

Reacciones en Twitter: «Delirios»

Son muchas las reacciones en las redes sociales sobre tal hecho. «No se puede ignorar lo que significa y trae consigo el animalismo, ni justificar a un pánfilo e hipersensible animalista que manifiesta a gritos sus delirios frente al Museo del Jamón, ¡no más animales víctimas del animalismo, ni aficionados víctimas del buenismo!», ha escrito Observatoro en un tuit. «”Es cerdo muerto, no es jamón”. Manifestación en contra del asesinato de cerdos frente al “Museo del jamón” en Madrid. Esto se nos va de las manos», dice el policía Alfredo Perdiguero.

Añade Pilar Labajos: «El sesgo de los animalistas… Solo les parece maltrato cuando se trata del toro en el ruedo y ahora también cuando el cerdo se hace jamón, demostrando que no son los animales lo que protegen sino su ideología progre que odia a España». Sigue Pedro G.: «De todos estos progres de pacotilla y cobardes, espero una gran manifestación ante las carnicerías musulmanas “Halal” , tras manifestarse delante del Museo del Jamón con agresividad furibunda. Venga a ver si hay “criadillas”!!». Javier Leoz va más allá: «¡Esta carne es un asesinato! Soflamas de una manifestación hoy ante el Museo del Jamón en Madrid. 100.000 abortos no les importa un bledo, pero el cerdo sí. ¡Qué mal estamos!»

«¡Harta de tanta tontería!», es otro de los tuits que se leen. O el de «generación inculta». Pero no se preocupen, esto no quedará ahí: después de los ataques a los toros y al jamón, vendrán las manifestaciones frente a su frigorífico si usted -«¡salvaje!» tiene la «criminal mente» de conservar en su nevera un pescado, unas chuletas, un huevo de corral o un tomate. Nada, algunos acabarán pidiendo que sean los animales los que devoren a los hombres, los que tengan un móvil último modelo y vayan a restaurantes «Guaguau Michelin», donde les sirvan carne humana a la parrilla. Incluso puede que alguno perro tenga un día la idea de manifestarse para que los hombres recuperen los mismos derechos que los animales, que, no olvidemos, no tienen obligación alguna.

Pues lo dicho, harta de tantas sandeces me voy a una tomar una tapa de jamón de Huelva, ese placer para el paladar y con tan excelentes propiedades al que Lope de Vega cantó:

Jamón presuto de español marrano

De la sierra famosa de Aracena

Adonde huyó del mundo Arias Montano.

Gloria bendita.

(ABC)