El último servicio de Landa

«Me veo con capacidad para estar en el podio de París, pero sin perjudicar a Froome», dice el alavés

No hay tregua en el hormiguero del Tour. Ni en las jornadas de descanso. Al equipo Sky le despiertan de madrugada los controladores antidopaje de la UCI. Sueño roto. A las once, Chris Froome y Mikel Landa atienden a la prensa. Luego toca entrenar. Un par de horas por los alrededores de Le Puy-en-Velay, coagulados de tráfico. Turistas y obras. En los hoteles, además, se mueven entre susurros los representantes de los corredores. La segunda jornada de descanso del Tour es el día de máximo negocio de la temporada. Mercado caliente. Landa es la pieza más codiciada. Viene de ser el mejor escalador del Giro y ahora, en el Tour, vuelve a mostrar su fuerza. Aunque no es del todo suya: la ha puesto al servicio de Froome. Ya le pasó en el Giro 2015, cuando se sacrificó por Aru. Nunca más. A partir del próximo año quiere correr libre. Antes, ayudará esta semana a Froome a llegar de amarillo a París. Es su compromiso. El último.

El brítánico manda en la general. Landa es sexto, a 1 minuto y 17 segundos. En medio están sus rivales: Aru, Bardet, Urán y Martin. Tras quince etapas, todos siguen casi empatados. Landa, sin preparar el Tour, llega a esta semana final en plenitud. Con Mikel Nieve, esperó y salvó a Froome en la etapa del domingo. Es su papel aquí. «¿Le cuesta retenerse?», le preguntaron. «Un poco. Es una situación que ya he vivido. Sé a lo que he venido al Tour». El recuerdo del Giro 2015 le escuece. Nunca como en aquella carrera Landa ha sentido su poder. Se notaba imbatible. Y ni así le dejaron ganar en el Astana, su escuadra entoncess. En este Tour tampoco está prevista su victoria. Es el Tour de Froome, según ordena el Sky. Tanto que Landa habla en condicional de sus opciones de acompañar en el podio final al británico. «Si no le perjudico a Chris, me encantaría estar en el podio de París. Me veo con capacidad para hacerlo. Pero siempre tengo que pensar en no perjudicarle», zanja.

Es la segunda vez que le sucede. La cuestión era inevitable: «Esto no puede sucederle más», le dicen. La contestación es inmediata: «Eso lo tengo claro. No quiero volver a ir de segundo a una gran vuelta. Y si voy, que sea porque yo lo quiero». El Sky no tiene dos cartas. Solo la de Froome. «Más que una baza, soy una pieza clave para frenar a algunos rivales. Es complicado. Estoy por detrás en la general de varios rivales. Para que yo fuera la baza, algo le tendría que pasar a Chris». Había un tono de resignación, de haber tropezado dos veces con la misma piedra: en el Giro 2015 con Aru y ahora.

El alavés se siente también como Froome en el Tour de 2012, cuando el keniano blanco tuvo que someterse a Wiggins. «Bueno, Chris y yo nos encontramo muy bien. Pero si estuviéramos los dos cara a cara, me ganaría él. Tiene la contrarreloj a su favor. Y somos compañeros de equipo, no somos rivales», insiste. No hay guerra civil en el Sky. Es el último servicio de Landa.

El equipo británico lleva las riendas del Tour. Sólo el caos o la actuación de un ciclista imprevisible como Contador podría revolcarle los planes. ¿Y si el madrileño vuelve a arrastrar a Landa en una fuga? El alavés esboza una mínima sonrisa. Tiene buen recuerdo de aquella escapada camino de Foix, cuando él y Contador fueron dos gigantes del Tour.

«Hombre, yo no descarto a Alberto como rival para la general pese a los cinco minutos que pierde. Si ataca, yo tendré que cubrirle porque es un adversario. Y en caso de irme con él, eso obligaría a Aru, Bardet, Urán y Martín a tapar ese hueco, pero…». Ni se atreve a terminar la frase. No quiere que parezca que aún piensa en su candidatura. «No podemos plantear una estrategia para que yo esté en el podio y Chris gane el Tour». El objetivo es único: el triunfo de Froome. El resto es accesorio para el Sky.

Mañana en el Galibier y el jueves en el Izoard, Landa saldrá conjurado en favor de su líder. «Tenemos el maillot amarillo. Vamos a ir a defenderlo. No contamos con un margen para relajarnos, así que espero que vayamos al ataque», avisa. Vigilará en especial al Ag2R, el agresivo equipo de Bardet. El domingo, la escuadra francesa atacó antes del puerto final. A los dorsales de ese maillot les gusta el vértigo de los descensos. Froome tuvo ahí un problema mecánico y le socorrió su equipo. «Chris se puso nervioso, pero entre todos le tranquilizamos. A mí me mandó el equipo esperarle y es lo que hice», recuerda. «Quizá Chris no esté tan fuerte como en 2016. Entonces parecía superior, pero también tuvo más terreno para demostrarlo. Hubo más kilómetros de contrarreloj», apunta el ciclista de Murgia. Si al británico le falta algo de aliento, se lo darán su compañeros del Sky.

Por los pasillos del hotel se mueven los representantes. Reuniones. Cambio de fichas entre equipos. ¿Dónde irá Landa? «Aún no lo he decidido». Le quieren varios equipos, incluido el Movistar. Antes de este Tour, Landa creía ser un «hombre Giro». Y es todavía más. El Tour. Aunque Italia le llama. «Todavía no he disfrutado del Tour como lo he hecho del Giro. No me transmite lo mismo.Ya veré lo que me pide el cuerpo el año que viene». Ahí surge la pregunta: «¿Se ve como ganador futuro del Tour?». Resopla. «Eso es mucho decir. Habrá que ver qué recorrido tiene los próximos años. Y no es lo mismo venir a ayudar a un líder que ir a ganarlo yo desde el principio. Eso supone un desgaste extra», subraya. En cualquier caso, cuando vuelva al Tour o al Giro será como número uno de su equipo. A su estrecho traje de gregario le queda solo esta semana.

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