Inicio Actualidad El «uso y abuso» presidencial se vuelve en contra del PSOE

El «uso y abuso» presidencial se vuelve en contra del PSOE

Los partidos llegan al cierre de la campaña a rebufo de sus últimas maniobras de propaganda para intentar situar sus expectativas electorales en el lugar que entienden que más les conviene ante el examen en las urnas. El problema es que las expectativas no cuadran con los nervios que dejan traslucir los movimientos de última hora.

Al candidato del PSOE, Pedro Sánchez, se le ha vuelto en contra lo que la oposición ha tachado de «juego sucio» en el «uso y abuso» de su posición institucional como presidente en funciones. Sus declaraciones en una entrevista en RNE, en las que hablando de la entrega de Carles Puigdemont indicó ayer que el Ministerio Público está bajo control del Ejecutivo, son síntoma de que la situación no parece estar tan bajo control como dice el argumentario oficial del PSOE.

Esa versión más oficial señala que han ido mejorando posiciones en los últimos días, y hasta airean que ya superan el 30 por ciento en intención de voto. Y en lo que están, subrayan, es en consolidar una tendencia al alza.

Sánchez no se juega ganar o perder. Se lo juega todo a mejorar los resultados de abril. Cualquier otro escenario sería en sí una derrota porque le obligaría a tener que volver a la casilla de salida del día después de las anteriores elecciones generales, pero desde una posición de mucha mayor debilidad. Ceder más para formar gobierno, sin garantías tampoco de estabilidad.

Y si con aquellos resultados fue imposible el entendimiento con su aliado natural, Podemos, con los mismos escaños y un Pablo Iglesias que le resista el pulso y no muera aniquilado en las urnas, como era el plan inicial de Moncloa, el líder socialista debería asumir en la noche electoral que sólo puede seguir en Palacio con cesiones aún más grandes que las que rechazó por inasumibles en vísperas del Pleno de investidura de julio. Sánchez ha tenido una sobre exposición en esta campaña. Como si fuera el Pablo Casado de abril. Se ha multiplicado en actos y en entrevistas dentro de la estrategia de Moncloa de explotar al máximo su perfil presidencial para poner sordina a sus debilidades. Justo en este marco se explica el exceso de sus declaraciones de ayer sobre la entrega de Puigdemont.

Pero el PP también ha lanzado toda su pirotecnia para contrarrestar el peso de la euforia de Vox. Preocupa y mucho en Génova que la campaña termine con el mismo clima que el de las pasadas elecciones generales ya que las opciones de Casado dependen de que cale la idea de que es la única alternativa a Sánchez y de que tiene posibilidades de sumar más escaños que la izquierda. Esta necesidad de subir los ánimos pesa más que el riesgo a desfraudar en la noche electoral y explica que ayer filtraran que no es que sueñen con tocar los cien escaños, sino que ven posible llegar hasta los 110 diputados porque por la caída de Cs, según argumentan, el coste de la fragmentación ya no sería el mismo que en abril. Sin embargo, en el PP circulan trackings que les dejan en los 80 diputados y anuncian un subidón de Vox por encima de los 55 escaños, mientras que la caída de Ciudadanos la cifran en menos de un 7 por ciento de intención de voto.