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Elecciones Andalucía / Monjas votan

Era ayer el primer domingo de adviento, el periodo en el que la cristiandad espera la llegada de su Mesías. En la Andalucía democrática, la que va para 41 años con el mismo partido en el gobierno –la Junta preautonómica, presidida por un socialista, se constituyó en enero de 1978– la salvación no puede sino llegar mediante la alternancia en el poder, un hecho tan inédito e improbable como lo era en tiempos de Tiberio la bajada a este valle de lágrimas del Hijo de Dios. Por las inmediaciones de la Alameda sevillana, desertizada en la primera mañana por los noctívagos que la pueblan hasta las tantonas, desfilaba una procesión de mujeres de Fe. De fe en el cambio.

«¡La derecha ha sacado a votar hasta a las monjas de los conventos!», exclamaba durante su hegemónica década de los ochenta Alfonso Guerra, el gran gurú electoral del PSOE. Poco ha cambiado Andalucía, cuando va a cumplirse el primer quinto del siglo XXI y la primera estampa de la jornada la ofrece un tropel de monjas de la Compañía de las Hermanas de la Cruz en romería hacia el colegio de la calle Calatrava en el que habían de depositar sus papeletas. El sentido de su voto, como el camino del Señor, es inextricable: por primera vez en mucho, un partido, Vox, reivindica la raíz católica de España; pero la única candidata que blasona de un pasado como catequista y no esconde sus devociones marianas es Susana Díaz.

La fundadora de esta orden, Santa Ángela de la Cruz, fue venerada cuando falleció, en 1932, en un funeral solemne organizado por el ayuntamiento republicano. Al alcalde izquierdista que promovió el acto, José González y Fernández de la Bandera, lo mandó fusilar Queipo de Llano en el verano del 36, unos meses antes que corriera la misma suerte en el Madrid de las checas Manuel Font de Anta, el músico que compuso la marcha «Amarguras» y que suena cada Domingo de Ramos al paso de la Virgen del mismo nombre ante el convento de las Hermanitas de los Pobres, que así se las conoce en Sevilla, que se asoman a la celosía para verla pasar. Olvidado este tenebroso pasado, los apoderados de los partidos extremos se miran desafiantes con aires de hooligans en el colegio electoral, como si el odio entre españoles no hubiera acarreado ya suficiente dolor. El pueblo soberano castigó masivamente a los profanadores de tumbas.

En el otro extremo de la calle Feria, junto a la iglesia románica de Santa Catalina, se ha organizado un certamen de agrupaciones musicales que interpretan diversas marchas de Font de Anta, singularmente ese canto de presidiarios que fue “Soleá dame la mano”. También se interpretan versiones de temas pachangueros como “Despacito” de Luis Fonsi, una muestra del eclecticismo que caracteriza la religiosidad popular andaluza, que en estos días acumula devotos para ver los belenes ya instalados. En la Plaza de San Francisco, frente al consistorio gobernado por una coalición de izquierdas, se ha formado una larga cola, la más nutrida que el paseante aprecia en todo el casco antiguo, que no es de votantes sino de visitantes al Nacimiento que se puede visitar desde el sábado. O tal vez de votantes que han aprovechado el paseo para contemplar el Misterio, una iconografía que ningún ayuntamiento andaluz se ha atrevido a desterrar de sus calles. Hay sensibilidades que no se pueden agredir.