Elecciones Catalunya: Los jueces abren la campaña

Hace tan solo 2 años, 2 meses y 23 días, en la Diada del 2015, empezaba una campaña electoral en Catalunya en un ambiente de euforia para el independentismo, que se las prometía felices con sus “plebiscitarias“. La campaña que arranca este martes, la que debía servir para ratificar la república catalana, presenta un panorama algo más agreste: el favorito en (casi) todas las encuestas tendrá que hacer campaña entre rejas; el ‘president’ saliente lo hará desde su aparentado exilio belga y con una orden de detención internacional; y la Generalitat vive atada de pies y manos por el mismo Estado del que a estas alturas, según el guion ‘procesista’, tocaba estar ya desconectado.

De tal magnitud ha sido la demolición incontrolada del órdago unilateral que han tenido que ser dos jueces, uno del Supremo y uno belga, quienes dictaminen horas antes de la refriega partidista las condiciones del escarpado camino que tendrán que andar los secesionistas para revalidar una hegemonía que el CIS deja en el alambre. Y el periodo de convalecencia soberanista tras el forzado haraquiri (ante sus propias huestes y en sede judicial) está siendo tan prolongado que los mismos socios que fueron de la mano hasta la DUI no han sido capaces de pactar ni siquiera un mínimo común denominador en sus programas electorales.

Oxígeno argumental

En este contexto, la decisión quien sabe si buscadamente salomónica del magistrado Pablo Llarena de dejar en la cárcel a Oriol Junqueras (junto con Joaquim Forn y los Jordis) y conceder la libertad bajo fianza de 100.000 euros cada uno al resto del Govern depuesto supone un balón de oxígeno argumental para ERC. Coadyuva a los republicanos a situarse como víctimas principales, casi únicas, de las fauces de un Estado que, en cambio, sí ha dejado libres a la mayoría de ‘exconsellers’ del PDECat, contra quienes el juez no aprecia el riesgo de reiteración delictiva que sí percibe en Junqueras. La candidata in péctore de Esquerra a presidenta de la Generalitat, Marta Rovira, no ha tardado en denunciar una ilegalización encubierta de su partido.

ERC, PDECat y CUP fracasan en su intento de pactar una hoja de ruta común para tratar de salvar el ‘procés’

Una estrategia con la que el exvicepresidente también gana puntos en el cuerpo a cuerpo con ERC que persigue Junts per Catalunya, la marca en la que Carles Puigdemont ha diluido al PDECat. Después de la que la justicia belga haya imitado la parsimonia de su homóloga española manteniendo en vilo al ‘expresident’ sobre su extradición hasta el 14 de diciembre, Puigdemont podrá hacer campaña desde aquel país. Lejos de Catalunya, sí, pero con una libertad de movimientos de la que no dispondrá Junqueras. En su hasta hace poco número dos debía estar pensando el candidato de JxCat cuando su entorno ha dejado caer este lunes el recado de que él no piensa regresar a Catalunya para ser detenido y “hacerse el mártir”.

‘Hung parliament’

En medio de este fuego ¿amigo? se ha dejado sentir el temblor del CIS, con réplicas a un lado y a otro del tablero catalán. La encuesta, efectuada a finales de noviembre a partir de 3.000 entrevistas, dibuja un ‘hung parliament‘, una Cámara ingobernable en el que la calculadora no da 68 a ninguna de las potenciales mayorías de futuro. Los independentistas se quedarían en 66-67 diputados; el tripartito al estilo del 2003 (ERC-PSC-CeC) se sitúa en 62, y la alianza constitucionalista (C’s-PSC-PP) se coloca en 60. La guinda del pastel es que el sondeo brinda a Inés Arrimadas la esperanza de una victoria electoral, situándola en empate técnico con Esquerra, que obtiene con ello otro buen comodín: el que le permite agitar el espantajo de un Govern “españolista”.

La medalla de bronce sería para Puigdemont, pero con el PSC a la zaga. Más descolgados, y todos a la baja, están ‘comuns’, ‘cupaires’ y el PP. De ajustarse el 21-D a esta fotografía, los candidatos tendrán que incumplir los vetos cruzados que se han impuesto para no abocar a Catalunya a una repetición electoral. Si los independentistas no suman o si suman pero no se entienden, Miquel Iceta quiere pedir turno en la investidura bajo la premisa de que siempre concitaría más apoyo que Arrimadas. Pero la sombra del ‘procés’ sigue siendo, a 15 días del juicio de las urnas, bastante alargada para el envalentonado constitucionalismo.

Loading...