Elecciones de sopetón y a contrapié

Los comicios autonómicos convocados por Mariano Rajoy para el 21-D han cogido con el pie cambiado a la mayoría de los partidos. No solo eso. Los partidos independentistas que integraron la coalición de JxSí todavía tienen que decidir si se presentan o si asumen el riesgo de no hacerlo y se mantienen fieles a su hoja de ruta de intentar celebrar por su cuenta unos comicios «constituyentes» desoyendo la aplicación del artículo 155 de la Constitución. La CUP es por ahora no obstante la única que ha anunciado que no concurrirá. En cuanto al resto de partidos, C’s, el PSC y el PPC tienen claro quién será su candidato. Los ‘comuns’, en cambio, aún tienen incluso como deber pendiente aclarar los integrantes de su confluencia.

ERC no quiere ser Brasil

Los expertos económicos mundiales acostumbran a definir Brasil como un “país de enorme futuro”, pero que este, el futuro, nunca llega. Sería exagerado decir que eso mismo se puede aplicar a ERC, por cuanto los republicanos eran más un partido de mejor pasado que porvenir. Oriol Junqueras y el ‘procés’, sin embargo, dieron la vuelta a la tortilla, como acreditan las encuestas desde hace más de un año.

Así las cosas, ante unas elecciones que no deseaban, los republicanos se pueden encontrar ante una disyuntiva, la de participar o no en la contienda electoral. Si se echa mano de la hemeroteca y de las veces que los líderes de ERC han señalado aquello de que son “tan demócratas” que cuando ven una urna “se tiran de cabeza hacia ella” (Marta Rovira dixit), no parece descabellado pensar que sí participarán.

En una situación normal, los republicanos se verían tan seguros de ganar como inseguros de encontrar con quién pactar. Por un lado, con un PDECat que, una vez más, dio muestras de flojera de piernas, aunque esta vez no consumó, ERC, que volverá a enarbolar la ‘estelada’, puede recibir aún algún voto más provinente del electorado convergente. Aunque son conscientes de que ese pozo de votos se va secando.

Por el otro, si el partido de la calle de Provença toma derroteros menos ‘radicales’, algo seguro si su candidato es, por ejemplo, Santi Vila, eso repercute en ERC en cuanto que tiene una puerta menos donde pactar. Si el PDECat no se mantiene en la independencia, nada une ya a un partido de centroizquierda con uno de centroderecha.

Todo esto partiendo de la base de que no habrá un Junts pel Sí 2, básicamente, porque ninguna de las dos cúpulas de partido lo desean. Concurrir en solitario tendrá otras ventajas. Por ejemplo, recuperar parte del voto que el 27-S se fue a la CUP, precisamente, por el pacto con la entonces CDC. Si a eso sumamos la más que posible no participación de los anticapitalistas en estas elecciones autonómicas, ello puede redundar en un porcentaje mayor del electorado de la CUP acabe en las redes republicanas. Eso sí, que la CUP no haga campaña puede significar que parte de los suyos se sumen a la abstención y hagan imposible que el independentismo sume ese 50% soñado.

Así las cosas, los republicanos, la marca de la independencia por excelencia, imagen reforzada por la perseverancia de Junqueras en la DUI cuando Carles Puigdemont se decantaba hacia las elecciones, puede quedarse bastante sola en el Parlament.

Sin la CUP y con el PDECat vuelto al redil autonomista, se plantean, los cabezas pensantes republicanos, que buscar una alianza de Govern se antoja materialmente imposible, vistas las heridas abiertas por el ‘procés’, por ejemplo, con el PSC. El espacio de los ‘comuns’ parece el hábitat natural de un pacto para los republicanos, pero la demoscopia enseña que en un ambiente tan polarizado por el ‘procés’ el partido de Ada Colau no parece capaz de romper el techo de cristal de los 11-13 escaños que heredó de ICV.

Un PDECat en horas bajas

Lo primero que deberán decidir los dirigentes del PDECat es si aceptan la legalidad estatal, la que pone en práctica el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Pero las primeras reacciones son que se tendrán que afrontar los comicios de la mejor manera.

No cogen en un momento dulce, las elecciones. El PDECat es un proyecto todavía en construcción, con algo más de un año de existencia y con una dirección todavía pendiente de lograr un punto de maduración. Una dirección joven al frente de la cual está Marta Pascal, que ha tenido notables dificultades para impone su autoridad frente a dos poderes, el del ‘president’ Puigdemont y el del ‘expresident’ Artur Mas.

En cualquier caso, es improbable que ninguno de estos dos cargos opten a ser candidatos. Puigdemont ha dicho en numerosas ocasiones que sólo aceptó un único mandato. Y Mas también ha dejado claro en varias entrevistas que no opta a ser de nuevo candidato.

Y tampoco Pascal, una coordinadora general cada vez más apreciada internamente pero que ha rechazado ya algun nombramiento institucional com el de jefa de filas de junts pel sí en el Parlament. su intención es llevar a cabo un trabajo interno de consolidación del proyecto.

Así las cosas, y ante la improbable reedición de Junts pel sí, el PDECat necesitará marcar perfil propio diferenciándose no solo de la CUP, sino también de ERC. Podría apelar al soberanismo sensato y posibilista, unos atributos que Santi Vila, el ya ‘exconseller’ de Empresa i Coneixement, podría enarbolar. Vila no ha escondido sus aspiraciones y no renuncia a nada.

Otra cosa es que se quisiera dotar a la candidatura de un perfil independentista fuerte. U optar por una cara nueva, que surgiera de la cantera municipalista del partido, uno de sus puntos fuertes.

En cambio, otro punto débil puede ser el hecho de que Puigdemont estuvo a punto de parar el proceso soberanista y convocar elecciones el pasado jueves. una decisión que al conocerse generó un profundo malestar interno, con anuncios como el de los diputados Albert Batalla y Jordi Cuminal de dejar el partido y abandonar su escaño en el Parlament. Otros cargos también rompían el carnet. Finalmente, se dio marcha atrás. Pero había quedado de manifiesto una cierta debilidad y fragilidad internas.

Así pues, los comicios cogen al PDECat todavía en estado de maduración, y con el interrogante de si aceptar unos comicios convocados por el Gobierno de Rajoy tras cesar al Govern en pleno y disolver el Parlament el mismo día que la mayoría soberanista en la Cámara catalana proclamaba la independencia.

La paradoja de una CUP al alza

Tras ser demonizados y criticados (cuando no insultados) por el ‘establishment’, la CUP llegaría a estos comicios muy fuerte en las encuestas, por el augurio de que podrían repetir sus actuales 10 escaños, cuando no superarlos.

El problemas es que la CUP no participará en esas elecciones. Tras declarar la república, piensan en la sede de la calle de Casp, concurrir a unas elecciones autonómicas se antoja algo pobre. Minutos después de que Rajoy anunciara los comicios del 21-D, los anticapitalistas anunciaron con sorna que ese día ellos lo que harán será organizar una paella popular en lugar de acercarse a las urnas.

Mucho se ha especulado, sobre todo a raíz de las palabras de Pablo Casado, sobre la conveniencia o no de aplicar la ley de partidos la CUP. Lo cierto es que la decisión de los anticapitalistas, de confirmarse, sería, en la práctica, una especie de auto-ley de partidos.

Los efectos de la ausencia de la CUP serían varios. Primero engrosar el zurrón de ERC y, en menor medida, de los ‘comuns’. Segundo, tomando en cuenta que sus fans más fieles se apuntarían a la abstención, ello puede alejar más al independentismo de el 50% deseado.

Ciutadans, una campaña que empezó el 27-S

Ciutadans es el partido que más tiempo lleva haciendo campaña para unas elecciones que ha reclamado por activa (a la Generalitat) y por pasiva (a partir del artículo 155). Tanto tiempo que la noche electoral del 27-S del 2015, cuando pasaron de 9 a 25 diputados y a líderes de la oposición, ya reclamaron nuevos comicios.

Las encuestas les dan ahora entre 21 y 22 escaños, aunque su estrategia de mano dura contra el soberanismo y su regreso a las esencias cargando contra el “adoctrinamiento” escolar les han permitido repuntar en los últimos meses a costa de hacer mella en el PPC. Aunque saben que están lejos de los republicanos, hace más de un año que los ‘naranjas’ plantean los nuevos comicios al Parlament como un duelo por la presidencia entre su líder en Catalunya, Inés Arrimadas, y el presidente de ERC, Oriol Junqueras. Quieren polarizar así la campaña para tratar de erigirse en la fuerza central del bloque constitucionalista. Descartan por tanto una candidatura conjunta con el PP y el PSC con el argumento oficial de que con ella “se perderían votos”, aunque por la cabeza de los estrategas del partido el objetivo final es el siguiente: si el bloque independentista no obtuviera la mayoría absoluta (y eso dando por sentado que este se presentaría a las elecciones), el bloque contrario a la secesión debería formar un Gobierno de concentración que implicaría un doble tirabuzón: primero, que el resto de partidos aceptaran la presidencia de Arrimadas, y segundo y más difícil, que en ese encaje de bolillos deberían estar dispuestos a entrar quizás hasta los ‘comuns’, lo que a fecha de hoy resulta más difícil que ver un iglú en el desierto. A fecha de hoy.

En el haber de Ciutadans cabe que tanto su candidata como el propio partido han ganado en experiencia y en presencia como líderes de la oposición. En el debe, que su nueva denominación como partido liberal y su renuncia explícita a la socialdemocracia –demostrada en el Congreso y en su actitud de derecha dura contra el independentismo– le apartan de poder arañar más votos al PSC. Y aunque ha intentado sobrepasar esa etiqueta presentando todo tipo de iniciativas sobre cuestiones sociales, su carta de presentación sigue presidiéndola en mayúsculas su antisoberanismo, lo que les dificulta poder seducir al votante moderado de la extinta CiU.

Iceta sueña con la segunda plaza

Ilusos es lo mínimo que les hubieran llamado desde otras fuerzas si hace un año hubieran dicho que aspiraban a ser los segundos en el Parlament, los primeros si no se presentara Esquerra. Entonces los socialistas catalanes estaban inmersos en su particular crisis con un PSOE implosionado por la investidura de Rajoy. Ahora, encuestas mediante, el PSC parece haber recuperado algo de aliento y está en disposición de disputar el puesto a Ciutadans con Miquel Iceta repitiendo de candidato.

El papel del primer secretario en estas tensas semanas, tratando de evitar la DUI y el artículo 155, parece pesar más en el electorado que las críticas internas (dimisión incluida  de Núria Parlon de la ejecutiva del PSOE) por apoyar las medidas del Gobierno del PP. La proclamación de la independencia por parte de JxSí y la CUP y la suavización del 155 también ha permitido a los dirigentes tener más comprensión entre las bases sobre su posicionamiento.

Habrá además otro factor que Iceta podrá coger como bandera: el inicio de los trabajos para la reforma Constitucional que Pedro Sánchez anunció haber pactado con Rajoy. El dirigente socialista tendrá así refuerzos argumentales para pregonar el federalismo. Pero es que además podrá apoyarse en dos situaciones externas que podrían favorecerle.

La primera de ellas es la plena decantación de Ciutadans ya sin ningún ambage hacia la derecha. El apoyo de los naranjas al PP en el Congreso permitirá al PSC marcar distancias y tratar de recuperar al votante más progresista que les castigó por una indefinición en el eje nacional que ahora no tienen. Y gracias a esto último, los socialistas confían también en recuperar electores a otra de sus bestias negras, los comuns.

Los guiños del partido de Ada Colau y especialmente del líder de Podem, Albano Dante Fachin, al independentismo, los quiere aprovechar  el PSC para abrir la puerta a quienes les penalizaron en las urnas por su papel ante la crisis económica pero que son netamente contrarios a la secesión. El poderío parlamentario de antaño es una quimera, pero Iceta sueña con la remontada.

Los ‘comuns’, en un mar de incógnitas

Las elecciones pillan a los ‘comuns’, como a la mayoría de partidos, a desmano. En su caso, por varios motivos. El primero, porque les siguen cogiendo demasiado pronto, ya que saben que su escenario ideal es aquel en el que el debate se juegue en el eje izquierda derecha y no en el del eje nacional. Eso sí, el agotamiento de la hoja de ruta soberanista podría jugar en su favor.

Xavier Domènech, que ha capitaneado las dos victorias en las generales en Catalunya, es a día de hoy el mejor candidato, descartada la alcaldesa Ada Colau y la posibilidad de emerger nuevos liderazgos con tan poco tiempo. El coordinador de Catalunya en Comú deberá meditar si está dispuesto a asumir el reto que implicaría ser cabeza de cartel por tercera vez en dos años y dejar de ser el portavoz de En Comú Podem en el Congreso.

También habrá que ver si finalmente van con Podem a los comicios. La tensión entre ambos partidos se mantiene desde que Albano Dante Fachin decidió sacar en el último momento a los podemistas de la confluencia. Pero nadie se plantea que compitan en listas separadas si los podemistas finalmente se presentan (Fachin ya ha expresado las dudas que él y parte de su formación tienen a día de hoy sobre concurrir a unas elecciones convocadas por Mariano Rajoy al amparo del artículo 155). Sin tiempo para que Podem se pudiera sumar a la confluencia, en caso de que vayan junto será en forma de coalición, aunque no se quiera repetir el circo de Catalunya Sí que es Pot, marcado po la ausencia de Barcelona en Comú (el partido de Colau) y la guerra permanente entre Podem e ICV.

En cualquier caso, las aspiraciones electorales de los ‘comuns’ serían mejorar los 11 diputados de la actual coalición de la izquierda alternativa en el Parlament y acercarse lo más posible a la veintena para luchar por la segunda plaza, rivalizando con Ciutadans, PDECat y PSC por ver quién queda por detrás de ERC.

El objetivo sería poder formar gobierno con los republicanos aunque, para ello, tendrían que conseguir romper el matrimonio de conveniencia que ERC mantiene con los posconvergentes e intentar conformar un Govern de marcado perfil social que no deje de lado la lucha por un referéndum pactado.

El objetivo popular: evitar otro batacazo

Con un solo voto más de los 349.193 que obtuvieron en las elecciones del 27 de septiembre del 2015, más de un dirigente del PP catalán se daría con un canto en los dientes. En el cuartel general de los populares (tanto el de Barcelona como el de Madrid) son conscientes del desgaste sufrido por el partido en los últimos meses por la gestión del debate soberanista y tampoco les escapa la envolvente que les ha hecho Ciutadans como adalid del 155 para convocar comicios y captar así al votante más españolista. Todo lo que fuera salvar los trastos y mantener sus 11 diputados sería una victoria para ellos, pero no lo tienen fácil.

El líder de los conservadores catalanes, Xavier García Albiol, defendía hace solo unos días que el Gobierno central debía fijar las elecciones autonómicas dentro de unos meses para dar tiempo así a que se apuntalaran las medidas del artículo 155 y se rebajara la ola soberanista. También sostienen voces del PPC que con ello su presidente también quería asentar su liderazgo, habida cuenta que sigue generando reticencias en algunos sectores de su formación. Rajoy, sin embargo, ha llamado a las urnas lo más pronto posible, lo que paradójicamente también puede acabar beneficiando a Albiol: su ratificación como candidato está prácticamente hecha por no decir que está hecha del todo, ya que no da tiempo ni a que asomen otros nombres (la ministra Dolors Montserrat) dispuestos a quemarse más allá de que se los mencione solo para marear la perdiz.

Cabría otra posibilidad. La que planteó este sábado la vicesecretaria de estudios y programas del PP y diputada en el Parlament, Andrea Levy: una candidatura conjunta de los partidos constitucionalistas. Eso permitiría a los populares disimular una eventual debacle, pero tiene pinta de no ser más que un globo sonda y un mensaje cara a la galería, porque ni Ciutadans ni el PSC se lo plantean.

Loading...