Elton John antológico en el Palau Sant Jordi

Elton John tiene el detalle de ir publicando discos con los que muestra cierto dinamismo creativo, pero a la hora del directo, ¿para qué ponerse estupendo tocando canciones nuevas que poca gente habrá escuchado? Los conciertos de los clásicos del rock se han ido convirtiendo en museos a los que se va para comprobar el parecido de las versiones auténticas con las reproducciones de los catálogos. Y, bueno, ¿qué composiciones podría crear Elton John a estas alturas que pudieran competir con ‘Rocket man’, ‘Your song’ o ese ‘The bitch is back’ que abrió el concierto de este domingo en el Palau Sant Jordi

Aviso: las noches del ‘Wonderful crazy night tour’ solo incluyen dos canciones del disco ‘Wonderful crazy night’ (2016), de modo que el título de la gira es una excusa como otra cualquiera. Hace mucho que Elton John vive en el confortable crucero de los ‘greatest hits’, y su nuevo pase del Sant Jordi no se distinguió demasiado de otros ofrecidos en los últimos años. Sin la vistosidad kitsch de aquel ‘The red piano’ del 2009, en un escenario limpio, con una larga pantalla de leds como fondo y las canciones situadas en el centro de la imagen, como trofeos que sobrevuelan el paso del tiempo. Presumió de ellas un Elton John que coquetea a veces con el retiro sin terminar de decidirse y que el pasado marzo cumplió los 70. Palau Sant Jordi lleno, en el formato que incluye sillas en la pista.

Cancionero abierto

Pero, más allá de las objeciones que pueda plantear esa recreación crónica, Sir Elton John se mostró en forma, entrando grácilmente al escenario y luciendo su voz potente aunque algo rasgada a veces en los agudos. Uno de sus capitales es la diversidad de su cancionero, con muestras de aspecto relativamente anticomercial como ‘Bennie and the Jets’, de ritmo pesado y salpicado por un vertiginoso solo de piano, que convivió sin apuros con el melodrama de ‘I guess that’s why they call it the blues’, la balada ‘Daniel’ o la proto-disco music de ‘Philadelphia freedom’, envuelta en cuerdas enlatadas. 

El hit fue el placentero hilo conductor, aunque los fans más expertos pudieron sorprenderse por el rescate de dos canciones remotas y poco populares. Una, de mensaje encriptado, ‘Take me to the pilot’, con temperamental introducción bluesy al piano, y la otra, ‘Have mercy on the criminal’, inspirada en la figura del forajido que huye de prisión y tocada por exóticas notas de xilofón. De las dos canciones de factura reciente habría que destacar ‘A good heart’, solemne y de refinada arquitectura. 

El concierto incluyó hitos como
‘Your song’ y ‘Philadelphia freedom’,
y se cerró con ‘Candle in the wind’

Hubo otra cita a su obra del siglo XXI: ‘I want love’, de ‘Songs from the west coast’, un disco que en el 2001 dejó atrás al Elton John más pop y con vistas al ‘hit parade’ para potenciar el perfil de piano man maduro. Canción acerca de «la violencia y el nivel de odio que se observa en el mundo desde hace dos o tres años», indicó. 

Lucimiento solista

Junto a él, un quinteto que conserva a dos veteranos, el batería Nigel Olsson («¡desde 1969!», destacó Elton John) y el director musical de la banda, el guitarrista y corista Davey Johnstone. Formación adaptable a todos los cambios de registro del repertorio y a la que permitió soltarse en las generosas ruedas de improvisaciones de Levon. Algunos de sus solos al piano generaron ovaciones incluso mayores que las mismas canciones, recordando el papel de su carisma ejecutivo y de la orfebrería instrumental en su discurso artístico. Ahí estuvo la tranquila, extendida, versión de ‘Rocket man’, con larga introducción y que derivó en un delicado diálogo con la guitarra acústica de Johnstone.

El disco más citado de la noche fue el doble ‘Goodbye yellow brick road’, de 1973, con cinco canciones

A cierta altura de la noche, ‘Goodbye yellow brick road’ se alzó majestuosa y su camino de las baldosas amarillas, inspirado en ‘El mago de Oz’, indicó el trayecto hacia la selección de clásicos de clásicos sin mayores desvíos. ‘Sorry seems to bew the hardest word’, ‘Your song’ y ‘Sad songs (Say so much)’, señalizando el tránsito del intimismo a la tenue invitación al baile. ‘Don’t let the sun go down on me’, melancólica y corpulenta, con imágenes del malogrado amigo George Michael en la pantalla, y una secuencia destinada a sacudir el recinto físicamente que abrió ‘I’m still standing’. 

Público en pie, y grupos de fans corriendo a situarse delante de la primera fila, a pie de escenario, bailando ‘Crocodile rock’ y cantando el estribillo en falsete de aires sesenteros. Y prolongando la fiesta con ‘Your sister can’t twist’ y un ‘Saturday night’s alright for fighting’ que cerró la sesión, situando al álbum ‘Goodbye yellow brick road’ (1973) como el más citado de la noche, con cinco piezas. Estirando el repertorio, ‘Candle in the wind’, con Marilyn Monroe y Lady Di en el ambiente, sacada del museo pero tan esbelta como en nuestra memoria. 

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