En busca de redención

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Si explicas el argumento de la última película de Paul Schrader, ‘El reverendo’ (‘First reformed’), es poco probable que encuentres a alguien que te acompañe a verla: “Pues verás, es la historia de un cura, último de una larga lista de capellanes castrenses, que, tras perder a su hijo en Irak y ser abandonado por su mujer, se refugia en un pueblo al norte del estado de Nueva York y se pone al frente de una parroquia con muy pocos feligreses. Conoce a un activista medioambiental sumido en la desesperación y a su esposa mientras intenta encontrarle el sentido a la vida en general y a la suya en particular”. Tras estas explicaciones, no lo dudes, acabarás yendo solo al cine, junto a siete u ocho personas, entre fans del hombre que escribió ‘Taxi driver’ y despistados que aprovechan el día en que las entradas son más baratas. Es lo que me pasó a mí el lunes pasado en el Boliche.

A la manera de su admirado Robert Bresson, Schrader ha dirigido ‘El reverendo’ de la manera más austera posible

Paul Schrader ha sido un hombre muy maltratado por la industria cinematográfica estadounidense. Durante una época, a este calvinista obsesionado por la redención se le permitió escribir y dirigir películas como ‘Hardcore’, ‘American Gigolo’, ‘Mishima’ o ‘Light sleeper’, protagonizadas por seres torturados en busca de la paz consigo mismos. En el 2007 pudo fabricar ‘The Walker’, joyita que pasó inadvertida. Para sobrevivir ha tenido que dirigir cosas infames, y ni así le ha ido bien: lo echaron de una precuela de ‘El exorcista’ para sustituirlo por Renny Harlin, que es unir al insulto la afrenta. En semejante tesitura, es prácticamente un milagro que le hayan pagado ‘El reverendo’, en el que los cuatro que le admiramos hemos recuperado al Schrader de los buenos viejos tiempos. Rodada con cuatro duros -que es lo que va a recaudar en la taquilla española, me temo-, ‘El reverendo’ es una nueva vuelta de tuerca a los temas de siempre, que son los habituales en cualquier persona con dos dedos de frente: quienes somos, de donde venimos y a donde vamos. A la manera de su admirado Robert BressonSchrader ha dirigido de la manera más austera posible, sin efectismos, a base de largos planos fijos de los que los actores salen y entran: Ethan Hawke y Amanda Seyfried están magníficos en esta película escrita y dirigida desde el alma y el corazón, capaz de conmover a quién aún se acuerde de hacia dónde parecía dirigirse el cine allá por los años 60 y 70. En el panorama actual, ‘El reverendo’ constituye una rareza admirable.