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Entender a Franco /El caso Besteiro/ ¿Quién es más canalla? | La Gaceta

n solo tres años, Adolfo Suárez  llevó al país al borde del desastre, que otros intentaron superar mediante el golpe chapucero del 23-f: https://www.youtube.com/watch?v=S00s8621NeE

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Para entender la significación histórica de Franco solo hay que hacerse esta pequeña reflexión: ¿quiénes le odian?

Le odian los etarras, por supuesto

Le odian los socialistas, de historia criminal y campeones de la corrupción.

Le odian los separatistas vascos, catalanes, gallegos y de cualquier región.

Le odiaba el “héroe de Paracuellos”, el mayor asesino de la guerra civil, transformado en apóstol de la “democracia” por otros odiadores.

Le odian los señoritos cutres y abyectos del PP, perfectamente capaces de escupir sobre las tumbas de sus padres y abuelos para parecer “demócratas” y congraciarse con los anteriores.

Este muy breve repaso permite entender quién fue Franco: para empezar, el hombre que derrotó a los cdelincuentes que querían someter a España a un régimen de tipo soviético y /o disgregarla en unos cuantos estaditos impotentes y resentidos, juguetes de potencias exteriores. Solo por eso, Franco merece un puesto de honor en la historia de España.

Pero además Franco libró a España de la guerra mundial en circunstancias dificilísimas, dejando el único país de Europa libre de deudas políticas y morales con Usa o con la URSS. Y permitió una reconstrucción ejemplar con las propias fuerzas de España, sin deudas con las finanzas useñas.

Asimismo venció al maquis y al más que delictivo aislamiento que le impusieron las potencias vencedoras en la guerra mundial. Venció diplomáticamente a Inglaterra en la ONU  sobre la cuestión de Gibraltar. Y presidió el período de mayor auge económico que haya vivido España en su historia.

Y todo esto solo pudo hacerlo porque tuvo el apoyo y el agradecimiento de la vasta mayoría de un pueblo que había olvidado los odios mortales de la república. En este sentido ha sido el estadista más democrático que haya tenido España en siglos. Y en otro sentido más: en que aquella sociedad creada bajo su dirección quedó apta para una democracia no epiléptica como fue la república, le dio una victoria póstuma  en el referéndum de 1976, rechazando una democratización antifranquista y apoyándola “de la ley a la ley”, desde la indudabilísima legitimidad del franquismo.

   Pues bien, todos esos inmenso logros se propusieron anularlos desde la transición todos aquellos criminales enemigos, envolviéndose fraudulentamente en el manto de la democracia. Es más que hora de arrebatarles ese manto y que todo el pueblo  vea las repugnantes desnudeces de los corruptos, delincuentes y criminales que están llevando a la destrucción a España y a la libertad.

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**Dediqué un ejemplar de Por qué el Frente Popular perdió la guerra  al “Doctor Sánchez”, evidentemente no con la intención de que aprendiese algo de la historia de su país y su partido. A ese canalla lo que le gustaría, y lo que proyecta, es multar y encarcelar a quienes defendemos la verdad frente a la mentira que necesita una ley totalitaria para imponerse.

**¿Quiénes son más canallas: el Doctor y su banda, o los obispos y monárquicos que han permitido al macarra profanar el Valle de los Caídos y la tumba de Franco? “Hay alguien más despreciable que el verdugo, el ayudante del verdugo”.

**El Doctor es cómplice de los separatistas porque esa ha sido la política del PSOE desde siempre. Desde la huelga revolucionaria de 1917. Tienen gracia los “analistas” que creen que el PSOE “desearía” tener los apoyos del PP y C´s. Le son indiferentes.

**El PP puede perfectamente apoyar al PSOE, porque sus políticas con respecto a los separatismos y en todo lo demás, son casi idénticas.  Lo único que los separa es la necesidad de engañar a sus votantes. Así, el PP puede muy bien apoyar la investidura del Doctor, incluso plantear un gobierno de coalición que, por supuesto no cambiaría nada.

**VOX está haciendo la política correcta: no confundirse con el PP y C´s. ¿Quieren estos dos partidos impedir que el PSOE se apoye en los separatistas? Pues apoyen su investidura. ¿Por qué no iban a hacerlo, insistamos, si las políticas de todos ellos son tan afines? Algunos ingenuos creen que con eso se iba a salvar España de algo.

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La defenestración de Besteiro

Para lanzarse a la guerra civil, el PSOE tenía que eliminar la oposición interna del sector de Julián Besteiro, que dirigía el sindicato UGT, principal fuerza de masas del PSOE. Besteiro era uno de los tres grandes dirigentes del partido, junto con Largo Caballero y Prieto, y  ya en 1930 se había opuesto a los manejos de Prieto primero y Largo después, para imponer la república mediante un golpe militar. Desde entonces las diferencias entre ellos se habían mantenido. En julio del 33 había dicho en Mieres: “Nuestros adversarios están débiles, pero no podemos creer que estén deshechos, como cuando en la guerra estaba deshecha Rusia”, y poco después,  en la escuela de verano del partido,  había denunciado la falsedad de una amenaza fascista en España y despreciado la dictadura del proletariado como “vana ilusión infantil que se paga demasiado cara porque al final son las masas las que cosechan los desengaños y sufrimientos “.  Calificó de “locura colectiva” la corriente revolucionaria.  ”¿Es que no habrá posibilidad de salir de esta locura  dictatorial (…)? ¿Es que nos vamos a contagiar de la peste del momento?”.

Pero, locura o no, la tendencia se imponía en el PSOE con gran fuerza. El AntiCaballero, pequeño libro escrito por la facción besteirista, describe el auge de “la avalancha roja” o “bolchevique” en el partido. Siguió una pugna interna ensañada. Amaro del Rosal, un líder partidario de Largo Caballero, describirá: “En la historia del Partido Socialista no existe un antecedente de una lucha ideológica tan agria, tan violenta en su fondo y en su forma”, “una lucha sin cuartel” . Los jóvenes socialistas llegaron a asaltar el domicilio de Besteiro, defendido por otros socialistas. “Trifón Gómez, besteirista, salvó la vida al final de un  mitin en Zaragoza abriéndose camino pistola en mano”.

Portada

   El 13 de diciembre, casi un mes después de las elecciones, desastrosas para el PSOE, se dirimieron las posturas en el Comité Nacional de la UGT. El besteirista Saborit declaró: “Nos ha asombrado un poco el empuje de las derechas (…) pero de ahí a suponer que hay una preparación en España de fascismo para (…) hundir la UGT y el Partido (…) Lo que niego es un fascismo preparado para asaltar el poder”.  Temía que un golpe revolucionario trajese  un contragolpe derechista, y se remitió a la gran popularidad de la dictadura de Primo de Rivera. “Para hacer frente a una acción violenta de la burguesía para implantar en España el fascismo, la Unión y el Partido se lanzan a la violencia. Solo para eso.  Para organizar en frío un movimiento (…) por la dictadura del proletariado (…) niego la fuerza, niego la capacidad (…) y la posibilidad de hacerlo (…) Ahora El socialista publica artículos francamente comunistas (…) y es ahí, a mi juicio, donde está la raíz y la desviación”.

   Le replicó Amaro del Rosal: “Pregunto si por encima de nuestra voluntad hay una situación objetivamente revolucionaria (…) Existe un espíritu revolucionario; existe un Ejército completamente desquiciado, hay una pequeña burguesía con incapacidad de gobernar (…) en descomposición. Tenemos un Gobierno que (…) es el de menor capacidad, el de menor fuerza moral, el de menor resistencia (…) Ahora todo está propicio”. Y contradiciéndose en parte remachó:  “Automáticamente tendremos aquí, dentro de cuatro meses, el hecho alemán, porque si se dice que cuando nos veamos en el último recurso podremos ir a la revolución, tendremos que decir que hay que darles esa misma fórmula a la burguesía, en el sentido de que se esté quieta, que no se prepare”.

   La línea guerracivilista no logró aún imponerse. El 16 de diciembre la ejecutiva del PSOE propuso a la UGT un movimiento “antifascista”  contra Lerroux, acusándole en falso de proyectos dictatoriales. Dirá Saborit: “No se trataba de defender la República ni de velar por la integridad de su Constitución, sino de conquistar el Poder político (…) al mes siguiente de haberse verificado las elecciones”.

 El 31 de diciembre, ante un pleno del comité Nacional de la UGT  un desesperado Besteiro denunció como “absurdo, imposible”, “camino de locuras” la idea de un “Estado totalitario socialista”. Aún no se aceptó la propuesta revolucionaria, que volvió a ser rechazada los días 4 y 5 de enero. Hubo un intento de arreglo en una entrevista entre Prieto y Besteiro. El primero dijo: “Vais a llegar al Poder, si llegáis, empapados y tintos en sangre. Y para qué?” Vaticinó una segunda guerra entre socialistas, comunistas y anarquistas. Prieto objetó que bastaría neutralizar a unos cientos de cabecillas anarquistas  y, ante el escepticismo de Besteiro,  describió “el espléndido panorama de los recursos guerreros que poseían, y recitó una relación de generales, jefes y oficiales comprometidos a lanzarse al movimiento”.

   La pugna persistió durante unas semanas. Los bolcheviques maniobraron para expulsar a los besteiristas del control de la UGT, primero de la Federación de Trabajadores de la Tierra y a continuación del Sindicato Ferroviario. A finales de enero, los bolcheviques cantaban victoria. El 21, Largo Caballero prometía en un mitin: “Vamos a conquistar el Poder (…) Pero yo añado que (…) hay que preparar a las masas para la revolución espiritualmente pero, sobre todo, materialmente (gran ovación. Una voz: “¡Vivan las ametralladoras!”)”. E insistió en un inminente peligro fascista en el que, desde luego, no creía.

   Los bolcheviques venían forzando la dimisión de los besteiristras mediante una fuerte y violenta agitación. El 27 de enero  tuvo lugar la última reunión de la ejecutiva sindical con presencia de besteiristas, y el 3 de febrero se reunía una nueva dominada por los bolcheviques. En el proceso también fueron sustituidas las directivas de la Agrupación Socialista madrileña, de la Federación de Juventudes Socialistas y del resto de los sindicatos. Largo y Prieto habían ganado en toda la línea. “Fueron los momentos de más intensa amargura que Besteiro pasó en toda su vida política”.

Y el camino a la guerra civil quedaba expedito