“Es una prueba de fuego para la nueva alianza entre Putin y Erdogan”

El asesinato del embajador ruso en Turquía
pone de relieve la importancia fundamental del eje Moscú-Ankara-Damasco en la región. Es un nuevo eje, todavía no consolidado, pero que cuaja desde hace semanas.

Un policía turco, adscrito a una unidad antidisturbios en Ankara, ha matado al embajador Andrei Karlov en una galería de arte de la capital turca. Y lo ha hecho invocando a Dios y a la martirizada ciudad de Alepo. Este atentado es una prueba de fuego para esta nueva alianza entre Putin y Erdogan.


Erdogan y Putin entendieron que tienen mucho más a ganar yendo de la mano, sobretodo con la llegada de Trump a la Casa Blanca


Durante la guerra fría, Turquía, miembro de la OTAN, era la primera línea de defensa de Occidente frente a la Unión Soviética. Después, sin embargo, a lo largo de los años 90, turcos y rusos redescubrieron todo lo que les une, empezando por el patriarcado de la iglesia ortodoxa en Estambul y el recuerdo de la antigua Bizancio.

La guerra en Siria tensó estas buenas relaciones. Turquía, desde el primer momento, defendió un cambio de régimen, la caída de Asad, aliado tradicional del Kremlin. Hace un año derribó un caza ruso que había cruzado su espacio aéreo durante unos segundos.

Poco a poco, sin embargo, Erdogan y Putin entendieron que tienen mucho más a ganar yendo de la mano, sobretodo ahora que, con la llegada de Trump a la Casa Blanca, el equilibrio de poder en Oriente Medio puede dar un gran vuelco.

Erdogan ha entendido que Rusia ha recuperado la influencia que tuvo en la región durante la guerra fría. No sólo en Siria, sino también en Irán y Egipto. Los iraníes apoyan a las tropas de Asad y lo mismo harían a los egipcios –así lo ha declarado el general Sisi- si no tuvieran tantos problemas en casa.


El presidente turco ha sumido que Rusia ha recuperado la influencia que tuvo en la región durante la guerra fría


Trump ya ha dicho que no piensa seguir apoyando a los rebeldes sirios que luchan contra el Asad. “No sabemos ni quienes son”, ha declarado, dando a entender que dejará vía libre a Putin para que el ejército ruso decante la guerra a favor de Asad.

Trump tiene intención de estrechar lazos con Putin y también con Erdogan. El general Michael Flynn, que será el nuevo consejero de seguridad de la Casa Blanca, es partidario de extraditar al clérigo Fetula Gülen, exiliado en Pensilvania, y requerido en Turquía por su presunto liderazgo en el fallido golpe de Estado del pasado mes de julio. Flynn sostiene que Turquía es un aliado y que no vale la pena condicionar las relaciones bilaterales por un solo hombre. Gülen se enfrentaría en Turquía a un proceso judicial que, en el mejor de los casos, lo condenaría a cadena perpetua.

El mejor ejemplo de la buena sintonía entre Erdogan y Putin ha sido la batalla de Alepo. Turquía se ha mantenido al margen a cambio de que Rusia le permita convertir el norte de Siria en una zona segura, es decir, sin milicias kurdas cerca de su frontera. Erdogan considera que los kurdos sirios mantienen una estrecha relación con el PKK, el brazo armado de los kurdos turcos, y a cambio del campo libre que va a dejarle Rusia ya no habla de derrocar a Assad sino, simplemente, de combatir el terrorismo.

El policía turco que esta tarde ha disparado ocho veces contra el embajador ruso lo ha hecho al grito de “Dios es grande”, invocando la guerra santa, recordando Alepo.

Lo más fácil y conveniente para el gobierno turco es decir que ha actuado solo, que se ha radicalizado en las redes sociales. El atentado, sin embargo, es consecuencia de esta nueva relación diplomática que Rusia, Turquía y Siria intentan consolidar.




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