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Espero que los rusos amen a sus hijos

En un lugar de la Polonia comunista, de cuyo sistema totalitario no quiero acordarme aunque no pueda olvidar que siendo alumna de primaria tenía que ponerme un traje protector contra la bomba nuclear como parte de las clases de defensa militar, de continuo nos repetían que Occidente quería destruirnos y que por eso nuestras vidas dependían de lo rápido y bien que nos abrochásemos ese viejísimo traje antinuclear.

Había sólo dos trajes antiradiación para más de 600 alumnos en mi escuela. No nos dijeron cómo se salvarían las otras 598 personas, pero tampoco alguno de nosotros esperaba una lógica elemental en los tiempos donde nada funcionaba bien. Fue solo después de la caída del comunismo cuando nos enteramos de que Polonia fue destinada por los soviéticos como el escenario de una guerra nuclear mundial. 

Si no fuera por la obra conjunta de Juan Pablo II, el movimiento Solidaridad, Ronald Reagan y Margaret Thatcher, quizá donde está Polonia habría hoy un enorme pozo y un cementerio para millones de personas

Durante décadas, hubo hasta 300 ojivas nucleares en Polonia que se utilizarían en caso de un posible conflicto entre el bloque soviético y Occidente.

Si no fuera por la obra conjunta de Juan Pablo II, el movimiento Solidaridad, Ronald Reagan y Margaret Thatcher, quizá donde está Polonia habría hoy un enorme pozo y un cementerio para millones de personas (al menos Bruselas tendría la vida más fácil sin problemas con Polonia).

Hoy, el escenario de la Guerra Fría parece volver con una intensidad ya olvidada. Y aunque es natural que lo que nos quita el sueño a los polacos no sea tan importante para los habitantes de la Península Ibérica, nuestro problema común es el hecho de que alguien ha tirado las piezas del tablero del equilibrio de poderes y está empezando a colocarlas de nuevo.

Comienza un nuevo «Concierto de Poderes Europeo» justo después de que todo el mundo contemplara la vergonzosa fuga de los americanos de Afganistán, asustados por una banda de partisanos con oxidados fusiles kalashnikov. Desde agosto, la llamada «Pax Americana» se ha derrumbado y Putin, viendo que el odiado enemigo es más débil que nunca, ha comenzado a asaltar las fronteras de Polonia con la ayuda del presidente bielorruso Lukashenko y usando a la gente del Medio Oriente como «carne de cañón».

Ya en septiembre, Rusia y Bielorrusia realizaron cerca de la frontera polaca las maniobras militares Zapad-2021 para las que movilizaron aproximadamente a 200.000 soldados, alrededor de 80 aviones y helicópteros, 760 unidades de equipo militar, incluidos 290 tanques, así como 15 buques de guerra. Esta vez no practicaron un intento de ataque nuclear como en 2017, que tanto «nos gustó» observar a los polacos… Pero, por primera vez en muchos años, los ejércitos ruso y bielorruso no regresaron de las maniobras, sino que se estacionaron en las fronteras de Ucrania e incluso pidieron refuerzos. Esto, que Putin reuniera al mayor contingente de tropas en tres décadas, es algo que no se había visto desde la guerra entre Rusia y Afganistán, y debería haber alertado a los jefes de la OTAN. 

Ante la amenaza cierta de una guerra híbrida en el flanco oriental de la OTAN, el primer ministro polaco Morawiecki se reunió hace poco con la directora de la Inteligencia Nacional estadounidense, Avril Haines. La reunión de los ministros de Asuntos Exteriores de los países de OTAN en Riga, la capital de Letonia, uno de los países más vulnerables frente Rusia, acaba de finalizar.

¿Quiere realmente Europa Occidental estar bajo la tutela de China o Rusia, esas dos civilizaciones tan diferentes a nuestra occidental? 

Os entiendo bien a vosotros, españoles, cuando decís «esta no es nuestra guerra, necesitamos nuestro contingente para proteger Ceuta y Melilla. Nuestro enemigo es otro que el vuestro». Es obvio, no me sorprende conociendo las amenazas de Rabat. Pero por otra parte, deberíais ser conscientes de que en el caso de conflicto se puede producir una oleada de refugiados reales de Europa de Este y Central. 

Y no se os debe olvidar por qué se derrumbó el bloque soviético: en el sistema comunista no había libre circulación de personas, bienes, tecnología, conocimientos y materias primas. Por eso nos faltaba de todo en Polonia, y cuando yo era niña leía los libros mientras esperaba en las enormes colas para conseguir una barra de pan o un rollo de papel higiénico. Mientras tanto, en Occidente, el capital, las tecnologías, innovaciones, todo lo que permitió el desarrollo de la modernidad, fluía en libertad. Los guardianes de la libre circulación de estos bienes fueron el mundo libre y la hegemonía militar estadounidense, tanto en los océanos como en el aire. 

Hoy hay que preguntarse qué pasará con nuestro mundo cuando la China comunista y su aliado ruso sean los guardianes del flujo de mercancías. ¿Qué pasará si ellos cortan las cadenas de suministro: gas, alimentos, servicios e impiden el flujo libre de las personas sospechando que cada extranjero puede resultar un agente hostil tal y como suelen pensar Putin y Lukashenko?

¿Quiere realmente Europa Occidental estar bajo la tutela de China o Rusia, esas dos civilizaciones tan diferentes a nuestra occidental? 

Después de todo, ya hemos sentido lo que significa depender de los chinos cuando no había mascarillas en el pico de la pandemia. Los chinos podrán chantajearnos sin parar, ahora Rusia lo está haciendo con el suministro de gas. 

La inmensa mayoría de los ucranianos nunca perdonará a Moscú el Holodomor que condujo a la muerte más cruel a cerca de diez millones de ucranianos

El estadounidense Edward Luttwak, uno de los más célebres estrategas, se opuso a la intervención en Irak porque conduciría a conflictos aún mayores en la región. Tenía toda la razón. Hoy, Luttwak advierte contra Putin: «Rusia tiene un ingreso nacional al nivel de Italia. Pero el mundo no está preocupado hoy por los planes de Italia de invadir Francia, sino por los planes de Rusia de invadir Ucrania. ¿Por qué? Porque los rusos son los mejores estrategas del mundo. Putin tiene una oferta clara para los rusos: nunca comeréis bien, nunca vestiréis tan elegantemente como en Occidente, pero viviréis en el país más grande del mundo, que ya ha sometido a 50 naciones. Rusia siempre ha estado gobernada por los herederos del Imperio Mongol. Sí, hay ministerios en Moscú, pero es el jefe Putin y su equipo quienes deciden a quién liquidar o si ocupar militarmente Crimea» (entrevista en Rzeczpospolita del 28 de noviembre de 2021)

Y es el Kremlin quien decidió atacar la frontera polaca con falsos refugiados traídos en aviones. Occidente piensa que el problema solo fue con la Rusia comunista, mientras que los polacos durante siglos fuimos repartidos, deportados, masacrados (no solo en Katyn) porque nuestra fe católica y nuestra fidelidad a Roma nos convertían en «traidores al mundo eslavo».

Sé que Polonia y sus problemas están muy lejos de los españoles y de los iberoamericanos que me leen, pero en nombre de todos los polacos, me gustaría pedir solidaridad con la región de Europa del Este y que resistáis frente la inmensa propaganda rusa sobre la «unidad histórica de rusos y ucranianos».

A la derecha putinófila española les gusta repetir que la unidad de España requiere que los patriotas se solidaricen con Rusia contra la región «rebelde» es decir: Ucrania. Por eso se escudan en el separatismo catalán… ¿pero cómo se puede comparar lo incomparable: Ucrania con Cataluña? La inmensa mayoría de los ucranianos nunca perdonará a Moscú el Holodomor que condujo a la muerte más cruel a cerca de diez millones de ucranianos. 

Y ante todo: no hay que olvidar que en 1994 Rusia firmó el Memorándum de Budapest por el que se comprometía a respetar la soberanía y la integridad territorial de Ucrania y a abstenerse de cualquier amenaza militar contra su independencia e integridad territorial. En virtud de ese acuerdo, cedió a Rusia 5.000 bombas nucleares y 220 vehículos de largo alcance, 176 misiles balísticos intercontinentales y 44 bombarderos de gran alcance con capacidad nuclear… En fin, cedió el tercer arsenal de armas nucleares en el mundo. Y a pesar de todo lo acordado, Rusia invadió Ucrania en 2014. 

Si, como advierten los servicios de inteligencia de los países de la OTAN, en enero comenzara una invasión de una Ucrania libre e independiente por parte de esa Rusia que quiere recuperar la URSS, aunque 2.0, ¿qué impedirá entonces que se trague de paso a los pequeños países bálticos y a Polonia?

Aquí no hay fronteras naturales. Aquí hay una llanura en la que la Rusia neoimperial quiere imponer su zona de influencia hasta el río Oder. No pasa ni un día sin las amenazas, disparos o provocaciones de Lukashenko y de sus soldados. El viernes el presidente bielorruso anunció que en cualquier momento puede pedirle a Vladimir Putin que despliegue armas nucleares rusas en su país. Hoy me pregunto si debería ponerme a buscar en tiendas de internet un traje antinuclear y enseñárselo a poner a mis hijos.

¿Recuerdan una hermosa canción de Sting titulada Russians? Su letra resiste el paso del tiempo:

«¿Cómo puedo salvar a mi pequeño hijo del juguete mortal de Oppenheimer?

¿qué podría salvarnos, a ti y a mí?

Espero que los rusos también amen a sus hijos».

Y a mi también me gustaría esperar que amen a sus hijos, 

aunque hayan elegido a ese Genghis Kan Vladímirovich Putin.


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